La tristeza y la furia

El siguiente texto recorre el punto de vista de artistas e intelectuales sobre la crisis der Grecia, la primera del siglo XXI.
Grecia era un país que se había acostumbrado a vivir bien.
Grecia era un país que se había acostumbrado a vivir bien.

Grecia

Un café en una terraza de Kolonaki, con vista a la plaza por donde desfilaban los atenienses vestidos a la última moda, una comida de pescado fresquísimo en Glyfada, un rato en la lujosa playa de Vouliagmeni, un tentempié nocturno en Monastiraki o un concierto en el Herodion: Atenas era una ciudad vibrante, a ratos estrangulada por el tránsito pero amable.

Grecia tenía una sociedad donde la mendicidad y la pobreza se identificaban con los inmigrantes, sobre todo los albaneses. Era un país que se había ido acostumbrando a vivir bien, donde el nivel educativo era bueno y los gustos, caros. Para quien haya conocido Grecia hace algunos años, o ido a la Olimpiada del 2004, o hablado con griegos en el exterior antes de la crisis, es inconcebible el estado en que se encuentran no solo las ciudades, sino la psique y el ánimo de toda la sociedad.

Es una crisis económica, una crisis gravísima que ha barrido con mucho de lo logrado durante los años de bonanza. Pero se vive como un desastre natural que se repite a diario. Como una plaga. Como una fuerza olímpica contra la que ya nadie tiene ni la fuerza ni la inclinación de seguir peleando. Las calles se han vuelto receptáculos de frustración y símbolos de impotencia. Las pintas hablan de tortura (el ubicuo βασανίζομαι , “sufro”) en los muros de los negocios cerrados, por sobre las cabezas de los indigentes y los mendigos que son, ahora, griegos.

Desempleo, pobreza, desesperanza.

Muchos griegos hoy tienen hambre y frío. Votaron abrumadoramente en contra del paquete de rescate que Europa proponía porque la sensación que priva es la de que esto, todo lo que les está pasando, es una injusticia: una imposición del norte de Europa, un castigo bárbaro por atreverse a desafiar las recetas económicas de la troika. Un abuso del fuerte que ha dejado al débil sin capacidad de reacción ni de defensa.

Y ése es el meollo de la crisis: lo que en Europa se discute como un problema financiero, cuestión de déficit fiscal y balanzas de pagos, se vive en Grecia como una guerra. Las calles, los locales quemados, el desorden, la violencia contra los símbolos de lo extranjero, evocan una ciudad sitiada, un país que enfrenta una invasión. Alexis Tsipras se comparó hace unos días con el trágico personaje de Antígona. Y es, tal vez, esta mentalidad numantina de resistencia la que dicta que los griegos enfrenten un problema económico —sí, un problema grave— como un ataque a su forma de ser. Que su reacción pase por la autodestrucción con tal de no ceder en su esencia.

La sociedad griega está hoy dividida por la respuesta de cada quien a las preguntas ¿fuimos nosotros, nos lo merecemos o somos víctimas de los Estados poderosos de Europa, de los bancos? Entre los que ven el “no” del referéndum del 5 de julio como un desafío heroico a quienes sofocan la democracia europea y los que lo consideran el mayor error del gobierno de Tsipras hay una lectura diferente de qué es la crisis: un intento del capitalismo desbocado por someter a los pueblos indefensos a sus dictados; o un síntoma de la abdicación griega a su propia responsabilidad, que hace más fácil seguir esperando la ayuda de fuera (o, en su defecto, un milagro) que realizar los cambios que reforzarían el ideal europeo.

Los aspectos económicos de la crisis griega son bien conocidos y no son el objeto de este texto sino las reacciones de algunos escritores, poetas y filósofos griegos a la manera en que esta crisis ha cambiado las vidas y los lugares, y a la forma de pensarse como actores en lo que se vive como una tragedia. (Todas las traducciones del griego y del inglés son mías.)

