La lucha de Hitler por 'Mi lucha'

Este año los derechos autorales del libro escrito por el líder nazi son ya del dominio público; ante ello, Alemania preparó una edición crítica y comentada que ubica el texto en su justa perspectiva

El 2016 se augura como año de revancha para Adolf Hitler, aunque la prensa española, en voz de Fernando Aramburu, ya se atrevió a descartar una hitlermanía. Este 31 de diciembre, después de más de 70 años de arraigo domiciliario en Baviera tras la muerte del Führer, su panfleto autobiográfico, Mein Kampf (Mi lucha), queda en libertad, pasa al dominio público al vencer el copyright en poder de ese estado, y arranca con una edición crítica, comentada por especialistas del Instituto alemán de Historia Contemporánea, a presentarse de inmediato en enero.

Sin embargo, la edición de esa institución alemana no es la primera “crítica y anotada” en la historia del infame libro. A finales de la década de los treinta, un ex periodista estadunidense y luego senador por California, Alan Cranston, editó su traducción al inglés del panfleto con anotaciones y comentarios que advertían ya sobre Hitler, sus propósitos de controlar el mundo y su antisemitismo.

Y aunque parece humor negro, la edición “crítica” de Cranston, ex corresponsal de UPI en Alemania, desató la ira del Führer, quien antes de lanzar la Blitzkrieg e invadir Polonia el 1 de septiembre de 1939, lo que dio inicio a la II Guerra Mundial (1939-1945), se acogió a las leyes de Estados Unidos para defender sus derechos de autor... Y ganó. El juicio, conocido como “Houghton Mifflin Co. vs Stackpole Sons, Inc. et al”, se registró el 9 de junio de 1939 en una corte de apelaciones de Connecticut.

Hace 15 años, en una plática con Harry Kreisler, director ejecutivo del Instituto de Estudios Internacionales en la Universidad de California y creador, productor y conductor de la serie televisiva Conversaciones con la Historia, Cranston dio su versión de la razón por la cual había decidido traducir al inglés y editar Mein Kampf y sobre el juicio promovido por Adolf Hitler para defender sus derechos como autor del libro más infame de la historia. Las palabras de Cranston, que pueden encontrarse en internet junto con una copia de la demanda judicial, son tan elocuentes que se reproducen aquí íntegras:

“Mientras trabajaba como corresponsal extranjero, leí Mein Kampf, de Adolf Hitler, el libro que escribió mientras estaba en prisión antes de convertirse en dictador, delineando sus planes para Alemania y las cosas terribles que él intentaba hacer en el mundo. No había una traducción al inglés. Cuando me retiré del periodismo y regresé a mis actividades en Estados Unidos, un día en la librería de Macy’s en Nueva York vi en los estantes una versión en inglés de Mein Kampf que no había visto nunca, que no había existido. Entré para echarle un ojo por curiosidad y tomé un ejemplar, sabía que no era el libro auténtico. Era mucho más delgado que el original que yo había leído, que tiene alrededor de 350 mil palabras (unas 400 páginas). Así que lo compré. Y ahondando en él encontré que era una versión condensada, y muchas de las cosas que habrían molestado a los estadunidenses simplemente no estaban ahí, como sí estaban en la versión que leí. Yo había leído el original en alemán.

“Así que hablé con un editor amigo en Nueva York, un editor de Hearst de nombre Amster Spiro, y le sugerí que escribiría y publicaría una versión antinazi de Mein Kampf, que sería un libro real y que despertaría a los estadunidenses sobre el peligro que representaba Hitler para nosotros y para el resto del mundo. Así lo hicimos. Pasé ocho días comparando mi ejemplar con la versión en inglés que tenía, el original en alemán, y con otra copia que apenas había aparecido. Un libro entonces se vendía en alrededor de tres dólares a precio normal. Hitler estaba recibiendo 40 centavos de dólar en regalías por cada copia que alguien compraba, aunque esa no fuera la versión original del libro.

