Si me han de enchilar mañana

Merde!
Richard Viqueira encontró el hilo negro de la universalidad sobre la identidad nacional.
Richard Viqueira encontró el hilo negro de la universalidad sobre la identidad nacional.

Ciudad de México

Richard Viqueira hizo un producto netamente mexicano —pero también asiático, chino e indio—, ahí donde la producción y consumo del chile define la gastronomía de una nación. Un producto que con las palabras se presta al albur, el doble sentido, la guasa, el apodo, el chiste, la burla,… aquello que nos traslade lejos de la realidad para olvidar la desgracia, aunque el fatalismo viva a la vuelta de la casa o lo tengamos pegado a la piel como dogma de vida.

Jaime López, Astrid Hadad, Palillo, los herederos de la carpa y el circo se sentirán identificados con el poema teatral de Richard Viqueira, Desvenar, el “mole escénico” que convierte al director tan mexicano —y universal— como el chile. Le dijo adiós a la ira física para pasar a la rabia verbal. Sale bien librado. Queda a grandes saltos del resto de sus escritos teatrales para dirigir sus obras. El conocimiento de la literatura lo une a quienes han escrito sobre el “ser mexicano” y su identidad, desde José Vasconcelos con La raza cósmica hasta Heriberto Yépez con La increíble hazaña de ser mexicano. Pero Viqueira le dio teatralidad a la gracia —y desgracia— del ser nacional. No cualquiera.

Hacer teatro donde el chile es el centro de las historias es un riesgo del que sale sin chipotes el escritor y director escénico porque apuesta por relatos del pachuco, el indígena, el macho, el asesino, el narco, la Adelita, la aventurera, la mujer sumisa, la campesina, el chilango, el norteño, el capataz, la amante... Historias que se entrelazan en medio de un discurso: el chile como un dios, centro del idioma para definir a la Patria. Hermoso lenguaje que se agiganta con las interpretaciones de Valentina Garibay y Ángel Luna. Que además cantan y bailan excelentemente. Porque en el espectáculo la música anuncia las tragedias que no pueden faltar en México, eso sí, con harto melodrama.

Juguetón e irreverente, Richard Viqueira avanza en su propuesta teatral dejando atrás la acrobacia y su afán de saltimbanqui para mostrar el lado más inteligente de su creatividad: el conocimiento de la lengua y la intención de hacernos pensar lo que somos, lo que queremos, lo que deseamos, lo que  falta por hacer. En un discurso fatalista que no abre esperanza al futuro. (Quizá porque la política actual no lo permite; todo se traduce en reformas sin resultados.)

Desvenar es una obra de paso creativo a otras propuestas que consolidarán la carrera de Richard Viqueira. Encontró el hilo negro de la universalidad sobre la identidad nacional. El microuniverso es el macrouniverso. Incluso la puesta en escena sale de esa distracción a la que nos tiene acostumbrados en puestas anteriores donde, por ejemplo, se lanzaba al aire en el minúsculo Teatro Sor Juana Inés de la Cruz. Pisó tierra. Acrecentó su dramaturgia. Ganó su teatro.

Sería recomendable publicar Desvenar por sus valores literarios. Por la puesta de identidad enchilada, con el sentir de la lengua ardiendo, con las úlceras en el estómago, con el deseo interminable de cantar si me han de enchilar mañana que me enchilen de una vez… Igual así despertamos, ¿o no?