Demasiado corta la conciencia

Merde!
Escena de la obra dirigida por David Gaitán.
Escena de la obra dirigida por David Gaitán. (Especial)

Ciudad de México

Si una infamia no provoca catarsis en el arte, no puede existir el arte. Si un crimen se convierte en simple denuncia aderezada de interpretación, es panfleto, no acontecimiento artístico. Si el arte sangra pero no sana, es sensacionalismo. Por ejemplo: cuando una violación, un incesto o un acto de pederastia se utiliza para crear arte sin conocimiento del tema, puede convertirse en un acto que raye lo inmoral y mórbido.

O Katja Brunner (1991, Zurich) escribió una obra teatral de difícil interpretación, Demasiado cortas las piernas, o el que dirige la pieza, también dramaturgo, David Gaitán (México, 1984), no llegó al fin de los sentidos. (Una obra que bien pudiera ser una de las novelas de Elfriede Jelinek por la densidad de su temática, mujeres en aprietos con su conciencia frente al poder de los misóginos.) En la escena, un padre abusa de su hija y la madre calla lo que ve, hasta que estalla la conciencia. Gaitán convierte el acto en una instalación artística donde el teatro parece un pretexto para fines plásticos.

Hacer arte de una psicopatía es arriesgado. Brunner y Gaitán son atrevidos en el oficio. La pregunta es si el resultado vale la pena. Una de las tragedias modernas —y antiguas— es el abuso a los menores. (Atom Egoyan logra con su último filme, Cautiva, una visión aterradora: una niña de nueve años que fue secuestrada y violada se convierte en una adolescente que atrapa nuevas niñas para los mismos fines.) La obra, en cambio, se convierte en belleza antes que cualquier cosa de eso que llamamos conciencia o moral. Eso, cuando el teatro tiene todas las esencias del arte para perturbar almas, pero este no fue el caso. Ganó el esteticismo de la historia por encima de una atrocidad.

El arte se está convirtiendo en juego lúdico donde poco importan los temas. Donde valen las coreografías, el vestuario, la iluminación, incluso las actuaciones, sí, pero para fines distintos a los temas convertidos en forma. Algo hueco sopla sobre el arte y desaparece la complejidad. Igual estoy equivocado. Igual Gaitán y Brunner son jóvenes generaciones que mostrarán un tiempo presente sin moral, convertido en arte preciosista. O lo hacen justo para presentar así la vida contemporánea: sin contenidos, apenas como vislumbres de la realidad, con retoques de metáforas inconscientes, como si fuera arte abstracto. La verdad, no lo creo. O soy injusto. Los que ya la vieron me dirán.

Un crimen es un crimen: con poesía es posible aprehenderlo. Poesía es lo que falta a Demasiado cortas las piernas. Intenciones las hubo. Pero no llega a un estado climático que provocaría una catarsis profunda, tanto como para que el público cambiara radicalmente su indiferencia ante sucesos tan truculentos. Habrá que seguir la carrera de David Gaitán para ver hasta dónde llegan sus intenciones. En el caso de Katja Brunner, es ya una autora estable de una compañía teatral en Lucerna.

Así andamos por los rumbos del nuevo teatro, que otros justifican con teorías e hipótesis dizque modernas.