“Procedimos entonces a imprimir en tabloide la versión que yo escribí, con una espeluznante portada roja, mostrando a Hitler repartiéndose el mundo, y lo vendimos por 10 centavos en los quioscos. Eso provocó una conmoción. Algunos nazis empezaron a destruir los quioscos que lo vendían en San Louis, la parte alemana de Nueva York y otras zonas del país. Vendimos medio millón de copias en 10 días y fuimos de inmediato demandados por los agentes de Hitler, sobre la base de que habíamos violado el copyright, lo cual habíamos hecho. Teníamos la teoría de que aunque él había registrado Mein Kampf en Austria, él mismo había destruido Austria con su ejército, así que alegábamos que él había destruido su copyright también al mismo tiempo. Bueno, eso no funcionó en la corte, y un juez de Connecticut falló a favor de Hitler. No nos impusieron castigo, pero debimos dejar de vender el libro. Tuvimos lo que se llama sentencia. Pero despertamos a muchos estadunidenses sobre la amenaza nazi”, narró Cranston.

Así, Hitler no solo protegió sus derechos de autor, sino que evitó, con la censura a una edición comentada de Mein Kampf, que se pusiera en evidencia en EU su locura y su plan genocida y militar.

Buena jugada para un demente al que no solo le faltaba un tornillo en la cabeza, sino también un testículo, según se acaba de revelar un par de semanas antes de que el derecho alemán e internacional, a favor de la libre edición y publicación de Mein Kampf, prefieran la libertad de expresión a la censura.

La publicación del panfleto autobiográfico no está prohibida en Alemania, simplemente el estado de Baviera, que obtuvo el copyright en 1945 luego de que EU destruyó la editorial de Hitler, no daba permiso para su impresión ni dentro ni fuera del país. El veto queda sin efecto a partir del 1 de enero.

NO HAY PEOR LUCHA QUE MI LUCHA

Aunque el arraigo domiciliario contra el libro no aplicó legalmente durante estas siete décadas fuera de Alemania (en México es muy fácil hallar versiones pirata en puestos de libros en estaciones de Metro y tianguis), la importancia de la nueva edición del Instituto alemán radica en que justamente es la primera preparada por una institución académica de prestigio internacional, con el objetivo de “desmitificar” el libro escrito de 1924 a 1925, “contextualizarlo” y exponer “sus mentiras”.

La misma institución, con sedes en Múnich y Berlín, explica en su portal que los puntos centrales de los comentarios críticos en la edición son “la desconstrucción y contextualización” de Mein Kampf. “¿Cómo Hitler impulsó sus tesis? ¿Qué objetivos perseguía al escribir el libro? ¿Qué apoyo social tuvieron sus posturas entre sus contemporáneos? ¿Qué consecuencias tuvieron sus posturas y reclamos después de 1933? Y en particular: con el actual estado de conocimiento, ¿qué podemos contraponer a las innumerables aseveraciones, mentiras e intenciones de Hitler?”, señala el instituto.

Dos historiadores, bajo la dirección de Christian Harmann, trabajaron en la estructuración del texto original de Mein Kampf con introducciones explicativas en cada capítulo de la edición crítica, que incluye más de tres mil 500 anotaciones con información objetiva de personas y eventos descritos, aclaración de conceptos ideológicos centrales, revelación de fuentes materiales usadas por Hitler, explicación de las raíces de varios conceptos en la historia de las ideas, contextualización de aspectos contemporáneos del texto, consecuencias del libro, entre otras. Además, de manera inusual —señala el instituto— el equipo editorial examina el periodo posterior a 1933, comparando las ideas programáticas de Hitler con sus acciones políticas de 1933 a 1945.

Andreas Wirsching, director del Instituto alemán de Historia Contemporánea, en una entrevista a principios de diciembre para la radio estatal Deutsche Welle, amplió la explicación de por qué decidieron realizar la edición crítica. Reconoció que la situación “es particularmente explosiva ante el fin del veto” por el copyright y que “no sería bueno, e incluso sería irresponsable, dejar que el texto original circulara libremente”. En ese sentido, consideró importante que la nueva edición crítica sirva “como una especie de referencia científica y, en cuanto al contenido, que pueda servir de análisis político e histórico”.

