ENTREVISTA | POR MIRIAM CANALES/ DOMINICAL

José Ignacio Solórzano, caricaturista y colaborador de MILENIO habla sobre su libro Sexo: A eso sabe la reina, una colección de imágenes extraídas de sus personales gustos eróticos, por lo que advierte: “Todo aquí se enfoca en la gozadera de cuerpo”

El trabajo artístico tiene algo de exhibicionista: Jis

José Ignacio Solórzano, 'Jis'.
José Ignacio Solórzano, 'Jis'. (Giorgio Viera)

Ciudad de México

Jis “lo hace” de nuevo. Por esta ocasión se despoja de su mancuerna con Trino y emprende un proyecto individual y atrevido bajo el título Sexo: A eso sabe la reina (Sexto Piso, 2014). Un libro que remite a una colección de fantasías, recuerdos y experiencias eróticas. Él conoce el sabor de la soberana y aquí lo explica “como algo que ya se veía venir”.

“Estas son mis mañitas, lo que me gusta, lo que me excita y lo que pienso a la hora de una puñeta. Era privado, pero ya es del dominio público; una cosa esquizoide”. Menciona José Ignacio Solórzano (Guadalajara, 1963), caricaturista tapatío cuyo trabajo es bien conocido por diarios nacionales como MILENIO y poseedor de una imaginación muy singular, distante de los cartones y el humor político cotidianos. El libro está prologado por el artista gráfico Abraham Cruzvillegas y fue editado por el ilustrador Alejandro Magallanes.

El sexo es “sucio”, el sexo es “pecaminoso”, el sexo vende, el sexo es gozo y diversión. Jis conoce bien estos elementos y los hace converger entre la dualidad de sentirse libre y pudoroso de manera simultánea, como persona y artista. No obstante, su material, privado durante años, se abre como una caja de Pandora resguardada desde su etapa de juventud hasta la actualidad. “Aquí todo está enfocado a la parte de la cogedera, el sexo, la agarradera, la gozadera del cuerpo”.

Ilustraciones que datan desde inicios de los ochenta, donde se evidencia un trazo incipiente; otras extraídas de su diario, y unas más de su presente como dibujante consolidado bajo una técnica más profesional, conforman la obra. “Yo soy de naturaleza tímida, pudorosa. La expresión tiene esa cualidad que le permite a uno mostrar lo que es a veces en la vida. El trabajo artístico tiene algo de exhibicionista y uno muestra sus obsesiones, mañas, fetiches”. Explica tras nacer y críarse en una ciudad como Guadalajara, cuya sociedad se estereotipa de religiosa y mojigata. Su mente y espíritu son más libres y desprenden sus diablillos más allá de la represión.

No se trata de un libro de humor, olvídense aquí de historietas como El Santos, La chora interminable y otras afines. Aquí se trata de un acervo de intimidades que presenta sus prácticas predilectas y situaciones de pareja en ambientes estrafalarios. “Para mí, ésta es una expresión de vivir el erotismo y la forma en que me ha tocado excitarme, divertirme y obsesionarme con cuestiones sexuales y en específico con la mujer”.

“Otra de las cosas chingonas en general del ser humano y en particular de la hora del sexo es lo emparentados que estamos con los animales. Aunque nos sintamos elevados somos muy primitivos y ellos también son elevados”. En estas páginas abundan zorros, conejos, perros y hasta híbridos: “Esta es una fiesta de la cuestión humana, un carnaval de formas. Entonces, para el monero es una herramienta, una tentación irresistible hacer estas metamorfosis; es algo mitológico, de orgía, de fusiones y significados que nos pueden ayudar a entender aspectos nuestros. Yo tengo gatos en mi casa y adrede dibujo animales que no se sepa qué son. También hay culebras, changos, arañas, moscas…”.

Su pincel plasma por igual semen, saliva, fluidos vaginales y mocos: “Esto es mucho de lo que yo he vivido en la sexualidad. Tiene que ver con esta cosa del tímido nerd que está en su habitación masturbándose y teniendo deseos. La cámara es una muy buena manera de representar esa cosa de estar viendo, de estar fijando”. Se refiere a sus personajes que en repetidos cartones fotografían o se dedican a observar y espiar a otros durante el acto sexual.

