De vuelta a casa

Vibraciones.
Los Mind Lagunas.
Los Mind Lagunas.

Ciudad de México

En la cantina El Bandolero, sobre Vértiz a la altura de la Narvarte, Luis Alberto González Arenas es un personaje legendario. Bebe mezcal con vehemencia tan apasionada que parece ser el elegido de algún demonio erótico y libertino. Pero es un hombre al servicio de dioses musicales. El alcohol dentro de él es un suave canto zapatista (hay que imaginar su voz baritonal, de ocres colores) inspirado en hermosas mujeres rebeldes.

El asesinato de estudiantes en Ayotzinapa le desencadenó una obsesión por la esperanza: aquello que parece luz en semejante palabra es una interminable y árida espera destinada a la nada. Cuarenta y tres madres que ya no los piden vivos, sino solo huesos o cenizas, exigen poseer la muerte de sus hijos. Luis Alberto tuvo la idea de hacer para ellas un álbum que, más allá de la muerte, los reciba con música de vuelta a casa.


¿Quién participa en el álbum De vuelta a casa?

Lancé una convocatoria a través de mi agencia cultural RIP.mx (“la cultura descansa en paz”) y la disquera Pedro y el Lobo. Recibimos 216 canciones en español, inglés, francés y portugués, de funk, jazz, trova, metal, son veracruzano, folk, noise, electrónica, hip–hop, burlesque, electroacústica, techno, garaje y rap. Seleccionamos 16, entre las cuales hay de Botellita de Jerez, Flame N’Peach, Belafonte, De Pedro (guitarrista de Calexico) y de estudiantes de la Escuela Nacional de Música.


¿Cuáles fueron sus criterios de selección?

Nuestra selección, que no deja de ser subjetiva, partió de la idea de construir una narrativa en torno a la idea de recibir de vuelta a casa a los estudiantes asesinados y así construir una metáfora musical, con el 43 como símbolo, sobre todas las desapariciones forzadas de Latinoamérica.


¿Es música de protesta?

Las canciones se entienden como de protesta. Aunque lo interesante de este trabajo son las formas que adquiere esa protesta: hay duelo, coraje y rabia, pero también alegría, ternura, cariño, anhelo y esperanza en el mañana.


¿Por qué decidieron incluir una canción como “Enseñanzas de rabia” de Grushgrev, que convoca abiertamente a las armas?

Fue una selección difícil. Musicalmente, la estructura es impecable y ofrece un digno ejemplo de la vasta escena de hip–hop en México. En cuanto a la letra, que sin duda es violenta y provocativa, resolvimos que las voces de enojo y de rabia son también una realidad. Existen y buscan ser escuchadas. No podemos ni tenemos derecho a silenciarlas. Solo pedimos que la gente que escuche la letra con atención no la tome como una llamada a hacer desmanes, sino que esa rabia se transforme en una búsqueda de conciencia hacia un panorama más justo en lugar de la venganza. Está claro que pensando en la doble V, Venganza y Violencia, no llegaremos a ningún lado.


¿El álbum ha sido escuchado por estudiantes normalistas o las madres de los que fueron asesinados?

Sí, y su reacción fue hermosa y solidaria. Cuando sus ojos se llenaron de nostalgia pero a la vez de fuerza, de luz, todo tuvo sentido para nosotros. Porque precisamente es lo que buscamos expresar: un sentimiento de complementariedad, de colectividad, de aceptar al otro, de no ser indiferente a su sufrimiento, de poder ayudarnos, reconocernos. Ya lo dicen por las montañas del sureste mexicano: si solo un hombre es libre, esa no es libertad; para que haya libertad, ésta debe venir en colectivo.

 

¿Puedes ofrecer un breve comentario de algunas canciones?

“Equivocado” de DePedro: clara y directa en su mensaje, convoca al amor, pero también a exigir justicia. “Lo sabes tú también”, de Alumnos de la Escuela Superior de Música: ritmos del burlesque que te trasladan a un teatro de circo donde desfilan los animales del gobierno, el surrealismo del Estado y la torpeza política. “Fue el gobierno, yo lo sé/ lo sabes tú también”, reza el pegajoso estribillo. “Brilla más el soul” de Los Mind Lagunas: soul cálido, húmedo y alegre, estilo setentero, el funk como virtud de la conciencia. “Un día ” de Fero Esteban: música electroacústica que traza una línea del tiempo en torno a la tragedia en Iguala; usa grabaciones de los normalistas que sobrevivieron; convoca a no perder la memoria. Los sonidos acompañan en todas direcciones. Asoman la mirada a la conciencia y terminan exigiendo respuestas.

 

¿Qué pasa con las canciones que no forman parte del álbum?

Vamos a subir las 216 canciones a nuestras plataformas digitales, de tal manera que cada quien pueda escucharlas, seleccionar las que más les gusten y construir su propio álbum, su propia vuelta a casa.