William Ospina, Villa Diodati, Joyce

Ambos mundos.
"El año del verano que nunca llegó", el nuevo libro de William Ospina.
"El año del verano que nunca llegó", el nuevo libro de William Ospina.

Ciudad de México

Acabo de leer, de un tirón, El año del verano que nunca llegó, el nuevo libro de William Ospina, un texto extraordinario que es a la vez un ensayo, una novela y un libro de viajes, centrado en la magnética historia de Villa Diodati, esa casa legendaria a las afueras de Ginebra, frente al lago Lemán, en la que una noche de junio de 1816 se reunieron Lord Byron, el poeta Percy Shelley y su esposa Mary, el joven médico John Polidori y Claire Clermont. Por transtornos climáticos ese año no hubo verano y la noche de los poetas duró tres días, entre borrascas y aguaceros. Tiempo suficiente para que se retaran a escribir la más aterradora historia de miedo y que nacieran los dos grandes símbolos del espíritu romántico: el Frankenstein, de Mary Shelley, y El vampiro, de Polidori.

La hipnótica prosa de William Ospina va explicando quién era cada uno y por qué estaba ahí, cuál era su personalidad y cuáles sus temores, pero narra también su propio viaje para encontrar los elementos del mosaico, desde Buenos Aires hasta París o Ginebra, de Roma a las montañas del Tolima. Una celebración del modo en que las historias se van revelando al escritor, poco a poco y a través de extrañas señales, y por eso descifrarlas es un modo de entenderse más a sí mismo y de comprender el universo.

Mientras leía yo mismo fui encontrando algo que el propio Ospina menciona y que tiene que ver con la fecha del encuentro en Villa Diodati: el 16 de junio. De pronto creí encontrar respuesta a una pregunta que llevaba años haciéndome. ¿Por qué Joyce eligió la fecha del 16 de junio para su novela Ulysses? A pesar de que su biógrafo, Richard Ellmann, afirma que no hay un motivo específico para que eligiera ese día, y que otros dicen que habría querido rememorar la primera cita con su esposa, la verdad es que, tras leer el libro de William, no me cabe ninguna duda: Joyce eligió el día en que nacieron Frankenstein y el vampiro para crear su propio mito del héroe contemporáneo, el Ulises del siglo XX. Quiso dialogar con los conjurados de Villa Diodati y presentar su propio monstruo: el dócil y temeroso ciudadano común, alejado del fulgor de los héroes de Homero. ¡Por eso el 16 de junio!

Recordemos que Stephen Dedalus en Retrato del artista adolescente admiraba a Byron y lo consideraba el mejor poeta inglés, motivo por el cual sus compañeros de la escuela católica le propinan una severa paliza, pues Byron tenía la reputación de ser hereje e inmoral. Lo mismo que Joyce, quien debió refugiarse en Suiza escapando de Irlanda, también acusado de hereje e inmoral. Si a esto le sumamos sus juegos de palabras con el nombre de Shelley, cuesta creer que Joyce no haya ido un día, como William Ospina, a mirar a través de las rejas de la Villa Diodati mientras soñaba con su propia creación, mostrando en ello, una vez más, cómo la literatura y la vida se mezclan en ese mismo inquietante “bosque de símbolos” del que habló Baudelaire en su poesía.