Paz: homenaje y petrificación

Archivo hache.
El escritor mexicano Octavio Paz.
El escritor mexicano Octavio Paz.

Ciudad de México

Ricardo Cayuela, director de Publicaciones en Conaculta y ex editor de Letras Libres, aceptó que el gobierno y los paceanos están arruinando a Octavio Paz.

Estas declaraciones las hizo Cayuela a Yanet Aguilar Sosa de El Universal el 27 y 28 de abril.

Según Cayuela, los homenajes del 2014 y 2015 convirtieron a Paz en un “monolito horripilante”. Dijo que se dejó llevar por la “inercia” y “al final del año del Centenario me miro en el espejo y no me reconozco”.

Cayuela no se refirió a un evento aislado sino a toda la serie de homenajes desde Ciudad de México hasta Madrid.

“Ninguno había leído a Paz… simplemente eran campanadas del poder puestas en un engranaje que ya no se detenía”, dijo refiriéndose al foro de Buenos Aires.

Pero al día siguiente de esas declaraciones, Cayuela otra vez no quiso reconocerse en el espejo y buscó desdecirse.

Ahora decía: “fue un evento muy exitoso… Esa sería mi postura razonada y sensata y lo que realmente creo”.

Obviamente, Cayuela en la primera entrevista habló confesándose y en la segunda quiso borrarlo debido a la gravedad de verlo publicado.

Lo dicho por Cayuela no es desconocido. Ya lo habíamos dicho otros: Paz ya fue oficializado de un modo que él mismo (voluntariamente oficial) juzgaría contraproducente.

La admisión de Cayuela, como funcionario paceano, confirma lo que también ya hemos dicho: el grupo paceano está en grave crisis de credibilidad, incluso ante sí mismo.

¿Qué será del pacentrismo en el siglo XXI?

1. La creciente oficialización de Paz generó una última generación (nacidos entre los sesenta y los setenta) que para insertarse en la República de las Letras debían ser (oportunistas) paceanos. Y apenas murió Paz, declinó su aura y Letras Libres se volvió cada vez más laxa, se fueron desmarcando para no hundirse con el barco. Algunos regresarán al pacentrismo cuando haya cheque o spotlight. Pero hasta ahí.

2. Los últimos paceanos morirán con Letras Libres. El grupo que trabajó con él será la última línea de defensa paceana. Su propio prestigio depende de mantener a Paz en un altar institucional o, al menos, en un pedestal biográfico. Ese grupo no tiene escapatoria: si lo siguen idolatrando, lo oficializarán aún más; y si revisan su valoración, facilitarán el desplome.

3. La obra de Paz retendrá su función de referencia cultural nacional. Pero tanto en Sudamérica, México y Estados Unidos, Paz terminará identificado como la Poética Perfecta del PRI.

4. Al ser ya su oficialización irreversible, la obra de Paz en el siglo XXI ha dejado de ser atractiva para más de un tipo de lector. Los más reactivos la desecharán sin haberla siquiera leído; y los más críticos no la tendrán como referencia central. Paz se quedará para lectores mediocres. Sin crítica genuina, se fosilizará.

En el siglo XX, Paz fue un cacique intelectual petrificante; en el XXI, un escritor petrificado por el espejo de su propia dictablanda.