El melodrama “se refleja en nuestra manera de ser”: Mario Vargas Llosa

En la presentación de "El héroe discreto", el escritor recordó su primer viaje a París.
“La experiencia europea me hizo descubrir que yo era latinoamericano.”
“La experiencia europea me hizo descubrir que yo era latinoamericano.” (Reuters)

México

En la Biblioteca de México José Vasconcelos, en La Ciudadela, Mario Vargas Llosa presentó el pasado jueves por la noche su novela, El héroe discreto. El Patio de los Escritores se fue llenando desde la tarde de personajes engalanados y de jóvenes desenfadados que esperaban con entusiasmo al Premio Nobel de Literatura 2010.

El titular del Conaculta, Rafael Tovar y de Teresa, dio la bienvenida al escritor y expresó su reconocimiento a la obra del escritor: “Creo que la presencia de Vargas Llosa es realmente un hecho extraordinario; él, junto con aquellos que son parte del llamado boom latinoamericano… han permitido que el español de América Latina sea una parte tan importante de la literatura universal”.

Después inició el diálogo entre José Miguel Oviedo, Juan Cruz y el escritor peruano. Ante los cuestionamientos sobre el melodrama, Vargas Llosa respondió: “Es una exacerbación un poco ridícula de los sentimientos, de las situaciones, de los dramas que conforman la vida; en cierta forma, una caricatura de la vida”.

Añadió que en América Latina, a diferencia de países como España, existe esa exageración, “sobre todo en el plano emotivo, que se refleja en nuestra manera de ser y de actuar”.

Recordó que el melodrama es algo que lo rodeó desde niño, y aseguró que el cine mexicano que llegó a Perú en los años cincuenta lo marcó mucho ya que, a su parecer, expresó no solo una manera de ser en México, sino en toda Latinoamérica.

Explicó que hay situaciones melodramáticas que le conmueven, le atraen y le producen cierta fascinación: “No sé si en el caso de El héroe discreto lo melodramático de la historia haya sido lo que me llevó a inventarla”. Contó que la historia surgió “de una información que recibí en una ciudad del norte de Perú, en Trujillo, donde un empresario, aparentemente de origen humilde, publicó un anuncito en un periódico dirigiéndose a la mafia diciéndole que no aceptaba el chantaje que le hacía”. Expresó que ese acto le quedó grabado en la memoria por el valor cívico y moral del personaje, que se enfrentaba a la mafia siendo alguien sin defensa ante la violencia que podía ejercerse contra él.

El autor peruano recordó el motivo de su primer viaje a París: en su adolescencia creía que, de no viajar a Europa, no llegaría a ser escritor y sería una persona totalmente frustrada ya que, dijo, en los años cincuenta era imposible dedicarse solo a la literatura. “Ésta parecía como un hobby, por lo que vivía literalmente martirizado con la idea de verme obligado a ser solo un escritor de días domingos y días feriados por la condición
de la sociedad peruana. Entonces mi sueño —más que mi sueño, mi obsesión— era escapar y llegar a Francia, llegar a la ciudad
de la literatura que era París. Tenía la ingenuidad de que bastaba estar en París, respirar París para llegar a ser un escritor. Lo curioso es que la experiencia europea me hizo descubrir que yo era latinoamericano, y descubrí que había una literatura latinoamericana muy rica, novedosa y original que, además, empezaba a ser reconocida en Europa”, explicó.

EN PRESIDENCIA

Por su parte, la Presidencia de la República anunció que al mediodía de ayer el presidente de México, Enrique Peña Nieto, recibió al Nobel de Literatura 2010 en la residencia oficial de Los Pinos. Presentó tres fotografías del diálogo que mantuvieron sin dar más detalle sobre la conversación que sostuvieron.

Ayer por la noche el escritor peruano cumpliría con su última actividad del homenaje que se le rindió en la capital del país, asistiendo al estreno de la adaptación teatral de su novela La ciudad y los perros.