ENTREVISTA | POR EMILIANO BALERINI/ LABERINTO

El escritor uruguayo fue un hombre consecuente con sus ideas. Lo mismo defendió causas sociales como la del EZLN que se solidarizó con los exiliados y presos políticos.

El lenguaje que vale la pena es el del amor y el humor: Eduardo Galeano

El  escritor uruguayo Eduardo Galeano defendió causas sociales como la del EZLN.
El escritor uruguayo Eduardo Galeano defendió causas sociales como la del EZLN. (Bernardo Pérez)

Ciudad de México

El escritor uruguayo Eduardo Galeano fue un hombre consecuente con sus ideas. Lo mismo defendió causas sociales como la del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) que se solidarizó con los exiliados y presos políticos, así como con los hijos de desaparecidos que indignan al continente americano.

La conversación con quien fuera director de la revista Crisis en Argentina, y del periódico Época en Uruguay, se llevó a cabo un mediodía de fines de marzo en un hotel de Xalapa.

 

¿Cómo y a partir de qué necesidades surge Espejos?

Su origen está en la trilogía Memorias del fuego. Escribí esos libros a lo largo de casi diez años. Fueron mil historias de América Latina, vista desde el ojo de la cerradura, historias pequeñitas que arman la historia grande. Siempre a partir de esa certeza profunda que tengo de saber que la grandeza no se encuentra en los grandes hechos que la historia celebra, sino en los minúsculos actos de la vida cotidiana que hace la historia sin saber que lo hace y que nunca fue reconocida por nadie. Esa intención que me llevó a escribir aquellos relatos americanos fue hija del exilio. Requería un tiempo y una distancia que de otro modo no tenía. En Uruguay dirigí diarios y revistas, estuve en muchas cosas; el exilio me permitió hacer esos trabajos. Tengo que agradecerle a la dictadura militar de mi país la gentileza de echarme, de lo contrario no hubiera escrito esas tres obras. A partir de ello me quedó la sensación e inquietud de hacer lo mismo con la historia del mundo. Ese deseo era como un mosquito que iba y venía en mi cabeza. Se trataba de un acto de locura total. Es imposible escribir una historia universal en 600 pequeños relatos. Sin embargo, lo hice y creo que no quedó mal. Nació de esa locura.

 

¿De todas las historias que relata en su libro, hay alguna que le gustaría rescatar?

Todas son importantes, incluso algunas que no fueron publicadas. Espejos fue concebido como una sinfonía. Hubo sonidos altisonantes que no encajaban, y por eso los excluí. Uno se enamora de todo lo que hace, pues cada uno de estos relatos breves es el resultado de muchísimo trabajo. Siempre inicio con textos largos, después los corto y rehago, hasta que pueda decir lo más con menos. Me resultaría muy difícil elegir. Pero si tuviera que hacerlo, me inclinaría por aquellos relatos que tienen preguntas, porque este libro fue hijo de cuestionamientos que sucedieron: ¿quiénes fueron los autores de la llamada pintura rupestre?, ¿ellos o ellas?, ¿no habrán sido las mujeres? Son preguntas que nadie formuló. El machismo nos enceguece. Otro cuestionamiento que me hice fue: si todos los expertos aseguran que venimos de África, ¿Adán y Eva eran negros? No hay nadie que niegue que África fue la cuna de la humanidad. Entre los relatos que escribí se encuentra el de Concepción Arenal. En Montevideo, yo vivía cerca de una calle que se llamaba así. Siempre me pregunté quién era ella, hasta que lo averigüé. A mediados del siglo XIX Concepción hizo la carrera de Derecho en España disfrazada de hombre. Se ponía un corsé apretado para taparse los senos. Con el tiempo se convirtió en la principal criminóloga de España. Cuando la Fundación Howard —la organización de criminología más importante de la época— la nombró delegada en ese país, le envió una acreditación que la denominaba como hombre. Cuando Victoria Kent, ministra de la República española, emprendió la reforma carcelaria, empezó por fundir todos los objetos de hierro usados para torturar, y levantó una estatua en honor a Concepción Arenal.

