El martirio de Francisco

EL SANTO OFICIO
El papa Francisco
El papa Francisco


El cartujo está triste y entelerido. Acurrucado en su celda, con un pocillo de té de tila en la mano y envuelto de pies a cabeza con una cobija, cierra los ojos y divaga. Piensa en cuántos pecados expiará el papa Francisco este lunes en el estadio chiapaneco Víctor Manuel Reyna cuando, sin perder el aplomo, escuche la canción “Mensajero de paz”, interpretada por Julión Álvarez y la guapa Anahí, quien, entre otros, tuvo el gran mérito de llevar ante el altar, vestido de mariachi, faltaba más, al gobernador Manuel Velasco Coello, un político de nuestro tiempo, es decir: chafa y narcisista.

En las redes sociales ella ha difundido su canción como el “tema oficial” de la visita del Papa a Chiapas, un estado lleno de deudas, de pobreza, de injusticia, como bien lo saben quienes lo conocen; como bien lo sabe el Papa. Pero, eso sí, con un gobernador con vocación de maniquí, deseoso de convertirse en el próximo presidente de este país a la deriva. Dios nos proteja.

La canción escrita por Julión Álvarez y Anahí dice: “Se escucha en la selva y hace eco hasta el mar/ La palabra que nos libra del mal/ El viento te anuncia y nos llena de amor/ La oración que nos concede el perdón/ Te sigo con alegría, fiel mensajero de luz/ Arrodillado a la cruz”. El monje la encuentra en internet y se conmueve hasta las lágrimas, no por la música o la letra o las voces de los intérpretes, sino por el Papa, expuesto al oportunismo y el mal gusto de quienes alentaron esta composición y utilizarán su poder para cantársela en vivo, para ganar reflectores y promover sus carreras en la farándula o la política —prácticamente sinónimos en estos tiempos de desfachatez.

En su celda, húmeda y poblada de manchas de salitre, oscura y silenciosa, el monje no cesa en sus cavilaciones sobre la visita papal. Piensa en la farsa de quienes de furibundos defensores del estado laico devinieron chupacirios y estarían dispuestos a venderle el alma al diablo por una selfie con Francisco.

En MILENIO, Carlos Puig escribe: “Hace no demasiado hubiera sido impensable que un estado como Michoacán, azotado por el delito y la violencia hace décadas gastara millones y millones para dar la bienvenida al Papa en anuncios que el argentino ni siquiera verá”. Lo mismo sucede en todas partes: el derroche, el oropel, la impostura de los políticos mexicanos.

Pero el martirio de Francisco en México no termina con la multitudinaria presencia de los políticos convenencieros ni con las canciones hechas en su honor en la olla exprés de la cursilería, sino continúa con la ingrata compañía de gente como el cardenal Norberto Rivera, quien con pelo impecablemente teñido de negro representa todo lo contrario a lo pregonado por el Papa en cuestiones como —según el especialista Roberto Blancarte— el respeto a los católicos divorciados y a los homosexuales y el perdón a quienes han abortado, por no hablar de su condena rotunda a los pederastas. Ojalá nada nuble su mirada sobre México, tan lejos de Dios…

Queridos cinco lectores, El Santo Oficio los colma de bendiciones. El Señor esté con ustedes. Amén.