Otra de sus aficiones vouyeristas era retratar mujeres desnudas bajo su óptica como fotógrafo e ilustrador. “En alguna etapa de mi vida sí llegue a tomar fotos sensualonas con amigas o parejas, pero no todo lo que se ve ahí fueron tomadas por mí. Soy totalmente un aficionado calenturiento. Muchas fotos las atesoro, pero es mucho más difícil mostrarlas; me ganó una especie de escrúpulo al presentar a las mujeres, por eso la mayoría están intervenidas”.

Aun cuando el contenido es explícito, con imágenes grotescas y difusas de chicas con quienes se ha involucrado íntimamente, Jis mantiene sus principios y es consciente cuando puede dañar a alguien: “Hay una parte que yo mismo saqué del libro porque era demasiado intima. En ese sentido no me considero tan desvergonzado y valemadre como otros artistas que sí pueden llegar a extremos muy fuertes, como Robert Crumb. Me impresiona realmente lo que veo en su capacidad para estar exponiéndose sin cortapisa. Usa material que es de su vida íntima y no se toca el corazón ni con él ni con quienes participaron”. Quien escribe estas líneas le comenta con ironía que Crumb no se toca el corazón pero sí las partes íntimas y el bolsillo. Jis ríe en respuesta y aun así lo considera como uno de los grandes ilustradores actuales de Estados Unidos a quien admira.

Sus fetiches personales son cosa seria: “Me gustan los pies y las mujeres descalzas o dormidas como La bella durmiente, el goce femenino me fascina. Me excita la forma en cómo las mujeres pueden entrar en unos trances más poderosos que los hombres; sus expresiones me recuerdan mucho cuando están en el orgasmo y fuera de sí. Veo a las mujeres como seres más desarrollados sensualmente y eso es muy fuerte”.

Como un melómano incurable, la música es parte fundamental en su vida y aún más a la hora de la carnalidad, que puede aderezar con bossa-nova: “Depende de la pareja, del momento y los ánimos. Puede quedar de todo, pero por ejemplo el soul es muy evidentemente de alcoba, pero sería mejor una música portuguesa. Me gusta la sensualidad, pero también un buen tecno pone en un estado frenético. Casi depende de por dónde le entres”. También sugiere recurrir a discos como The sensual world y Aerial, de su ídolo Kate Bush, y Woman, de un dueto canadiense llamado Rhye.

Inquiero sobre sus posturas preferidas, que recomiende alguna para desarrollar y otra para evitar. Jis reflexiona, hace un silencio largo y responde medio en serio, medio en broma: “¡Recomiendo dejarse envolver por una mujer calamar! (risas). Una que no recomendaría es pretender dominar a una mujer vampiro”.

Pero tú no has tenido encuentros con mujeres vampiro… ¿o sí?, le pregunto: “Esteee… ¡no voy a mencionar detalles!”, insiste y ríe de nuevo.

 

¿A qué crees que se deba que aquí en México el humor de los caricaturistas no sea tan directo con la relación religión-sexo? Charlie Hebdo sí lo hacía con los católicos. ¿Crees que en este país sí hay algún tipo de pudor al respecto?

La verdad no le he dado muchas vueltas al tema. Quizá acá estamos quedando a deber en provocaciones sexuales, blasfemias o vulgaridades de verdad pesadas. Aunque hay varios caricaturistas políticos muy aguerridos, y periodistas por supuesto.

 

Tu humor no es político, ¿pero entonces consideras que hace falta quizá más osadía, más perversidad incluso, para llegar a esos mismo niveles de provocación?

No tengo idea. Cada artista debe hacer lo que le apasione. Y si lo que le apasiona a uno no es provocar, saldría muy forzado el asunto. El humor tiene muchas caras, muchos tonos; implica diferentes tipos de búsqueda. Y por supuesto una de las muy importantes es la provocación. Y cuando aparecen tipos que lo hacen de forma chingona como Charlie Hebdo, qué maravilla. Pero no debe convertirse en un imperativo. Eso sí, ojalá que a los genuinos provocadores y artistas del reto y el desplante pesado no les gane el miedo, porque los que estamos escondidos atrás de los arbustos tenemos puestas nuestras esperanzas en ellos.