Leonardo, Rafael y Caravaggio en “alta fidelidad”

En el Cenart se exhiben 57 pinturas y frescos de estos tres grandes maestros del Renacimiento, gracias a la tecnología reprográfica más avanzada que por primera vez llega a México.

Ciudad de México

El nombre de la exposición le da mucho sentido: Leonardo, Rafael y Caravaggio: una muestra imposible, porque resultaría demasiado complejo tratar de reunir en un mismo espacio la obra de tres artistas fundamentales del Renacimiento, cuyas creaciones, además, se encuentran repartidas en diferentes recintos, lo mismo en museos y recintos históricos, que en iglesias y colecciones privadas localizadas en diversos países del orbe.

Una muestra que ha sido visitada por cerca de 80 mil personas desde su inauguración en el Centro Nacional de las Artes (Cenart), una de cuyas características es que permite a los espectadores apreciar en las obras detalles que suelen resultar imperceptibles a simple vista, debido a la alta tecnología con que fueron elaboradas, a lo cual habría que sumar las condiciones de seguridad que rodean a los originales, lo cual muchas veces dificulta estar cerca de las piezas.

Se trata de una exposición integrada por reprografías de 57 pinturas y frescos de estos tres grandes artistas, reproducidas en rigurosa escala 1:1 y en alta resolución, a partir de un proyecto impulsado por Radiotelevisione Italiana (RAI), con el alto patrocinio del Presidente de la República Italiana.

La idea de este proyecto vino de Renato Parascandolo, quien cuando fungía como director de los programas educativos de la televisión pública italiana, la RAI —entre 1998 y 2002—, se preguntó cómo difundir el conocimiento de la historia del arte, sobre todo entre aquellos que nunca han visitado un museo.

Desde aquellos años comenzó a germinar el proyecto, en el cual no solo se involucra una parte estética e histórica, por la trascendencia de los creadores elegidos para integrarlos al proyecto, sino incluso tecnológica, porque involucra a las nuevas tecnologías.

“He reflexionado sobre la importancia que ha tenido la invención de la estereofonía y de la High Fidelity (alta fidelidad) para la música sinfónica y dije: probemos crear el equivalente de la alta fidelidad en la reproducción de las obras de arte”, explicó vía correo electrónico.

“Pensé también en la creciente dificultad de preparar montajes con obras originales, en las comprensibles resistencias de los directores de museos para prestar las obras, en los altos costos de los seguros, de los transportes y, en consecuencia, del aumento en el precio de las entradas. ‘Las muestras imposibles’ nacieron de estas consideraciones”.

En colaboración con el Instituto Italiano de Cultura, Leonardo, Rafael y Caravaggio: una muestra imposible es presentada por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), a través del Centro Nacional de las Artes, donde se mantendrá en exposición hasta abril próximo.

 

¿Cuáles fueron las principales dificultades que enfrentó para su desarrollo?

La principal dificultad consistió en realizar las reproducciones, de manera que fueran verosímiles a las originales, pero, al mismo tiempo, que no dieran la impresión de ser “copias falsas”. Debo confesar que para obtener la calidad que teníamos en mente tuvimos que jugar a prueba y error. El kitsch está siempre a la vuelta de la esquina cuando se manipulan las nuevas tecnologías de la comunicación. No obstante, la revolución digital nos ha permitido alcanzar resultados impensables hace 20 años. Ganarse el reconocimiento de los historiadores más influyentes del arte italiano e internacional tampoco fue fácil. Ha sido una gran emoción recibir los elogios entusiastas de personalidades como Denis Mahon, Salvatore Settis, Ferdinando Bologna y Dominique Fernandes.

 

Desde su perspectiva, ¿qué se gana y qué se pierde con una exposición de este tipo?

El valor agregado de las muestras imposibles está en el nombre del proyecto: ni Caravaggio o Leonardo pudieron nunca ver todas sus obras juntas en un mismo lugar y al mismo tiempo. Por no mencionar la emoción que suscita en los visitantes al encontrarse de frente a las obras maestras que se encuentran dispersas en decenas de museos en diferentes continentes, reproducidas fielmente en tamaño real y ligeramente retroiluminadas (un recurso que hace que las obras originales sean más sugerentes, pues a menudo están mal iluminadas, especialmente en las iglesias).

Lo que se pierde es lo que Walter Benjamin llamó ‘aura’, el halo de santidad que rodea a la obra auténtica, su singularidad. Es la misma diferencia entre el manuscrito de un poema y su versión impresa. Y, sin embargo, sin Gutenberg no habríamos tenido la modernidad, la Ilustración y la cultura de masas. En conclusión, podemos decir que la fruición de la obra auténtica es esencialmente estética, mientras que la reproducción se refiere más a la esfera de la política, el contexto social y psicológico y el entorno en el que el artista vivió. Sin embargo, el asombro que despierta una obra maestra estará siempre en primer plano.

 

¿De qué manera se puede comparar la mirada virtual, que se produce a través de ésta exposición, con la que hacemos cuando estamos frente a la pintura?

No me extiendo más en la diferencia entre la obra original y su reproducción, por muy perfecta, es obvio que no hay nada comparable a la obra auténtica. Desde hace más de un siglo se fotografían obras de arte pero hasta ahora todo el trabajo de un artista podía ser admirado solo en un libro de arte donde los tamaños y colores se encuentran distorsionados y la reproducción no está bien definida. “La muestra imposible” es en sí misma una realidad “única”, es la creación de un espacio real —de una realidad virtual— en el sentido de que nunca existió.

 

Sabemos que ya trabaja con la obra de otros artistas italianos, ¿cómo va esa parte de su trabajo?

El proyecto de las muestras imposibles ha sido testigo de un archivo de 14 mil reproducciones de obras de arte presentes en 150 museos italianos. A partir de este archivo de la RAI se pueden realizar innumerables muestras dedicadas ya sea a un solo artista, ya sea a un tema determinado. Pero mi próximo desafío es “el museo imposible”, un lugar que recolecte las obras completas de 15 o 20 grandes artistas de todos los tiempos.

Una exposición que requiera una visita de al menos tres días y que ofrezca a los visitantes servicios de recepción, restaurantes, cines que proyecten películas y documentales sobre la vida de los artistas de la muestra, performances de grandes actores de teatro que pongan en escena su personalidad, dramas, vida afectiva; instalaciones multimedia y tridimensional que aprovechen los lenguajes de las nuevas tecnologías para ampliar el horizonte del sentido y de la comprensión de la obra de arte.

Y también, bibliotecas y librerías, salas de música, inspiradas en la pintura, lecturas en voz alta de poesía y de novelas, etcétera. Si te digo la verdad, me gustaría desafiar a Disneylandia contraponiéndole una visión humanística y no comercial, de servicio público como lo es la RAI: que estimule a los niños a crecer y no que los padres se conviertan en niños, un enfoque más cercano a nuestros valores y a nuestros ideales de formación crítica y sensibilidad estética.

 

 

Leonardo, Rafael y Caravaggio: una muestra imposible está albergada en diferentes salas del Centro Nacional de las Artes: Central, Juan Soriano, Arte Binario y Espacio Alternativo, donde también se organizaron diversas actividades paralelas, como proyecciones de videos y charlas alusivas a la muestra y los artistas, que se llevan a cabo todos los miércoles.