Adiós a Óscar Collazos

Ambos mundos.
El escritor y periodista colombiano Óscar Collazos.
El escritor y periodista colombiano Óscar Collazos. (Siruela)

Ciudad de México

Supe de él por primera vez en 1985, cuando yo estaba recién llegado a Madrid y me enteré de que, diez años atrás, su novela Crónica de tiempo muerto había sido publicada en Barral Editores por ser finalista del prestigioso Premio Barral. Luego encontré su novela Jóvenes, pobres amantes, que me gustó por su técnica y, más tarde, en 1988, me impresionó cuando la editorial Mondadori, que en esa época hacía unos libros hermosos y era un verdadero fetiche para mí, publicaba Fugas.

Lo conocí personalmente mucho después, en 1996. Mi generación comenzaba a publicar sus primeros libros (Mendoza, Abad, Paredes, Franco, Botero, Chaparro, Serrano, etcétera) y la reacción de la generación anterior fue al principio algo distante, como queriendo medir las cargas, de modo que sentíamos como si estuviéramos entrando por la puerta trasera a una casa ajena. Óscar Collazos fue la excepción. Tenía por esos años un programa de televisión sobre literatura y recuerdo que nos fue invitando uno a uno a hablar sobre nuestros libros, y así lo conocí, en una entrevista que me hizo en los jardines de las Torres del Parque de Bogotá. Ahí comprobé que en persona era tan interesante como en sus libros, una mezcla de humor, rapidez verbal y simpatía que me cayó bien desde el primer minuto.

Luego lo fui encontrando, por aquí y por allá, siempre al lado de su infatigable amigo de esos años, R. H. Moreno Durán. Recuerdo una vez en Barcelona, en 1998. Moreno Durán se fue detrás de unas bellas brasileñas que celebraban por la calle y Óscar, escéptico, me dijo: “R. H. no levanta si no hay un previo conocimiento de su obra”. Al verlo volver solo comentó: “Se ve que ninguna había leído Fémina suite”. Collazos y Moreno Durán eran como don Quijote y Sancho, o el Gordo y el Flaco. Siempre estaban juntos y su suerte parecía depender del otro. Moreno Durán alcanzó a ser padrino de tres matrimonios de Collazos, empezando por el primero, con la novelista barcelonesa Nuria Amat.

Extrañamente al final se pelearon, como un viejo matrimonio que un día explota. Moreno Durán me dijo un día de Collazos: “El negro es un miembro clandestino del jet set”. Cuando Collazos lo supo, respondió: “Es que para un tunjano (de Tunja) cualquier cosa es jet set”. Lamenté mucho su disputa, pues estuve mil veces con ambos y era un gusto oírlos hablar de literatura y de la Barcelona de los años setenta. Luego murió R. H. Y ahora muere Collazos. Su verdugo fue la “enfermedad de las neuronas motoras”, la temible esclerosis lateral amiotrófica (ELA). Sin duda fue uno de los autores más visibles de su generación, la cual dejó como herencia su afán libresco y el valor de poseer una gran cultura.

Mi libro preferido de Óscar fue el último que publicó, Tierra quemada, donde narra los avatares de un grupo de desplazados que van errantes por un país devastado por la guerra, y para los cuales la marcha y la fuga se convierten en un modo de vida. Descanse en paz.