ENTREVISTA | POR ANGÉLICA ABELLEYRA/ LABERINTO

Su trabajo artístico trasciende el grabado, el óleo y el estuco y hace convivir a vírgenes y toreros, luchadores emplumados y serpientes derrotadas. Dice que no sabe si alguna vez cayó en las redes de “lo oaxaqueño” vuelto folclor y misticismo que empacha de clichés.

Demián Flores: el espejo, la calle y el arte

El artista mexicano Demián Flores.
El artista mexicano Demián Flores.

Ciudad de México

Su trabajo artístico trasciende el grabado, el óleo y el estuco y hace convivir a vírgenes y toreros, luchadores emplumados y serpientes derrotadas. Dice que no sabe si alguna vez cayó en las redes de “lo oaxaqueño” vuelto folclor y misticismo que empacha de clichés, pero asume que le toca desarrollar el arte que presencia una realidad y busca vincularse al conocimiento y los públicos. Por ello, Demián Flores Cortés (Juchitán, 1971) impulsa desde hace nueve años en la ciudad de Oaxaca, y tres años en el corazón de un barrio de Xochimilco, funciones de cine para niños, talleres de grabado para jóvenes, charlas sobre el cuidado del agua y el ambiente. Y con el jolgorio de un sonidero móvil que lleva la bendición sui géneris de un San Dámaso que mezcla al danzante conchero con un DJ–mambo, el creador gráfico es parte de un colectivo que deambula por las calles oaxaqueñas y xochimilcas para invitar a la gente a relacionar el arte con su vida cotidiana.

En ese tenor de arte en colectividad que va de La Curtiduría en Oaxaca a La Cebada en Xochimilco, Demián Flores llevará a la 12ª Bienal de La Habana —a partir del 22 de mayo— un proyecto itinerante de “gráfica móvil” para reivindicar el carácter anónimo, gratuito y masivo del grabado en linóleo, el que alguna vez enarboló como bandera el Taller de Gráfica Popular (TGP) en México. Y animará al público cubano —si es que hiciera falta— a que haga su propia reproducción de placas elaboradas por 250 artistas que Flores convocó para crear un grabado de 10 X 10 cm. que no lleva firma y será seleccionado por los públicos a partir del puro gusto —o disgusto— de los trazos de Francisco Toledo, Betsabeé Romero, Roberto Turnbull y cientos más, incluido él mismo.

“Cuando me invitaron a la Bienal nunca pensé en hacer talleres de gráfica porque no le vi sentido”


Además de un mini tórculo y miles de hojas de papel Revolución para hacer las reproducciones gratuitas, Flores y su equipo harán un recorrido en triciclo con sonido, en el que además de esparcir música para el bailongo seguro entre l@s cuban@s, la hará de dispositivo para hacer rodar el taller gráfico, regalar obra e involucrar a los artistas locales y extranjeros que caminen por La Habana vieja.

 

El anonimato artístico en una isla rumbera

Dos son los proyectos que el oaxaqueño desarrollará junto con otros colegas en la isla caribeña, a donde va como invitado. El primero es la creación del mencionado archivo de imágenes que recupera los conceptos del TGP. Flores estará acompañado por Norberto Treviño y Jesús Soto, integrantes del Taller de Gráfica El Chanate, con sede en Torreón. El segundo será “el intercambio de imaginarios” entre Rolando Martínez y Byron Jiménez, miembros de La Curtiduría, quienes ofrecerán su trabajo de rotulistas a los cubanos del comercio informal o formal, a partir del diálogo, el intercambio de referentes y la posibilidad de motivar espacios autogestivos.

“Cuando me invitaron a la Bienal nunca pensé en hacer talleres de gráfica porque no le vi sentido”, explica. “Preferí lanzar un proyecto para revisitar algunos conceptos del TGP; un taller adelantado a su tiempo, donde se pusieron sobre la mesa algunos principios que hoy se utilizan en la gráfica como práctica artística contemporánea: la democratización de la imagen, la gratuidad, el anonimato, la masividad y la conexión con movimientos sociales. Además, me importa regresarle el sentido a la imagen por su contenido y no por una firma, que es lo que antecede al mercado”.

Desde 1997 no ha vuelto a Cuba, aunque mantiene relación con varios artistas caribeños. Aquel año ganó el Concurso Latinoamericano de Grabado La Joven Estampa, organizado por Casa de las Américas. “Soy un artista creado a partir de una vida cultural y no por un mercado. Eso me ha permitido desplazar mi trabajo a dinámicas como las bienales y a proyectos vinculados con la sociedad, como en el caso de esta bienal que busca más la calle que espacios en galería. Así, esta participación me parece una extensión del trabajo que he realizado en La Curtiduría y en La Cebada. Mi obra quiere ser espejo de lo que vivo, así que estoy creando de la misma manera con mi obra personal que si doy un taller infantil o platico con la gente en Xochimilco. Soy yo todo el tiempo y es parte de mi proceso. Es una gran mentira pensar en el artista trabajando todo el día con materiales. Mi trabajo hacia afuera me permite tomar distancia de mis propios procesos plásticos y tener lecturas puntuales y sosegadas”, reflexiona quien acudirá al encuentro artístico al lado de otros mexicanos también invitados: Carlos Amorales, Sandra Calvo, Gilberto Esparza, Héctor Zamora y Dr. Lakra. Por su parte, Gabriel Kuri y Abraham Cruzvillegas formarán parte de otros proyectos colectivos.

