La meca mundial del grafiti

El edificio que caracterizaba la zona neoyorquina de Queens, donde se desplegaron por más de una década las obras de cientos de artistas callejeros, fue cubierto con pintura y será demolido.

Nueva York

Cuando Hans Von Rittern llegó con un autobús lleno de turistas europeos a 5Pointz el pasado martes 19 de noviembre, se quedó en shock: "¡Qué hicieron!", expresó y no pudo resistir el llanto. La meca del grafiti, el museo de arte callejero más grande del mundo, había desparecido de la noche a la mañana. La fiesta de colores, el homenaje a la estridencia, la obra de por lo menos mil 500 artistas del aerosol, había quedado sepultada bajo litros de pintura blanca que arrasaron con 19 mil metros cuadrados de sueños alucinantes.

Un mes antes visité Nueva York con un grupo de amigos. Entonces Banksy, el artista callejero británico más reconocido del mundo, hacía de las suyas en la ciudad mientras la escuadra antivandalismo lo perseguía sin éxito. Realizó una gran instalación satirizando al payaso de McDonald's en el Bronx; un camión de carga, llamado Sirens of the Lambs, transitaba por Manhattan con borreguitos de peluche asomándose por las rendijas, su Jardín Móvil burlaba a las autoridades en el Village y cada noche plasmaba en algún punto de la ciudad una pintura al aerosol sobre los muros que, cómplices y silenciosos, se dejaban tocar... Como si se tratara de una película de Batman, el alcalde Michael Bloomberg andaba tras él "porque es un vándalo, no un artista". Además "(El) grafiti arruina las propiedades de la gente y es un signo de decadencia y pérdida de control", declaró a los periódicos que cabezearon Get Bansky! NYPD hunts artist (New York Post, 17/10/13).

Decididos a seguirle los pasos a Bansky, preguntamos a la gente si sabía dónde podíamos ver sus pinturas. Cuando por fin encontramos una en Manhattan, ésta ya había sido regrafiteada por otros con la leyenda: "Value is arbitrary" (El valor es arbitrario). Y decidimos continuar la búsqueda. Fueron varios inmigrantes quienes nos sugirieron: "Si quieren ver arte callejero tienen que ir a 5Pointz, en Queens, es la meca del grafiti".

Bajamos del Metro en pleno Queens, dentro del barrio de Long Island, y vimos la sucursal del MOMA. Caminamos una cuadra más y de pronto ahí estaba, el enorme edificio que abarca toda una manzana decorada con grafiti y pintura mural. Me pareció que tenía vida, que respiraba, que los personajes más extraños y alucinantes se desprenderían del muro para bailar hip hop sobre la calle. Vimos la grabación de un videoclip. Una joven negra canta un rap, baila con toda su sensualidad a cuestas y reta al mundo lanzando al aire billetes de dólar. En otro costado, una bella modelo posa para una sesión fotográfica mientras otro joven se lanza al suelo a bailar break dance. El sitio, pues, estaba lleno de vida.

Con el asombro permanente en la mirada rodeamos el viejo edificio habitado por inmensas figuras, grafitis, imágenes que recuerdan al cómic underground estadunidense, el expresionismo con colores que chillan, la negritud que toma el mundo en sus manos, un King Kong gigantesco, personajes de caricatura aquí y allá, juegos visuales, figuras antropomorfas, un inmenso calamar vomita a un tiburón que a su vez expulsa de su aterradora boca a un hombre vestido de traje, monstruos del mundo fantástico que habita en la imaginación de un pintor, erotismo urbano, escenas antibélicas, dinosaurios, la imagen de la ciudad luego del 9/11, explosiones de color y formas, figuras terroríficas y otras bellísimas, personajes de otro mundo que se escaparon de la alucinación de un artista... Obra de pintores callejeros que llegaron de Francia, Italia, Japón, Canadá, Holanda, Suiza, Brasil y más lejos para participar en la meca del grafiti.

Continuamente pasa el tren elevado y desde adentro los pasajeros contemplan a través de la ventanilla el espectáculo pictórico que ofrece 5Pointz. Y la vibración de la máquina permanece unos segundos más para completar la experiencia
visual de todas las personas que visitan el sitio y se preguntan cómo es que los autores pintan a esas alturas, a veces colgados del techo.