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El poeta Giorgos X Stergiópoulos dice en la revista Frear (http://frear.gr/?p=10283) que durante estas últimas semanas Grecia lo ha perdido todo. Y no se refiere al resultado de las negociaciones con la Unión Europea “sino a nosotros, los ciudadanos. Quiero decir que salieron a relucir las excusas y se cayeron las máscaras. Durante la última semana el griego mostró de qué está hecho y me temo que la etiqueta dice ‘70% odio, 30% egoísmo’ ”.

Ante el encono, las amenazas y las muestras de odio, ante el “si votas ‘no’ te despido”, o “paliza y muerte a los del ‘sí’ ”, Stergiópoulos le dice que no a esa sociedad, a esa Grecia: “Si cada vez que alguien está convencido de que tiene razón se otorga a sí mismo el derecho de atacar al de enfrente, entonces mejor cerremos la tienda que se llama comunidad y vayámonos todos a dormir. Yo no quiero a ese griego, el del mal gusto, los malos modos y la mala fe”.

Letra muerta la de las leyes que cada quien cumple a su antojo o según su poder, letras olvidadas de la amabilidad o el agradecimiento. Letras ligeras que ha pisado la bota del fascismo, porque se trata de fascismo, independientemente del lado que se escoja. “Y pensar que no estamos en una guerra, que no vivimos esa situación en la que sostienes a tu hijo ensangrentado en los brazos y no sabes si vivirá o si ya murió”.

Todo mundo carga con su profecía, con su verdad, se encierra en su casa y dispara desde la ventana. “ ‘Grecia, la tierra de los monólogos paralelos’, dijo alguna vez Seferis y yo me veo a mí mismo contagiado de la misma enfermedad cuando entro en contacto con esta sociedad. ‘Donde quiera que viaje, Grecia me lastima’, dice una vez más el poeta y yo me avergüenzo. Sobre todo de mí mismo y de esta furia que lo juzga todo. Me convierto en aquello que odio. No debo permitírmelo”.

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La poeta Adrianne Kalfopoulou ve a su ciudad convertida en un sitio de furia y tristeza colectivas. Habla de las paredes de Atenas como expresión de polifonías de resistencia, queja, subversión y humor, en esa ciudad cambiada por la forma en que los indigentes y los desempleados son ahora visibles en todas partes, visiblemente desprovistos en su desesperación. “Así que no me sorprendí cuando estas voces y la ciudad penetraron en mí como una obsesión, una pesadilla de confusión y un panorama onírico del trauma y los deseos que conforman el día a día de nuestras vidas desde que el tejido social del mundo que conocíamos antes del 2010 empezó a cambiar” (http://culpolgreekcrisis.com/2015/05/06/austeritys-city/).

Su poesía habla ahora de un “presente triturado por la violencia”, donde los bellos torsos de las esculturas antiguas plagan los sueños, muestra de que los logros del pasado son insuficientes e incompletos. Ve a los guardias armados que cruzan la calle con escudos en esa ciudad que se ha estado apagando a lo largo de los años. Ve que incluso los manifestantes están hartos y cantan “la revolución se está volviendo cansada”, la revolución que se ha vuelto casi un chiste, y que queda en las paredes como un “Que se joda el euro. Que se joda el FMI”.

Su poema mismo tampoco escapa a la desesperanza: la revolución, esa palabra sagrada en Grecia, significa que hay maneras de resistirse. Los griegos eran buenos para eso, se resistieron a Mussolini, retrasaron la expansión nazi. Y, sin embargo, al final la guerra continuó para todo el mundo.

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Cuando en enero de este año los griegos eligieron a Alexis Tsipras, y con él la promesa de terminar con la austeridad, a pesar de que las condiciones habían empezado a mejorar durante la segunda mitad del 2014, hubo muchos que celebraron esta elección como un “hasta aquí” a lo que se veía como la injerencia de Europa, y de la troika, en los asuntos internos de los griegos. Alkínoos Ioannides, cantante y compositor, expresó su júbilo en los siguientes términos:

¡Hoy respiré aliviado! Aunque me vuelva a hundir, tengo aire en los pulmones y alegría en el corazón. Hoy siento que ganamos una gran batalla contra el miedo, el mal gusto, la fealdad, la inmoralidad, la injusticia y la estupidez que nos empequeñecen.

Hoy espero que Europa se vuelva europea, y nosotros, parte de su sustancia.

