La valiente Valentina

Danza.
La bailarina Valentina Castro.
La bailarina Valentina Castro.

Ciudad de México

En la semana del 16 al 24 de mayo se realizó el XXX Encuentro Metropolitano de Danza Contemporánea en Monterrey, donde se apreciaron múltiples propuestas coreográficas así como diversos estilos en los ejecutantes. El encuentro se inauguró con un homenaje a su fundadora, la bailarina Valentina Castro. Aprovecho para rendirle yo también un reconocimiento, ya que es una maestra entrañable y ejemplar.

Valentina Castro es de una personalidad tenaz, contrastante con la estatura pequeña que la distingue. Durante el homenaje narró algunos de los contratiempos que enfrentó en 1985 para poder difundir y fortalecer la enseñanza de la danza contemporánea en Monterrey, pero también en el resto del país. Se trata de una luchadora siempre a contracorriente, casi en soledad; una mujer quijotesca convencida de que la odisea de la danza requiere siempre del mejor de sus empeños, por lo que nunca le parecerá una locura.

Incansable, entra a los salones de clase siempre bien peinada, con su largo cabello recogido, se quita rigurosamente sus zapatos antes de entrar a un salón de danza y planta su mirada oscura y profunda para platicar, bailar o enseñar. Siempre generosa y paciente, enseña pasos, estructuras y coreografías.

Es una bailarina que perteneció a la corriente nacionalista, pues estaba convencida de la riqueza que la cultura mexicana podía aportar a la danza moderna. Se sentía identificada con la coreografía social y de protesta pero también fue fundamental su distanciamiento cuando vio agotada esta corriente y señaló la necesidad de buscar nuevos caminos.

Fue una bailarina pionera en abordar el feminismo y llevarlo al escenario.

Siempre ha encontrado un obstáculo en la falta de apoyos o subsidios y por ello es un ejemplo para no abandonar las creaciones y llenarlas de un espíritu rebelde, independiente.

“Mujeres de danza combativa”, texto escrito por Margarita Tortejada, narra las giras que hizo por Europa y Asia, resaltando el abandono oficial, y declara: “Eso fue nuestro triunfo, un triunfo de la danza mexicana que en México no valoraron. Nosotros los bailarines somos los que siempre hemos hecho las cosas”.

Su visión nacionalista de la danza trascendió el cliché y el folclorismo; se encargó de transmitir la profundidad subyacente en las propias raíces. Comenta: “De la gira regresé con una visón de mí misma con más valor. Me sentía una artista con un arte que tenía que sacar adelante. Me sentía orgullosas de mi raza, de ser indígena, de mis facciones e indudablemente eso se ve en las obras: en la manera de bailar, de enfocar el arte, en la manera de entender las cosas y valorarlas”.

Valentina Castro es ya una leyenda de la danza contemporánea mexicana, una leyenda viva a la que además de homenajear, hay que ver, escuchar y seguir.

Hoy en día tiene mucho qué decir, qué reflexionar sobre la danza mexicana y sus posibles rutas: “Pienso que los bailarines tenemos que encontrar la contemporaneidad mexicana sin perder de vista nuestras raíces, y pienso que los bailarines deben estar más comprometidos con su arte”. Se trata de una disciplinada y obstinada militante que ha entregado lo mejor de sí misma a la danza mexicana y a la formación de bailarines orgullosos de ser lo que son.

Aplaudo a la valiente Valentina y agradezco su sacrificio por dar vida al arte, por haber trabajado siempre por una danza “del pueblo y para el pueblo”. ¡Que tu baile viva para siempre!