40 mil km contra la violencia

Dos mexicanas recorrieron 17 países de Latinoamérica en motocicleta hasta llegar a Tierra del Fuego, Argentina, con el fin de combatir las agresiones hacia el género femenino.

México

A proposito del día mundial contra la violencia hacia las mujeres, Lissete y Paulina, mexicanas, se montaron en sus motos y un buen día partieron de la capital del país para realizar un recorrido hasta “el fin del mundo”.

Fueron poco más de 40 mil kilómetros recorridos, cinco meses de llevar “encendida la sangre y ensanchado el pecho” por 17 países de América Latina hasta llegar a su objetivo: Tierra del Fuego. “Así nació la rodada al fin del mundo, por el empoderamiento y el derecho a una vida libre de violencia hacia nosotras”, comentó Lissete.

Por eso, para Lissete y Paulina esta empresa no solo fue un viaje de “ensueño”. También significó tener el goce de la libertad en sus manos y escaparse de las imposiciones sociales, ancestrales hacia la mujer.

 Ambas se resisten a quedar cruzadas de brazos ante el aumento creciente de la violencia hacia la mujer. Por eso montaron sus motos y salieron de México hacia Guatemala, para después pasar por Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Chile, Argentina, Paraguay, Uruguay, Brasil, Venezuela y Belice.

 Cómo no intentarlo para defenderse, para alzar la voz justo cuando una de cada tres mujeres mexicanas pide permiso para salir de día, cuatro de cada 10 para salir de noche, una de cada cuatro para hacer gastos…

 Por eso, Paulina Mendoza Ramos y Lisette González Juárez iniciaron su periplo en enero pasado y retornaron a territorio mexicano el 2 de junio del presente año.

 “No hubo un solo día que no supusieran un gran reto, malas carreteras, frío de muerte o calor infernal y animales cruzando por el camino cubierto de volcanes, ríos, sierras, lagos, la cordillera de los andes, la línea del ecuador, Río de la Plata y San Luis Potosí.

“Fue rodar con contratiempos, a contracorriente, pero con la mente puesta, firme en nuestro objetivo de expresarle al mundo un ya basta a tanta violencia, a toda ésta, ya sexual, ya física o emocional y de toda índole hacia la mujer”, dice Lisette en entrevista con MILENIO.

Cierto, agrega, “en este viaje llegué a sentirme rendida, de dejar que en mi mente se impusiera el aquí me bajo, hasta aquí llego, no más. Pero siempre terminó por imponerse mi compromiso social a favor de los derechos de las mujeres.

“Este viaje es más que doble porque mi propósito y mi lucha en ese sentido, siguen de pie, pero también porque lo costeamos solas, hospedaje, alimentación, combustible, mantenimiento de moto, seguros, trámites fronterizos… ahorramos durante ocho años y al final de ello debí renunciar a mi trabajo que tanto quería, que tanto me gustaba y satisfacía”, comenta Lisette

Como parte de las satisfacciones obtenidas, el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, les brindó un aplauso “por ayudar a cambiar mentalidades, por convertirse en agentes de cambio”.