Hoy repatrío los sueños, los planes y las esperanzas que había puesto fuera, en el momento en que me preparaba para cumplirlos en el extranjero.

Hoy espero que por fin se eleve el nivel de la palabra política.

Hoy, por fin, espero.

Y deseo que el hoy continúe en el mañana” (http://www.alkinoos.gr/el/news.html).

Sin embargo, poco más de un mes después, a principios de marzo, Ioannides escribía una carta abierta pidiéndole solidaridad a esa Europa que condenaba a los griegos a pasar hambre para pagar las deudas creadas por una minoría rica:

Escribo desde una orilla de Europa que ha sufrido mucho durante décadas y que hoy pelea por su sobrevivencia y su dignidad: Grecia, que lucha en una Europa fría y antieuropea. Estamos empobrecidos, desamparados y humillados, casi inermes frente al poder de los medios internacionales y de los colosos económicos. La troika que ha gobernado efectivamente Grecia por cinco años ha sido responsable de la administración y la instrumentación de las brutales medidas de austeridad para lidiar con nuestra deuda.

Pero ¿quién paga realmente esta deuda? El pueblo griego, que trabaja más duro que los demás trabajadores en la Unión Europea, pero a quien se acusa de pereza y fraude. Durante los años de dominio de la troika el desempleo ha aumentado a 27%. El desempleo entre los jóvenes se acerca al 60%. Uno de cada cuatro griegos vive por debajo de la línea de pobreza.

El pueblo griego no quiere que el dinero de los contribuyentes de otros países termine en las bóvedas de los bancos y las instituciones que crearon la crisis. No se les puede permitir que se beneficien dos veces.

Somos un país pequeño. Nuestros poderes son limitados. Nuestra voz no es fuerte. No tenemos muchos aliados en nuestra lucha. Pero la justicia de nuestra causa, nuestra necesidad de dignidad, nuestra esperanza de una Europa humana, el apoyo de quienes entienden lo que realmente está pasando, nos dan la fuerza para continuar y para seguir esperando.

Les ruego su solidaridad con la lucha urgente, difícil, digna y justa del pueblo griego, que es, también, la de cada ciudadano (https://www.opendemocracy.net/can-europe-make-it/alkinoos-ioannidis/stand-in-solidarity-with-struggle-of-greek-people)

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Con una visión diametralmente opuesta, el escritor Petros Márkaris recuerda que en su libro Pan, educación y libertad(el tercero de su Trilogía de la Crisis) habla hipotéticamente de la salida de Grecia del euro, seguida de España e Italia. Y dice, en una entrevista del 8 de julio a El Mundo, que todo el día ruega porque no se haga realidad: “Deseo con todas mis fuerzas... que haya un acuerdo. Aunque no sea bueno... Necesitamos un acuerdo. Si no, Grecia se irá directo al garete”.

Para Márkaris, el gobierno de Tsipras perdió cinco meses preciosos. Desde la llegada de Syriza al poder no hay ni progreso ni avance. Y el país se encuentra ahora al borde del precipicio. Europa cometió un error: no haberles dicho a los griegos desde el principio que si no hacían las reformas no les darían el dinero.

“Si Grecia se encuentra como se encuentra no es por culpa de Alemania ni de los otros países de la Eurozona. Es culpa nuestra”.

Porque Tsipras, eso lo admiten incluso sus simpatizantes, ha exasperado a medio mundo, incluyendo a sus aliados de la izquierda europea: ha mentido repetidamente y ahora se encuentra en la posición de tener que instrumentar un acuerdo peor, para los griegos, que el que él mismo los incitó a rechazar hace un par de semanas.

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El escritor Takis Fotópoulos, por ejemplo, lamenta la pérdida de oportunidad que significa el hecho de que Tsipras no haya hecho más cuando, por ejemplo, visitó Rusia durante la primavera: “La reunión de Tsipras con Putin era una oportunidad dorada para tomar las medidas drásticas que demanda el momento histórico. Pero Tsipras ni siquiera mencionó el intento de la Elite Trasnacional de estrangular la economía griega si no se somete a las ‘reformas estructurales’, incluso cuando a Tsipras se le eligió para revertirlas” (http://www.inclusivedemocracy.org/journal/vol11/vol11_no1_Tsipras_wasted_a_potentially_golden_opportunity_for_Greece_in_Moscow.html).

