Merde!

Y la Boñiga de Oro 2014 es para…
Y la Boñiga de Oro 2014 es para…
(Especial)

Ciudad de México

Hay dos obras de teatro que sorprendieron al medio durante 2014. Una por su éxito comercial, El curioso incidente del perro a medianoche, dirigida por Francisco Franco: trabajo redondo, creativo e inteligente, útil para entender a los autistas, con actuaciones en que la sensibilidad y la inteligencia se fusionaron (Luis Gerardo Méndez, primero, y Alfonso Dosal, en su segunda temporada). Y una escenografía —la mejor— de Víctor Ballina. La otra obra que despertó asombro: ¿Quién teme a Virginia Woolf?, de Edward Albee, en traducción y codirección de Víctor Weinstock, y dirección de Daniel Veronese, con soberbias actuaciones de Blanca Guerra y Álvaro Guerrero. Para ellos, ex aequo, va el Premio Boñiga de Oro por Mejor Obra y Elenco 2014, la primera vez que se otorgan en el teatro nacional.

A Sabina Berman le debemos la Boñiga de Oro por Trayectoria Teatral 2014. Si hubiera existido antes este premio lo debieron haber ganado clásicos como Julio Castillo, Héctor Mendoza y Luis de Tavira. Es turno de la dramaturga. Su última obra, Testosterona, contiene formas de pensar del hombre y la mujer. Astucia donde el lenguaje es el poder. Un suceso teatral que nos lleva al meollo de cómo se dan, justamente, las relaciones políticas a la hora de escoger el espacio público de las féminas: ¿abajo o arriba? Casi una continuidad de aquella obra, Entre Pancho Villa y una mujer desnuda: con menos bla-bla-bla. Diálogos cortos, tanto como para dejarnos pensar después de terminada la obra. Por eso el galardón.

México tiene dos vertientes para ocuparse del teatro: mitos, leyendas e historia del país y los sueños de un dramaturgo para ocuparse de lo ajeno. Dos obras de enorme calado que merecen recordarse por mucho tiempo: El siniestro plan de Vintila Radulezcu, de Martín Zapata; y Otro día de fiesta, de Marco Petriz. Los dos hacen teatro en las orillas del país: uno en Veracruz y otro en Oaxaca. Uno es internacional y otro regional —donde el microcosmos es el universo—. Con mejor suerte, Zapata tuvo excelentes críticas. Petriz, viejo lobo de mar, no tuvo la suerte de ser atendido debidamente, por pésima difusión. Para ellos, ex aequo, la Boñiga de Oro por Dramaturgia 2014.

La Boñiga de Oro por Mejor Director en 2014, esta institución inexistente, sin pensarlo mucho, la otorga a José Alberto Gallardo por dos de sus mejores direcciones: Lo que soñé ese día que me quedé dormido bajo el puente, con texto de Antonio Zúñiga, y Drenaje. Un paisaje, de su autoría. Desde que empezó, seguimos su carrera teatral: Gallardo es una apuesta sólida del quehacer escénico. Independiente, sin beca, con dificultades ha demostrado amor por la escena, más allá de las instituciones. Drenaje —una instalación teatral— se realizó en el taller del pintor Guillermo Arreola, su productor. No fueron más de quince funciones. Claudio Valdés Kuri estuvo cerca de quitarle el premio por su dirección de La vida es sueño, de Calderón de la Barca, pero consideramos que las realizaciones de Gallardo en todo 2014 fueron excepcionalmente creativas y vanguardistas.

Una recomendación final: las instituciones deberían apoyar el teatro en casas ahora que parece desaparecer el Jiménez Rueda. Ahí están los caminos germinales del arte verdadero. Recordemos que las vanguardias siempre surgen escondidas, agazapadas en la clandestinidad, hasta que alguien las descubre y se oficializan. Conste.