¿Es realmente cine 'mexicano'?

Ambos mundos
González Iñárruti, director de "Birdman".
González Iñárruti, director de "Birdman". (Especial)

Ciudad de México

Con la lluvia de Oscares para González Iñárruti un año después de la consagración de Alfonso Cuarón, me pregunto si todo ese éxito es endosable exclusivamente al cine mexicano o si obedece a una categoría distinta que podríamos llamar “cine gringo hecho por mexicanos”. Creo que opto por la segunda opción, sin que esto reduzca o demerite en lo más mínimo, sino todo lo contrario: más bien refuerza la idea de que la cultura es transfronteriza y que el nacionalismo en las expresiones artísticas es tan vacuo como en cualquier otra manifestación de la vida.

Es innegable que ambos filmes llevan el sello de Hollywood, y no solo por el hecho de que la nacionalidad de las películas premiadas sea norteamericana (así aparece en la ficha técnica de Birdman y de Gravity), o que los actores, los medios de producción y el idioma sean norteamericanos. Esto es una evidencia, pero esas películas sobresalen por algo más y pienso que es ahí donde está el meollo del asunto: las historias. Es debido a ellas que los filmes son inolvidables. Y resulta que estas son originales de Cuarón y de Iñárritu. Claro, del modo en que se registra la autoría de un guión cinematográfico en el que, como se sabe, trabajan siempre muchas personas.

Creo que el cine norteamericano estaba llegando a un cierto estancamiento temático. Un ejemplo es la película El francotirador. ¿Cuántas veces hemos ya visto esa misma historia? Yo al menos tres veces. Y eso que estamos hablando nada menos que de Clint Eastwood, uno de los directores más originales de Hollywood. Es justo ahí donde los mexicanos sobresalen. Ellos traen sus baúles repletos de buenas historias y con ellas están permitiendo que ese mismo cine hollywoodense renazca, cambie de piel. No se trata necesariamente de historias mexicanas, y esto me parece importante. Son argumentos que ocurren aquí o allá, en el espacio interestelar o en las calles de Nueva York. Ya Hollywood no le pide a un mexicano que sea mexicano y por eso puede narrar el mundo desde cualquiera de sus rincones o desde el universo. El hecho de ser mexicano, esa cultura y esa experiencia y esa visión del mundo que probablemente le da a un artista el formar parte de ese magma cultural tan abigarrado y complejo, los lleva a cierta estética, al desarrollo de una psicología y visión del mundo propias que, por supuesto, destaca en medio de la cansada psique de Hollywood. No es la primera vez que esto sucede. Recordemos que Billy Wilder, quien retrató como ninguno a la sociedad norteamericana, llegó a Estados Unidos a los 28 años proveniente de Austria y de la Berlín prefascista.

Guardando las proporciones, esto puede ser comparable a lo que pasó en la lengua española con la llegada de los escritores latinoamericanos en el siglo XX: la relectura que Borges hizo de Cervantes y la que Lezama Lima hizo de Góngora (Goytisolo dixit) hicieron renacer el idioma, algo empolvado, y lo sacaron de un callejón sin muchas salidas.