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Un tema recurrente en la discusión sobre el pago de la deuda es el de las compensaciones que los griegos consideran que Alemania les debe, a partir de los préstamos forzosos que exigió durante la ocupación de Grecia en la Segunda Guerra. Hay quien ha sugerido usar esos montos, actualizados al día de hoy, como instrumento de pago de la deuda griega. El escritor Yiannis Yfantis lo dice así: “El país líder de la Unión Europea nos debe el préstamo forzoso al que nos obligó durante la ocupación, el cual excede nuestra supuesta deuda. Y no nos lo regresa, alegando el derecho del más fuerte. Incluso cuando ese país, durante la ocupación nazi, nos arruinó tanto mediante abusos bárbaros y ejecuciones de civiles, como a través de una absoluta catástrofe económica. A todos los países que invadió los indemnizó, excepto a Grecia”.

Yfantis sentía, en los días que precedieron a la última negociación, que había un esfuerzo de Europa para quitar de en medio al gobierno democráticamente electo de Tsipras: “Lo que vemos, quienes queremos ver, es que las autoridades, completamente inútiles, de una Europa ya no democrática, junto con los bribones locales, quieren llevar a este gobierno de izquierda democráticamente electo a la difícil situación en que necesite tomar medidas contrarias a las que desea y ha anunciado, con el objetivo de humillarlo y hacerlo de lado. Y ni siquiera les importa el pueblo griego”.

Cuenta que hace algunas semanas un pastor y campesino cretense le envió un poema sobre la zona euro. El pastor le decía que se siente atemorizado cuando ve televisión o cuando visita el café. Teme que la esclavitud, la pobreza, la humillación o la extinción se vuelvan permanentes. Pero cuando lo cubre el cielo estrellado de la noche le vuelven la fuerza y la claridad: no, no se tiene que ir de Grecia, tendrían que irse aquellos sin los cuales Grecia existió durante miles de años.

“Qué carga”, dice Yfantis, “ser poeta en un país donde la injusticia, diversión de canallas locales y extranjeros, se ha vuelto permanente” (http://ah-ach.blogspot.mx).

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Stelios Ramfos es uno de los más reconocidos filósofos griegos en la actualidad. Dice que la superficie de la crisis es económica, fiscal y, digamos, política; pero hacia adentro es espiritual, cultural; y en ese sentido cada vez que nos ocupamos de la superficie nos olvidamos de que por debajo de ésta existe una profundidad que es determinante, porque es esta profundidad la que define la mentalidad. Como la evasión fiscal, que no es fundamentalmente un problema económico sino uno de actitud. Si queremos encontrar una solución debemos naturalmente insistir en los temas económicos; pero tenemos que tomarnos muy en serio los aspectos espirituales o no encontraremos la salida.

El papel de Grecia debe ser el que históricamente desempeñó como puente entre Oriente y Occidente, y esto necesita cuidarlo como a la niña de sus ojos; pero necesita merecérselo. El mayor problema de los griegos no es simplemente recuperar el respeto por nosotros mismos, sino, por fin, reconquistar la confianza perdida de los demás.

(http://www.intelligentlife.gr/FEATURES/STELIOS-RAMFOS.html)

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El acuerdo que Tsipras firmó durante la larga noche del domingo parece el paquete de ayuda que Europa propondría para un pequeño país africano: como si los destinatarios fueran menores de edad o una población tan dañada que es incapaz de valerse por sí misma.

Ramfos insiste en que es momento de dejar de cargarles los problemas a los demás: “la griega es una sociedad con un sentido de la responsabilidad atrofiado pero con un sentido exacerbado de los derechos y los intereses. Cuando uno no tiene obligaciones se comporta como animal, mientras que cuando no tiene derechos, lo tratan como a animal”. ¿Será que es esa brecha en la ciudadanía lo que Europa está tratando de compensar?

Habría que preguntarse, en todo caso, si Tsipras estaba consciente de cómo termina la historia de Antígona.