ENTREVISTA | POR ANGÉLICA ABELLEYRA/ LABERINTO

“Mis ideas sobre el coleccionismo, y posteriormente sobre la curaduría, han compartido el interés por establecer una relación con los artistas, más allá de la mera adquisición o difusión de una pieza”.

 

 

El coleccionismo según Carlos Ashida

El curador y experto en arte Carlos Enrique Ashida Cueto.
El curador y experto en arte Carlos Enrique Ashida Cueto.

Ciudad

Extractos de la entrevista inédita realizada en Guadalajara, el 7 de agosto de 2001.

Nació en la Ciudad de México en 1955 pero Guadalajara fue su tierra elegida para crecer en lo profesional, y donde su último cargo fue como curador en jefe del Instituto Cultural Cabañas, mientras que en décadas anteriores fue director de la sección de Artes Plásticas del Departamento de Bellas Artes de Jalisco, director del Museo de las Artes de la Universidad de Guadalajara e impulsor de la Expo Arte Guadalajara, que al inicio de la década de 1990 fue antecedente de la Feria de Arte Contemporáneo, ahora Zona MACO. Ocupó la dirección de los museos Carrillo Gil y de Arte Contemporáneo de Oaxaca e integró el Consejo Consultivo del Museo de Arte Moderno. Fue curador independiente desde 1986.

“Me formé como arquitecto y mi opción de cursar esa carrera fue por no haber tenido la valentía de intentarlo en las artes visuales. Era visitante de exposiciones e incipiente coleccionista, y hechos fortuitos me pusieron en el campo de la promoción artística. La primera modalidad que intenté sin éxito fue el modelo de galería comercial: Claudia. Luego tuve una breve experiencia en el gobierno del estado de Jalisco como encargado de la Dirección de Artes Plásticas pero no existían las condiciones para un buen desarrollo. A nivel de galería me interesaba el grupo de artistas que hace veinte años representaba una postura vital atractiva. Se hablaba del regreso a la figuración y el concepto de identidad.

“Mis ideas sobre el coleccionismo, y posteriormente sobre la curaduría, han compartido el interés por establecer una relación con los artistas, más allá de la mera adquisición o difusión de una pieza; generar condiciones de aprendizaje y transmitir entusiasmos e interés por el arte entre la gente y proporcionarles a los artistas una mejor proyección de su trabajo.

“Guadalajara es una ciudad conservadora y, aunque tiene una tradición cultural muy rica, su promoción de las artes está muy por debajo de lo que le correspondería. La primera reacción en general es quejarnos de esta ciudad y decir que está llena de una bola de indiferentes pero por otro lado he aprendido a valorar cierto mercado disímbolo al de la Ciudad de México y Monterrey, donde todo se explica en términos de poder. Si bien es un modelo dinámico, está marcado por la vulgaridad. En Guadalajara hay ciertas resistencias, pero vencidas éstas hay un gozo más apegado a cuestiones culturales que económicas o de estatus.

“Con el proyecto Arena México me gustaría sumarme a lo que propició Ignacio Díaz Morales al fundar en Guadalajara la Escuela de Arquitectura, vanguardista en su momento; o lo que hizo Víctor Arauz, un sibarita que trató de fusionar las características locales con las propuestas de fuera para enriquecerlo todo. En fin, ese tipo de tapatío cosmopolita que desde su posición estética ha dado voz a Guadalajara y que en algunos momentos ha estado por delante de lo que sucede en el DF y Monterrey. Además, con una tradición artesanal tan rica en el estado, existe una amplia gama de pequeñas industrias que permiten introducir la producción artística sin mucho conflicto y en condiciones amables. Esto ha generado otro tipo de coleccionismo en la familia —hablo de mis hermanos Jaime, Mónica y yo— pues participamos en la gestación de la obra artística. Eso tiene relación con el hecho de que desde hace 18 años tenemos un pequeño taller de textiles que trabaja al servicio del artista contemporáneo.

“De alguna manera me precio de haber logrado establecer contacto con los artistas que representan mejor cada momento de nuestro tiempo. El problema en México es que el coleccionismo es una labor desarticulada. Lo que le urge a este país es la profesionalización en un medio como el del arte, dominado por el protagonismo, la envidia y la competencia mezquina. Con las instituciones culturales sucede algo lamentable: si con Fernando Gamboa se construía un coleccionismo que daba testimonio del arte mexicano hasta los años setenta, las décadas posteriores no tienen ningún tipo de presencia en los acervos públicos. El problema es que nadie ha asumido esa responsabilidad. Y no es por escasez de recursos sino por la cobardía para establecer una posición con respecto de la escena nacional. Estamos ante instituciones informes para las cuales la programación de los museos no dibuja nada. Y con respecto del arte contemporáneo, no hay colecciones públicas que estén armadas en función de dibujar y modelar en los públicos las peculiaridades de una época. Eso provoca que no se eleve el nivel cultural del objeto artístico”.