Javier, artista callejero del Bronx de ascendencia puertorriqueña, sale de uno de los talleres y me cuenta la historia del sitio, mientras mezcla pintura. Sus dueños son los desarrolladores David y Jerry Wolkoff, padre e hijo, quienes compraron hace 40 años la antigua fábrica abandonada. Primero rentaban sus locales a una empresa de accesorios para reproductores de música y diseños de carátulas de CD. Pero después, a principios de los años noventa alquilaron, a bajo costo, sus espacios como talleres a 200 artistas del grafiti, y además les permitieron usar los muros como lienzos para que realizaran libremente su obra de manera legal.

El sitio comenzó a cobrar auge. Le llamaron 5Pointz como símbolo de unión entre los barrios neoyorquinos: Manhattan, Brooklyn, el Bronx, Queens y Staten Island, pero para 2002 ya era reconocido internacionalmente como la meca mundial del grafiti y contaba con un exigente curador, Jonathan Cohen, Meres en el mundo grafitero. Se calcula que han pasado por ahí dejando su huella por lo menos mil 500 artistas y taggers (grafiteros) de prestigio como Stay High 149, Tracy 168, Cope2, SPE y Tats Cru.

Es octubre y Javier está preocupado. Los dueños han decidido demoler el edificio de cinco pisos y construir dos enormes torres residenciales para condominios de lujo y la comisión de Planeación de la Ciudad que forma parte del Ayuntamiento ha aprobado la inversión de 400 millones de dólares. Los artistas callejeros, me dice Javier, "sabemos que nuestro arte es efímero, pero 5Pointz ya es parte del paisaje urbano de Nueva York y estamos luchando legalmente por la declaratoria oficial".

A principios de noviembre, un juez federal les negó su solicitud de preservar el espacio. Y los artistas empezaban a congregarse para defenderlo sin imaginar que el lunes 18 por la noche, sigilosamente, una brigada contratada por los Wolkoff, sepultaría "Las Naciones Unidas del grafiti" bajo una gruesa capa de pintura blanca. Por la mañana del martes 19, el grupo Save 5Pointz escribió en su muro de Facebook: "Wolkoff, has herido a tanta gente hoy en nombre de tu codicia. No hay nada más que decir ahora".

Jerry Wolkoff, que tiene licencia para demoler el edificio a finales de este año, declaró que si procedió a blanquear sus muros fue para evitarle a los artistas "la tortura" de ver su obra desaparecer poco a poco con la demolición, y que en la nueva construcción dejará un muro de 18 metros de altura para que continúen su trabajo creativo. "Les digo, no me gustaba lo que hacían, amaba lo que hacían, se los juro".

Pero, como dijo uno de los grafiteros, resulta paradójico que los dueños actuaran de forma clandestina cuando a ellos, por hacerlo, los califican de vándalos. Todavía en shock, los artistas, en silencio, rodearon ese día el edificio con veladoras en señal de duelo. Uno de ellos, de nombre Just, le dijo al New York Times, desconsolado: "No solo se trata del grafiti sino de la unidad de toda la gente de todo el mundo que se reunió aquí".

El dueño estaba en su derecho, el edificio era de su propiedad, pero pasó por alto el valor cultural del sitio y, como señalaron algunos vecinos, también su impacto en la economía y la seguridad del barrio. Y es que, a medida que subió la calidad de las pinturas, muchos artistas comenzaron a mudarse a su alrededor, las familias llevaban a los niños a disfrutar del sitio, dejaron de verse autos estacionados, vidrios estrellados, agujas desechadas y creció el movimiento de peatones, se abrieron cafeterías y comenzó a sentirse un clima más seguro.

En su último grafiti, luego de un mes de residencia en Nueva York, Banksy escribió: "Salven 5Point". Y mi última pregunta a Javier fue ¿qué harán si demuelen todo esto? Me contestó: "Pues nos vamos a otro lado a pintar". Porque, para ellos, como leímos en uno de los muros en Queens: "Art Rules The Street", ARTS (El arte rige la calle)".