Ana, el regreso

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Casa Museo de la Familia Frank.
Casa Museo de la Familia Frank. (annefrank.org)

Ciudad de México

Como suele suceder cada que dice o hace algo, muchos le recordaron a su madre a Justin Bieber. Como siempre, también con sobrada razón. Hace un par de años andaba por Ámsterdam y se le ocurrió visitar la Casa Museo de Ana Frank. Brillante como es, imaginó a la pequeña heroína como una de sus fanáticas. Cuando trascendió su puntada le cayeron rayos y centellas de todas partes. Acostumbrado a desatar tormentas perfectas, el cantante canadiense sabe como atemperar sus efectos. Hace poco pidió perdón en las redes sociales por sus defectos, que no son escasos. Ana Frank no habría pasado por alto su banalidad ni sus intentos por aprovecharse alegremente de su imagen. Tal vez le habría recordado a su progenitora.

Ana Frank ha sido durante décadas una figura heroica. Traducido a unos 70 idiomas, su Diario es una lectura obligada para millones de adolescente en todo el mundo, que recorren a través de sus páginas los días del infierno nazi. Escrito en un reducido escondite en Ámsterdam durante poco más de dos años, entre 1942 y 1944, el libro fue publicado por Otto Frank, el padre de Ana, un par de años después del final de la Segunda Guerra Mundial, cuando prácticamente toda su familia había sido exterminada por los nazis.

Por la Casa Museo donde se escondieron los Frank en esos días desfilan alrededor de un millón de visitantes cada año. Ahí habrían sido hallados los textos originales del diario de Ana, así como montones de papeles, cartas, fotografías y libros que fueron reunidos inicialmente en el Fondo Ana Frank de Basilea, en Suiza, y cedidos en 2007 a la Fundación Ana Frank de Holanda, gestora de la Casa Museo de Ámsterdam. Después de un litigio iniciado tres años más tarde, el Fondo Ana Frank recuperó en 2013 el acervo. Hubo algunos gritos y sombrerazos entre los representantes legales de ambas instituciones, pero se impuso finalmente la postura indignada de los suizos: desde los atractivos turísticos de la Casa Museo, los holandeses habían convertido a Ana Frank en una suerte de jugosa franquicia comercial que para bien o para mal saltaba lo mismo de las series de televisión a los foros teatrales, los documentales, las películas de ficción, los libros ilustrados y los escenarios operísticos y de danza. La ejecución de la sentencia entró en vigor en enero del año pasado.

Pero no cabe duda de que Ana Frank sigue siendo un negocio, administrado ahora por otras manos no menos ambiciosas. Con la complacencia del Fondo Ana Frank, titular de los derechos de autor de todos los escritos de Ana, se está filmando en estos días en Ámsterdam una película alemana, sí, alemana, sobre su vida. La producción ha centrado sus actividades en las inmediaciones de la Casa Museo y ha evitado utilizar sus espacios interiores. Dicen que su fachada ha cambiado mucho desde los días del nazismo.

Por supuesto, hay quienes piensan que en realidad las cosas no han cambiado para nada.

 

*Profesor-investigador de la UAM-Iztapalapa