Aclaró que la edición crítica del instituto está dirigida principalmente a científicos y especialistas. “Mein Kampf es, naturalmente, una importante fuente histórica en cuanto a la figura de Hitler, y eso no puede rebatirse: sirve para explicar su biografía, su pensamiento y, en general, también la historia del nacionalsocialismo”, expuso Wirsching.

El historiador descartó sin embargo que haya otras ediciones no comentadas pues asegura que editoriales comerciales alemanas no tienen interés en publicar el libro, que en la época del nazismo llegó a ser el libro más vendido después de la Biblia, con un tiraje hasta 1945 de 12 millones de copias, con traducciones a unas 18 lenguas. En India, por ejemplo, se sabe que sigue siendo un best seller.

Igual descartó que la edición del instituto vaya a ser retomada por grupos neonazis o ultraderechistas.

HITLER A LA MEXICANA

Sin embargo, ediciones promovidas por grupos neonazis ya circulan desde hace años en internet, en español y otros idiomas. En México, donde la hitlermanía data desde tiempos de José Vasconcelos y su revista Timón (1940), se pueden hallar ejemplares pirata en español, que siguen siendo populares entre lectores distraídos que se los topan en puestos en estaciones del Metro, incluso al lado de libros sobre víctimas del holocausto perpetrado por los nazis, como El Diario de Ana Frank. Más aún —como documentó este reportero en la edición de DominicalMILENIO del domingo 14 de agosto de 2014: “Hitler, moda y muñeco”— uno puede hallar en tianguis y mercados de pulgas souvenirs nazis, como armas, uniformes e insignias, y hasta muñecos del Führer al estilo de los hombres de acción Lili Ledy.

Algunas editoriales consultadas en México descartaron cualquier plan de traducir ni una versión propia de Mein Kampf ni tampoco la crítica y comentada del Instituto alemán. Igual la biblioteca del Instituto Goethe en México descartó adquirir para su acervo la edición crítica, aunque en sus estantes tiene una espléndida y seria colección sobre la II Segunda Guerra Mundial, el nazismo y Hitler, que incluye biografías del Führer como la realizada en de dos tomos por el autor inglés Ian Kershaw.

Según afirma la historiadora francesa Élisabeth Roudinesco, la única traducción al español de Mi lucha se publicó por primera vez en 1941. Y de ésta supuestamente se cuelgan las ediciones pirata posteriores —como una publicada con una portada muy colorida, que data de los años sesenta—, y que mantiene la introducción del traductor, partidiario de Hitler y de su visión genocida del mundo.

Dice aquel primer traductor, en esa edición mexicana de Mein Kamp, un libro que durante el nazismo era obligatorio regalar a los novios alemanes el día de su boda:

Mi lucha (Mein Kampf), de Adolfo Hitler, es un libro de palpitante actualidad y sin duda una de las obras de política más sensacionales que se conoce en la posguerra. Circula por el mundo traducido a ocho idiomas diferentes y hace tiempo que la edición alemana ha alcanzado una cifra de millones...”.

“...Quien juzgue sin ofuscamientos doctrinarios la obra renovadora del Tercer Reich, habrá de convenir en que Hitler fue dueño de la verdad de su causa al impulsar un vigoroso movimiento de exaltación nacional llamado a aniquilar el marxismo que estaba devorando el alma popular de Alemania...”.

“La ideología del nacionalsocialismo alemán —opuestamente a lo que propagan sus detractores— es constructiva y, por tanto, pacifista, pero no pacifista en el sentido de aceptar la imposición de violencias internacionales contrarias a la dignidad y al honor de un pueblo soberano (...) El pacifismo nacionalsocialista se inspira, pues, en principios elementales del derecho y descansa sobre la unidad moral del pueblo alemán”, se dice en la introducción de esta edición en español de un libro que preparó el exterminio de millones de judíos en campos de concentración, la diáspora de millones más y que ha sido leído en más de 70 años por varias generaciones de mexicanos.

Ante ediciones propagandísticas e irresponsables como ésta, se antoja más que sustentada la justificación del Instituto alemán de Historia Contemporánea para difundir a partir del 1 de enero una edición crítica y comentada que tendrá mil 948 páginas en dos tomos y se podrá comprar por 59 euros.