El amante peruano

Ambos mundos.
Isabel Preysler.
Isabel Preysler.

Ciudad de México

Tal vez la más inesperada noticia en la República de las Letras, por estos días, es la confirmada separación de Vargas Llosa y su esposa Patricia, su prima hermana, con quien se casó en 1965 luego de romper su matrimonio con la tía Julia Urquidi Llosa, la famosa tía Julia de la novela. Hasta ese momento parecía que para Vargas Llosa, igual que para las tribus aborígenes de la Amazonia —según observó el etnólogo Lévi–Strauss—, las relaciones de parentesco eran fundamentales. Pero su nuevo romance con Isabel Preysler, a los 79 años, cambia por completo esta tradición.

Patricia fue durante 50 años una especie de primera dama de las letras latinoamericanas, y como tal se consagró a los asuntos de su marido y a la intendencia de la casa para que él pudiera dedicarse exclusivamente a lo suyo. Un formato de “esposa de escritor” muy de la generación del Boom, por supuesto bastante machista, en el que eran mucho más importantes las esposas de los grandes escritores que las propias escritoras. Ignoro si en las generaciones siguientes ese modelo de esposa–secretaria y manager tenga seguidoras, pero lo cierto es que Patricia estuvo siempre al lado de Mario en cuanto congreso o festival, invitación o premio le daban por el mundo, y hablamos de uno de los autores vivos más premiados.

De la Preysler tengo noticia hace tres décadas. Yo vivía en Madrid cuando se casó con el entonces ministro de Economía del gobierno socialista de Felipe González, Miguel Boyer, luego de una relación clandestina de la que se supo casi todo, incluido que la señora Preysler tenía la costumbre de desmayarse cuando alcanzaba el orgasmo, y por eso fueron sorprendidos la primera noche en que, al perder el sentido, Miguel Boyer la llevó angustiado al hospital. El matrimonio Boyer y Preysler fue el gran evento de esos años.

Es curiosa esa unión de mundos tan aparentemente alejados: el de la farándula y el jet set de la Preysler y su familia, con el de la gran literatura, aun si es obvio que Vargas Llosa es también parte de una farándula internacional, probablemente a su pesar. Recuerda un poco a Arthur Miller casado con Marilyn Monroe, no lo sé, o Hemingway con Ava Gardner, aunque la Preysler no es actriz: es solo ella. Y la noticia ha dado para todo. Las hijas de la Preysler, que acostumbran cobrar 9 mil euros por asistir a una fiesta, han subido la tarifa a 25 mil desde que se supo lo de Vargas Llosa y su mamá. Los hijos de Vargas Llosa, en cambio, están del lado de la madre. Normal.

Con el debido respeto hacia Patricia, a mí me parece una excelente noticia que un hombre que ha escrito tantas cosas maravillosas, que llenó el mundo de personajes entrañables, quiera exprimir la vida y vivirla hasta la última gota, sin resignarse a ser un abuelito de pantuflas y bata escocesa. Porque para iniciar una relación así, a los 79 años, se necesita tanta creatividad y fuerza como para escribir una obra maestra a los 26, cosa que ya hizo.