El masoquismo, categoría psíquica

En "La Venus de las pieles" encontramos de pronto un punto bastante monótono.
Leopold von Sacher Masoch.
Leopold von Sacher Masoch. (Especial)

México

En La Venus de las pieles, publicada inicialmente en 1870, Leopold von Sacher Masoch describe una relación de sometimiento por parte de Severin von Kusimeski hacia Wanda von Dunajew, que luego de muchas disquisiciones sobre la naturaleza del amor y los placeres, deriva en la firma de un contrato mediante el cual él se convierte en su esclavo, para que ella haga lo que le plazca con él, e incluso tiene derecho a pedirle que se quite la vida, si así lo deseara. Fue tal su impacto en el imaginario colectivo que el término “masoquismo” se acuñó en el nombre de Von Sacher Masoch, y ha dado lugar a numerosas adaptaciones cinematográficas, así como a la célebre canción “Venus in Furs” de The Velvet Underground.

Hoy, a casi 150 años de distancia, el masoquismo continúa siendo una categoría psíquica fundamental, que desempeña un papel elemental en diversos tipos de relaciones, notablemente las de pareja. Como queda de manifiesto tanto en La Venus de las pieles como en los ejemplos concretos que cada quien pueda tener a la mano, quizá su rasgo fundamental consiste en crear una coraza mental y emocional que ahuyenta a todo aquello que no alimente el goce del sufrimiento, es decir, de la autocompasión. Así, la primera mutilación que lleva a cabo el masoquista es la de sí mismo, pues las víctimas tienden a exhibir personalidades bastante unidimensionales, ya que el esfuerzo que conlleva el dedicarse al sufrimiento de tiempo completo apenas deja espacio para nada más. En La Venus de las pieles encontramos de pronto un punto bastante monótono, pues entre la primera vez que Wanda inflige sufrimiento voluntariamente a Severin y la última hay diferencias de grado, más no de especie. Incluso, el impasse tan solo se rompe cuando irrumpen en escena las criadas negras, o el apuesto griego que fungirá como tercero en discordia, pues los amantes que celebran el contrato pronto se ven limitados en las opciones que les ofrecen sus papeles respectivos. Ello porque ambos dejan de ser personajes complejos, con claroscuros y matices, para convertirse en seres planos y sumamente predecibles.

Me parece que lo anterior se debe a que otro de los rasgos decisivos del masoquismo es su voluntad de detener el paso del tiempo, al menos en lo relativo a su carácter azaroso y accidental, pues si bien el nido masoquista normalmente se construye después de años de asimilar preceptos morales y culturales que conducirán a colocarse en las distintas variantes que ofrece la posición de víctima ontológica, la idea es que una vez alcanzado, dicho estatus se convierta en algo permanente, tan adictivo que el sujeto ya no puede imaginar la vida de otra manera.

Por último, podríamos considerar que el círculo masoquista lo cierra lo que Quignard ha llamado raisonnaillerie: “los argumentos lógicos que se plantean para esconderse uno mismo la verdad”, pues como todo buen masoquista sabe, el sufrimiento proporciona una estructura de vida estable y duradera, por lo que no han de escatimarse los medios para asegurar que nunca nada venga a amenazar su permanencia indeterminada.