El mercado de la guerra

M.I. Finley explica que el comercio con afán de lucro carecía de sentido, e incluso Odiseo recibe el insulto máximo de ser considerado un comerciante cuando se halla ante los feacios.
"El mundo de Odiseo", M. I. Finley
"El mundo de Odiseo", M. I. Finley (Especial)

México

En El mundo de Odiseo, M. I. Finley detalla con minucia la importancia que tenía el concepto de “regalo” para las relaciones sociales de los griegos antiguos: un regalo jamás era solo un regalo, sino que implicaba tanto un tipo de relación como una intención como, principalmente, un elemento de reciprocidad. Esto es así al grado de que cuando Atenea aparece frente a Telémaco disfrazada como Mentes, a causa del disfraz no puede aceptar el regalo, pues implicaría un acto falso, pero tampoco es honorable rechazarlo, por lo que la diosa resuelve el dilema pidiendo a Telémaco que le guarde el obsequio para su retorno. Hasta en sus tratos con los humanos una diosa debe observar los códigos inherentes a los regalos.

Finley explica que el comercio con afán de lucro carecía de sentido, e incluso Odiseo recibe el insulto máximo de ser considerado un comerciante cuando se halla ante los feacios. El intercambio perseguía fines simbólicos y prácticos, pero no era como ahora principalmente una vía para acumular dinero y posesiones: “Detrás del mercado yace la ganancia como objetivo, y si había algún tabú en los intercambios homéricos era la ganancia en el intercambio. Ya fuera en el comercio o en cualquier otra relación mutua, el principio reinante era la igualdad y el beneficio mutuo. La ganancia a expensas del otro pertenecía a un estrato distinto, al de la guerra y el saqueo, donde se conseguía mediante actos (o amenazas) de valentía, no mediante la manipulación y la negociación”.

Con este pequeño ejemplo podemos ver que, pese a sus pretensiones de naturalidad y universalidad, el imperio del mercado, la ganancia y la acumulación como principios reguladores de la organización humana —con todas las consecuencias para las relaciones sociales que de ahí se desprenden— no son sino fenómenos recientes, probablemente transitorios. Más aún, igual con los saqueos, asesinatos y violaciones de los que se jactan abiertamente los héroes griegos, los nuevos Odiseos y Aquiles —los ejecutivos financieros y otros tipos de magnates, eso sí, un poco más gordos, calvos y con papadas más prominentes que los héroes griegos— ejercen una violencia económica similar a los pillajes de los aqueos descritos por Homero, solo que en vez de la gloria personal ahora se invoca el bien de todos como motivo. Así como Foucault invirtió el aforismo de Clausewitz para afirmar “La política es la continuación de la guerra por otros medios”, quizá podamos reconocer el trasfondo bélico de las transacciones actuales y extenderlo a “El mercado es la continuación de la guerra por otros medios”.