El 'milagro' que elevará a los altares al niño cristero

Guadalupe sobrevivió a varios males y un infarto cerebral y, pese a que fue desahuciada, se recuperó luego de que su mamá la encomendara al mártir.

Zahuayo

Un milagro, así es como los mexicanos catalogan la inesperada recuperación de Ximena Guadalupe Magallón, una niña que a los cuatros meses de nacida sobrevivió a la meningitis, tuberculosis, convulsiones epilépticas y a un infarto cerebral.

Lupis, como le dicen, enfermó de lo que parecía ser una simple tos, aún así su doctor familiar sugirió que la hospitalizaran pues podría tratarse de una neumonía atípica. Los doctores descubrieron que se le estaba traspasando líquido a los pulmones, por lo que recomendaron una operación en la que le quitaron a la niña un pedazo de dicho órgano.

Al paso de los días la salud de la menor fue empeorando hasta que los doctores y enfermeras la desahuciaron.

"Mi hija tenía aparatos de los pies a la cabeza, nos dijeron que no existían esperanzas de vida, que todo lo que era humanamente posible se había hecho", narró Paulina, madre de la niña a MILENIO.

Ximena fue bautizada de emergencia en Sahuayo, Michoacán, y hospitalizada de nuevo. Devota de José Sánchez del Río —un niño de 14 años, originario de dicha ciudad, quien peleó junto a los cristeros y fue asesinado—, Paulina rezó cada uno de los días que su hija estuvo enferma y prometió al niño mártir que si Lupis sobrevivía, ella entregaría su vida a difundir su historia para que el mundo conociera a Joselito, como le llama.

Ximena tuvo afectaciones en 90 por ciento de su cerebro, lo que la dejó en estado vegetal, pero la fuerza y el amor de su familia siempre estuvieron con ella: "Cada vez que pasaba la imagen de Joselito por el rostro mi hija, ella hacía algo; el segundo día me apretó el dedo, el tercero movió su piernita y el cuarto abrió y cerró sus ojos", asegura Paulina.

Ella y su familia tuvieron que tomar la decisión de desconectarla y encomendarla a la virgen de Guadalupe, Dios y al niño mártir, relató.

Ximena Guadalupe despertó y sonrió: "Los doctores no sabían explicar lo que había ocurrido con mi hija, nos decían que le harían estudios, pues podía quedar con secuelas, pero ella había recuperado al 100 por ciento su cerebro", narró la madre.

La familia Gálvez asegura que fue el beato José Sánchez del Río el que intercedió ante Dios para que la niña recuperara su salud.

En la actualidad, la pequeña tiene siete años y acude a la escuela como una niña normal, tiene amigas con quienes juega a las muñecas y a la comida; sin embargo también es símbolo de fe y esperanza.

Peregrinos mexicanos y extranjeros visitan a Lupis; quienes acuden a la niña es para pedirle que interceda por ellos y sus familiares enfermos ante Joselito: "Cuando reza y le canta a su niño, le dice a Dios, tu sabes que se me olvida todo lo que piden, pero tú conoces lo que necesitan", señala Rocío Ávila, abuela de Ximena Guadalupe.

ESPERA AL PAPA

La pequeña asegura que espera ansiosa la visita que hará el papa Francisco el 16 de febrero a Michoacán: "Lo voy a abrazar tan fuerte que le voy a sacar el aire", advierte Lupis.

El 21 de enero el pontífice autorizó a la Congregación para las Causas de los Santos la promulgación del decreto que reconoce el milagro obrado por Dios mediante la intercesión de José Sánchez del Río.

A pesar de que la Iglesia no ha puesto fecha, ni lugar para que el beato sea canonizado, la familia Gálvez y los sahuayenses se sienten orgullosos de pertenecer a la tierra que vio nacer y morir al próximo santo mexicano.

José Sánchez del Río nació el 28 de marzo de 1913 en Sahuayo y transcurrió su vida allí, hasta los 13 años. Cuando el presidente Plutarco Elías Calles decretó la suspensión del culto público, Miguel, hermano de José, decidió tomar las armas para defender la causa de Cristo, misión que tomó posteriormente Joselito.

El 5 de febrero de 1928 los enemigos lo hicieron prisionero y fue llevado ante el general callista, quien mandó a encerrarlo en un calabozo de la cárcel de Cotija. Cinco días después le quitaron la planta de los pies con un cuchillo, lo sacaron del mesón y lo hicieron caminar hasta el cementerio, donde estaba cavada su tumba, mientras lo golpeaban y se burlaban.

Los soldados buscaban que el niño renegara de su religión, pero no lo lograron, ya que grito hasta el final: "Viva Cristo Rey, viva la virgen de Guadalupe", por lo que el capitán le disparó a la cabeza y el niño cayó en la tumba .