Otra vida, otro país, otra casa…

Merde!
la dramaturga Luisa Josefina Hernández escribió 'Los grandes muertos'.
la dramaturga Luisa Josefina Hernández escribió 'Los grandes muertos'.

Ciudad de México

En este país no hay secretos. Hay verdades familiares, verdades políticas y verdades interiores. Pero nadie quiere oírlas. Hay clasismo, sexismo y racismo, porque nadie hace caso de las leyes. La verdad pasa por la vida que vivimos, desde la Colonia a nuestros días: la explotación de los indios, el desprecio a no ser blanco, el ascenso a través de la entrega incondicional. Y en medio, la religión y el régimen autoritario en los mandos de la tierra. La mujer —eje y centro de la obra— a la cola, después de los patriarcas.

Nada cambia. Vaya a ver la saga familiar que escribió la dramaturga Luisa Josefina Hernández, Los grandes muertos, con seis de las trece piezas de teatro que José Caballero dirige con enorme conocimiento estético de la escena. La obra transcurre entre 1862 y 1902 (en la totalidad de la obra se llega hasta 1970). Piezas de un lenguaje exquisito —en el filo del costumbrismo al realismo— cuentan la historia de las mujeres, condenadas a decisiones de los padres, los esposos, los hermanos, o ellas mismas al escoger al hombre equivocado. Solo para no errar y aprender, las mujeres deberían ver este portento de obra.

Luisa Josefina Hernández pasa a la historia del teatro mexicano con la obra más extensa que se haya escrito incluso a nivel mundial. Lo dice muy bien Emilio Carballido: “¿Ha observado alguien que en nuestro país no existe ninguna serie como ésta? Voy a preguntarlo con más fuerza: ¿ha observado alguien si en el mundo se han escrito series de obras tan impresionantes, que digan tanto sin romper cadenas y que curiosamente cierren con gran energía y belleza?” Hay que ir tres veces al teatro para ver las seis piezas en acción. Nadie sale decepcionado. Un mar de prodigiosas palabras hace el milagro de que el tiempo se detenga y disfrutemos el teatro con mayúsculas.

Confieso que empecé con reticencia, propia de cuando uno se prepara para leer En busca del tiempo perdido, de Proust, o a Zola, o a García Márquez con Cien años de soledad, o Rayuela de Cortázar. Ni la incómoda butaca de la sala Héctor Mendoza de la Compañía Nacional de Teatro pesa cuando las historias de Luisa Josefina Hernández aparecen en el escenario para incendiarnos de ideas, cambios en nuestras vidas al escuchar un poco de esas almas perdidas en el entorno social.

Nunca la Compañía Nacional de Teatro, que dirige Luis de Tavira, había logrado la gran cohesión teatral que existe con este montaje de José Caballero. Todo un caballero, Caballero asumió el reto de montar diálogo por diálogo, incluidas las acotaciones de la dramaturga, interpretadas con picardía y salero por Laura Padilla. Ver el crecimiento actoral de Mariana Gajá, o el mejor papel de Óscar Narváez como el padre de todas las haciendas del sureste, con fuete en mano y la gracia de la maldad, sin saberlo. Aplauso a todo el elenco.

Si alguien duda de la lectura de esta crítica lo reto a leer el libro Los grandes muertos, de Luisa Josefina Hernández, del Fondo de Cultura Económica. Un libro que dará mucho de qué hablar en las próximas generaciones, cuando no exista el desdén al teatro nacional.