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Viernes , 14.12.2018 / 10:13 Hoy

Melanina

Toscanadas


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Hace un par de meses escribí un artículo en el que aseguraba que la inteligencia es algo que se nota en el rostro, en la mirada, en la expresión; algo inmaterial que se torna material y visible. Por supuesto, cabía llegar a la conclusión políticamente incorrecta: si la inteligencia se nota, entonces también debe notarse la falta de ella.

Sin que mis observaciones lleguen a ser científicas, estuve mirando muchas fotografías de los supremacistas blancos que hociconean en Charlottesville. En ninguno reconocí siquiera una chispa de inteligencia. Y así es difícil entender qué pretenden esos güeyes; pero es fácil reconocer que, si existen entes superiores, ellos mismos no son parte de esa legión.

La simple idea de salir a la calle para clamar esa hegemonía con consignas es francamente estúpida. Equivale a tanto como que los mexicanos salgan a la calle para reivindicar una falsa superioridad futbolera y exigir que la Fifa nos reconozca como campeones mundiales.

Si hiciésemos un muestreo estadístico apenas entre quienes han ocupado el puesto más importante del mundo en los últimos quince años, luego de ver que Estados Unidos tuvo al pelmazo de Bush en la presidencia, y ahora al bebé sobrecrecido de Trump, llegaríamos a la conclusión de que Obama pertenece a una raza superior.

Y en verdad es superior, pues Obama es miembro de la raza de los lectores. Durante su presidencia, en distintas entrevistas y por distintos motivos, llegó a recomendar ochentaiséis libros; cuando gente de estirpe inferior no llega a mencionar tres.

Curioso es que esos cretinos de Charlottesville volvieran a las andadas con consignas antisemitas, como si no supieran que ningún pueblo ha subido tanto la barra de las ciencias como el de los judíos. Curioso que clamen contra la inmigración cuando se sabe que, como grupo, son los asiáticos quienes tienen mejor desempeño académico en los Estados Unidos. Pero al mismo tiempo, hacer un elogio a los hijos de Abraham o a los del sol naciente no es elogiar su genética, sino su cultura, su disciplina, su hambre de conocimiento, su voluntad de superar obstáculos.

El ser humano tiene tantos ángulos físicos, mentales y culturales que será siempre imposible para un grupo racial acreditar superioridad sobre otro. Que los finlandeses saquen mejores calificaciones que los mexicanos en la prueba PISA, no los hace superiores mentalmente, solo demuestra que no pierden el tiempo en las escuelas. Pero echémosles a la SEP, el SNTE y la CNTE y ya veremos cómo se van embruteciendo poco a poco.

La cosa es que al asegurar su superioridad, el argumento de los supremacistas blancos no puede ser más imbécil y puede reducirse a: “Somos superiores porque tenemos menos melanina en la piel”. Pues bien, si yo fuera alcalde de Charlottesville, la próxima vez que viera a esos supremacistas en la calle les soltaría una manada de gorilas. A la vuelta de una hora veríamos que esos mostrencos ni siquiera fueron superiores a nuestros primos de los que nos separamos hace algunos millones de años en la escalera evolutiva.

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