Interpretando a B. B. King [encuesta]

El 14 de mayo falleció el músico, cantante y compositor estadunidense B. B. King, considerado uno de los músicos de blues más influyente de todos los tiempos.
B.B. King con su amigo Eric Clapton.
B.B. King con su amigo Eric Clapton.

Ciudad de México

La mañana del 15 de mayo me llegó la noticia del fallecimiento de B. B. King. Me encontraba en Steinbeck–by–the–Sea, como me gusta llamar a la ciudad de Salinas por ser la tierra de John Steinbeck, el autor de The Grapes of Wrath (Las uvas de la ira), y por su cercanía con el Pacífico. La asociación del literato y el músico fue inmediata: uno y otro dieron voz a los marginados, ya fueran los oakies llegados a California durante la depresión o los negros de los plantíos de algodón de Mississippi.

Riley B. King se queda con nosotros con su voz, su música, su guitarra, sus incontables grabaciones. Así lo reflexioné una tarde soleada, la posterior a su muerte, cuando el video de su presentación de 2011, con su banda, en el Royal Albert Hall de Londres, me conmovió como nunca.
José Alfredo Páramo, escritor y crítico musical

 

Riley Ben King le cantaba al equilibrio, a los espíritus de los campos de algodón que lo secuestraban y poseían en cada uno de sus interminables conciertos. Así es el blues: interminable, vibrante e hipnótico.

Cada presentación fue un acontecimiento que reconfiguraba el presente y habilitaba un futuro para la música. Las cuerdas de Lucille se doblaban y flácidas redimensionaban y articulaban el pasado. 

Yo le creo a mi alma porque cree en la medianoche, donde todo se calma, donde aparece el silencio y la vida aparece con sutil intensidad: “And I'm still here/ Never have been hard to find/ When new gets old/ I'll be playing on your mind”.

Luis Alberto González Arenas, director de la agencia cultural Rip.mx y ex editor de la revista Indie–Rocks!

 

 

La música de B.B. King trascendió a su género: el blues. No importa cuáles sean nuestros gustos personales: la voz de B. B. King y las notas de Lucille eran parte vital del mundo sonoro de todo amante de la música.

Mitchell K. Snow, escritor y musicólogo

 

Blues Boy King fue de uno de esos grandes músicos que nacen para ser una era. Creció en el blues, y el blues creció a la par de él. En 1925, año de su nacimiento, apenas se habían grabado un par de discos de blues, y las ediciones de partituras habían comenzado con el siglo. Su contacto con la música de la iglesia bautista y con las raíces africanas lo formaron desde niño. Nacido junto al río y en una plantación de algodón, fue cantor en el coro de su iglesia, después chofer al tiempo que guitarrista de un cuarteto de góspel y cantante de estación radiofónica.

Conocí la música de B. B. King ya siendo veinteañero, con una de las catorce producciones  discográficas que hiciera junto con su amigo y cómplice Eric Clapton, Riding with the King,del año 2000, una grabación multipremiada. Lo que más me llamó la atención del sonido de B. B. King es que no era en absoluto comercial; era auténtico y honesto.

El guitarrista, compositor y cantante, nunca sucumbió ante un siglo que avanzaba junto al consumo y la música desechable porque creció educado por el blues, se alimentó de él, y con el tiempo se convirtió en una fuente de alimentación inmensamente prolífica para la música , así, sin género.

Christian Gohmer, compositor y director de orquesta

 

B. B. King fue uno de esos músicos excepcionales que surgen una o dos veces en cada siglo, si tenemos suerte. Su sonido es cautivador, electrizante, está lleno de sabiduría y de un profundo discurso. Incansable y prolífico, modificó la historia de la música y con ello el oído del mundo. Ahora todos escuchamos el llanto de su guitarra cuando se nos mezcla la tristeza, la belleza, la ira, la alegría, la melancolía y la esperanza.

B. B. King transformó al mundo a través de su sonido, nos conmovió y nos educó sobre lugares del alma que desconocíamos y ahora son parte fundamental del repertorio de nuestras emociones. Sería absurdo decir que sus discípulos son muchos. La verdad es que sus discípulos somos todos.

Rodrigo Garcíarroyo, tenor

 

B. B. King fue único pues tenía dos voces: una de cuerdas de metal, limpia, pellizcona, y elocuente, que sabía hacer tan bien su papel de solista como de contrapuntera de su otra voz, mucho más explosiva pero tan pulida y emotiva como aquella. Su trabajo trascenderá estilos y generaciones por su altísima calidad. Porque B. B. King fue eso: un trabajador incansable, un artesano cuyo producto, afortunadamente para el mundo entero, fue el blues.

José Miguel Delgado, compositor

 

Uno de los mejores guitarristas de la historia. B. B. King fue un artista con una increíble dedicación a su música y sobre todo a su público. Un artista tan interesante y con tanto que transmitir que al escucharlo cantar con su guitarra el tiempo se detiene. Como él mismo dijo: el blues sangraba la misma sangre que él.

Diego Silva, tenor

 

B. B. King se presentó en más de 15 mil conciertos durante su carrera. Durante su época más productiva llegaba a tocar trescientas veces en un año. Los primeros fueron con una vieja guitarra de madera en Memphis. Blues puro, sin efectos, banda, ni disquera. Después vino Lucille y al conectarla amplificó el sonido del blues para que se escuchara en todo el mundo. A partir de ahí nunca paró y se le fue la vida tocando canciones tristes que le brindaban alegría.

“3 O’Clock Blues”: la avalancha de pensamientos que no deja dormir, el insomnio convertido en creatividad y el llanto convertido en música.

Al final, le fue mal en algunos shows porque le gustaba contar historias y a los ochenta y ocho años los dedos no le respondían. Pero los momentos más trascendentes en la música de B. B. nunca se trataron de velocidad o escalas complejas, sino de esa línea de guitarra que te partía el corazón en cuatro y al mismo tiempo te aseguraba que todo estaría bien.

Diego Morales, fundador y director de la disquera Pedro y el lobo