 

¿Cómo se explica los cambios políticos y culturales que experimenta América Latina?

La contradicción es el motor de la historia. Cada cosa genera su contrario. Lo que ocurre en Latinoamérica es una saludable respuesta a muchos años de “divinización” del mercado que fue impuesto desde afuera por las potencias económicas mundiales, que privatizaron todo y nos dejaron sin Estado. Nos obligaron a bailar salsa al ritmo de la orquesta del Titanic, hasta que llegó un punto en que las sociedades de la región se hartaron, y empezaron los primeros signos de lo que ahora es una crisis económica muy grave. Esto también provocó que la gente se preguntara: ¿será éste el único sistema posible, en el que se privatizan las ganancias pero se socializan las pérdidas? Esa pregunta coincidió con el ascenso de algunos movimientos sociales nuevos, en los que se depositó una esperanza de resurrección nacional.

 

¿Estos movimientos cambiaron el discurso de la vieja izquierda?

Todavía tenemos que aprender en materia de discurso. Las palabras se van pareciendo un poco a la realidad. Sobre todo en los discursos de la izquierda radical. En este sentido, se destacaron las aportaciones del subcomandante Marcos en la fundación de una nueva palabra para ser usada en los movimientos políticos y sociales de América Latina. Supo introducir el sentido del humor. En todos los rincones del continente hay sentido del humor; el que no lo tiene es expulsado de la cama, la mesa, la casa y hasta del barrio. Esto explica algo, por lo menos de la izquierda de la que yo provengo, la socialista en Uruguay. Durante mucho tiempo el discurso estuvo bastante descolocado de la realidad concreta. Ese viejo lenguaje estaba enamorado de su incapacidad de comunicar, como si eso fuera un sello virtuoso. El subcomandante Marcos introdujo sentido del humor y enseñó que esto es una condición de la revolución. Algún día se valorará en México esa aportación. La clave del lenguaje que de verdad le llega a la gente, el que es capaz de decir, se encuentra en el humor y en el amor. Si las palabras no tienen estos dos elementos, no le llegan a las personas porque no nacen de la necesidad de decir. El único lenguaje que vale la pena es el de la curiosidad de decir.

 

¿En América Latina caben mundos alternativos dentro del sistema?

Si pensamos que la contradicción es el motor de la historia, el mundo está embarazado de muchos mundos. Lo mejor que tiene la región es su diversidad. Esto, a pesar de lo que piensan muchos sobre el ridículo que representa hablar de la unidad latinoamericana. Para mí la diversidad del continente es la mayor virtud que tenemos. Ser una síntesis de todos los colores, olores y dolores es lo mejor que poseemos. Los procesos de cambio son también diferentes. Por eso no puede aplicarse un solo modelo e interpretar desde una sola mirada. Esta estupidez característica de los expertos del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional que estuvieron gobernando a nuestros gobiernos es lo que nos llevó a la crisis.

 

¿Hacia dónde cree que vamos?

Nadie discute la crisis. Los que la generaron ya no saben qué hacer con ella. Unos amigos míos españoles la interpretaron muy bien al grito de “¡Adopte un banquerito!”. Los autores de esta catástrofe, los mismos artífices del cambio del capitalismo productivo al capitalismo financiero, generaron un gran castillo de arena que se ha caído. Resulta que ahora ellos son las víctimas y acuden al Estado para que los rescate. Eso me genera otras preguntas. ¿El Estado no era para ellos quien generaba todos los males? ¿No eran ellos los que pedían que fuera el Estado juez y verdugo de las sociedades? ¿No eran ellos los que buscaban el financiamiento contra los pobres? En nombre de esa lucha se libraron guerras de conquista en las que jamás se atrevieron a confesar que mataban para robar.