 

La Cebada: del gris asfáltico al caleidoscopio

Lo primero que nos recibe es un triciclo de colores patrios, vestido con una enorme bocina frontal. Se llama Sonoro Rugir del Cañón y se adorna con un San Dámaso que hace honor al Pérez Prado que revolucionó de tantas maneras la música y la movedera de pies y caderas. Es el sonidero que recorre el barrio de San Lorenzo La Cebada, Xochimilco, para invitar a los vecinos a escuchar música o poesía, que invita a cierto taller, plática o función de cine infantil. Y junto al triciclo que es réplica de los bici–taxis que pululan entre el vecindario, una veintena de butacas rojas invita a sentarse a ver las películas que much@s disfrutan cada fin de semana donde antes hubo una accesoria y hoy es un “Espacio de Relación Comunitario” que busca aliarse con la gente de a pie.

Este es un barrio sureño plagado de casas auto construidas, asentamientos irregulares, delincuencia y drogadicción. Demián vino a vivir por los rumbos del sur defeño para estar cerca de sus hijos, y encontró este local que le vino como anillo al dedo para hacer un centro hermanado en sentido y alcances con La Curtiduría, con vida prolífica en la capital de Oaxaca. 

Una treintena de niños de seis a doce años acude los sábados a La Cebada a tomar algún taller gratuito de pintura y dibujo, o se entretiene con las charlas y experimentos científicos que ofrecen especialistas de la UNAM. Cuando se organiza una exposición gráfica, el inmueble crece hacia la calle gracias a la carpa que expande sus dominios en la acera. Y ahora este crecimiento expositivo será más contundente ya que uno de los proyectos consistirá en montar exhibiciones en los espacios habituales del barrio: la fonda, la panadería y la tienda de abarrotes. “Los propios artistas nos hemos dedicado a desvincular el arte con la gente, que es la relación primigenia del arte. Esta desconexión existe  porque se ha institucionalizado el arte, con un desarrollo separado de la sociedad. Es cierto que no es solo responsabilidad de los creadores o de la gente ‘que no entiende’ sino de la deficiente educación a todos los niveles y de que se ha desatendido del arte como forma de conocimiento”.

“Esperamos que los proyectos creen sus propios espacios de sustentabilidad y quizá más adelante tenga diferentes apoyos”,


Con La Cebada, Demián Flores procura incidir entonces en esta vida de barrio donde el arte sea visto como una parte integrada y orgánica. Y más que “acarrear” invitados a las exposiciones, que acuden solo el día de apertura y escasamente vuelven, planea sus entusiasmos en una agenda próxima que contemplará talleres de gráfica con el uso de materiales no tóxicos, otro dedicado a la confección de libros (lunes), uno más de grabado abierto a todo público (miércoles) y varios con atención especial a los jóvenes —tan desatendidos por estos rumbos—, con charlas y funciones de cine (viernes).

Por el momento, la infraestructura física, económica y hasta emocional de La Cebada corre por cuenta de Flores y su equipo cercano. No han recibido patrocinio de organismo alguno. “Esperamos que los proyectos creen sus propios espacios de sustentabilidad y quizá más adelante tenga diferentes apoyos”, dice Demián, al mencionar la diferencia frente a La Curtiduría, que  cuenta con soporte a través de fundaciones (Gigante, Harp y Jumex, entre otras) y becas (FONCA), junto a los espacios autogestivos de jóvenes que llevan sus talleres a Tlaxiaco y Tlacolula.

Justo este año, en este espacio curtido se abrirá una tienda que permitirá vender sus productos a los colectivos artísticos y a los artesanos. Además, cabe resaltar la tarea formativa que ha impulsado —con validez oficial a través de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca— a través de las Clínicas de Especialización en Arte Contemporáneo, de donde han egresado alrededor de 80 jóvenes que desde 2009 diseminan sus saberes en espacios museísticos, promotorías culturales y proyectos educativos dentro y fuera del propio estado.

Su familia juchiteca es de comerciantes y su padre morelense es poeta, así que Demián Flores creció en ambos universos. Con la Papelería y Ferretería del Istmo, la tienda por excelencia en las cercanías del palacio municipal, el niño se empapó los ojos de imágenes de toda clase de objetos, etiquetas y manuales engalanados con grabados antiguos y hermosísimos. Esa imaginería lo conformó hasta los trece años, así como las revistas que llevaba su padre, hasta que empezó a viajar entre las ciudades de México y Oaxaca. Estudió Arte en la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la UNAM, y tuvo residencias en París, Londres y Nueva York. Además de lo visto en la tienda añeja, se enriqueció con la obra de Alechinski y Durero que colgaba de los muros de la Casa de la Cultura de Juchitán, al hojear las revistas Guchachi’reza y El Alcaraván, impulsadas por Francisco Toledo (su mentor y guía en muchos sentidos, desde la edad de 18 años, cuando lo conoció en el silencio de su Jardín de las delicias); al acercarse en libros a su paisano Sotero Constantino y saber que una imagen de su abuela la había tomado aquel fotógrafo que ahora le animó a desarrollar una serie de pinturas a partir de esa toma y sus recuerdos.

“Me gusta que cada proceso de trabajo sea muy concreto y me lleve a una exploración que intenta alcanzar límites. Eso me permite cerrar temas y no volver a utilizarlos, al menos conscientemente. No creo en el estilo pero sí en la libertad creativa. Claro que, a la larga, uno ve un hilo conductor: la reflexión sobre el mestizaje, la memoria, el territorio, el desplazamiento y el sentido de pertenencia. Como me sitúo en el punto en que el arte es espejo de lo que uno es, hablo de lo que me ha tocado vivir y, a partir de esa singularidad, trato de abordar problemáticas globales. Mis comentarios de lo propio se suman a lo que nos atañe a todos como personas”, cierra este creador que trata de revitalizarse todo el tiempo.

Para más información, puede consultar www.bienalhabana.cult.cu/www.la-cebada.blogspot.mx, /www.lacurtiduria.blogspot.mx / www.demianflores.com