Para mí, hacer una película es como procrear bebés: Martin Provost

A propósito de su más reciente filme, 'Sage Femme' —El reencuentro—, MILENIO conversó con el director Martin Provost sobre el arte de hacer cine.
Catherine Deneuve y Catherine Frot en 'El reencuentro'.
Catherine Deneuve y Catherine Frot en 'El reencuentro'. (Cortesía NuevaEraFilms)

Ciudad de México

Con su más reciente filme, Sage Femme (El reencuentro, 2017), Martin Provost rinde homenaje no sólo a dos grandes actrices francesas de dos generaciones, pero ambas de nombre Catherine (Denueve y Frot), sino también honra a la comadrona que le salvó la vida durante su alumbramiento y, por si fuera poco, a su concepción uterina del trabajo del cineasta: Para él, dice, hacer cine se parece a procrear. “Yo soy todos mis personajes. Me considero a mí mismo como un útero, y debo amarlos a todos”, sostiene.

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El título de esta cinta, estrenada fuera de competencia en la pasada Berlinale y que llega a México dentro del 21 Tour de Cine Francés, es un juego de palabras intraducible, que de manera coloquial significa “partera”, pero de manera literal remite a la “mujer sabia”. O a dos mujeres sabias, porque en Sage Femme dos francesas con muchas cuentas que ajustar de su pasado en común se reecuentran, de ahí el título en español: Claire (Catherine Frot), partera amargada, solitaria y madre posesiva, y Béatrice (Catherine Denueve), libertina y ex amante del padre de la primera a quien dejó 30 años atrás.

Provost, el multipremiado guionista y director de Séraphine (2008) y Violette (2013), regresa con esta comedia intimista al retrato femenino como preocupación estética, con guión escrito especialmente para Denueve y Frot, quien tuvo que formarse como partera para el filme, muy distante temáticamente de su éxito con sus anteriores actuaciones como cocinera del presidente François Mitterrand en Les saveurs du palais (2012) o en el magnífico biopic sobre Florence Foster Jenkins, Marguerite (2015).

Desde Francia, el cineasta conversa con Milenio sobre su filme, que estará en carteleras comerciales de 74 ciudades mexicanas, en Cineteca Nacional y cineclubes durante septiembre y octubre, como parte del 21 Tour de Cine Francés y que incluye otras seis cintas del país europeo: Aún más bella, El viñedo que nos une, Frantz, Los ex, Paso a Paso y Una familia peculiar, además de 25 cortos mexicanos.

¿Cuál es la principal dificultad que enfrenta como director para filmar retratos de mujeres?

No sé si se puede hablar de “dificultad”, yo no me hago esa pregunta. De entrada, ¿usted preguntaría eso si se tratara del retratar a un hombre? No, no lo creo. En nuestras sociedades europeas las mujeres han ganado igualdad frente a los hombres en el último siglo, pero aún hay camino que recorrer. La paridad financiera no existe todavía en Francia. Las mujeres siguen mal pagadas respecto a hombres. 

Usted dice que escribió el guión de Sage femme para Denueve y Frot, ¿por qué ellas?

Porque eso se impuso a mí. No tuve voluntad. Quería rendir homenaje a la profesión de partera (yo fui salvado por una partera cuando nací) y quería mostrar cómo el dedicar su vida a los otros les exige sacrificios que, si son hechos desde muy temprano, pueden volverse contra ellas. Es el caso del personaje de Claire, que se comprometió con esta vida tras la muerte de su padre. Y para desenredar el pasado, y si no la convertía en más libre, al menos sí en más consciente, hacía falta hacer resurgir a Béatrice del pasado. Creo en esta posibilidad de paz. El pasado y el presente no caminan uno sin el otro y el futuro es menos luminoso cuando uno guarda demasiados rencores del pasado.


¿Puede hablarme de la experiencia de dirigir a dos grandes actrices de diferentes generaciones?

Catherine Denueve es increíblemente joven de espíritu. De entrada, la diferencia generacional no cuenta. Es más bien un asunto de personalidades. Y cuando yo filmo a dos actrices intento lo más posible de partir de explorar eso que son ellas en cuanto mujeres, y de acercarme a eso que puede ser que ellas no hayan todavía mostrado.

¿Claire y Béatrice son para usted dos mujeres o una con dos facetas?

Podemos verlo así, claro. Pero para mí ellas son diferentes, con vidas absolutamente diferentes. Y no obstante, ellas están, tanto una como la otra, en un impasse. Claire, con su maternidad que encierra, su hijo que deja la casa, su soledad; y Béatrice obligada por primera vez a detenerse y ver los daños que ella provocó en el pasado.

¿A quién prefiere usted, a Claire o a Béatrice? ¿Cuál personaje le resultó más difícil de filmar?

Jamás tengo preferencia por algún personaje como cineasta, porque yo soy todos los personajes. Me considero a mí mismo como un útero, y debo amar a todos los personajes, del más pequeño al más grande. Me prohíbo a mí mismo juzgarlos, quiero que ellos tengan todas las oportunidades.

¿Cómo construye un universo femenino? ¿Cuál es el elemento más importante para armar el retrato de una mujer?

Es un universo que traigo conmigo. No lo construyo a voluntad, es la vida que me ha hecho extremadamente permeable al universo femenino, de entrada porque he sido educado y amado por las mujeres: mi madre, mi hermana, mis abuelas. Pero también porque la creación, en mi opinión, está ligada al deseo de dar vida. En los hombres, que no pueden embarazarse, el acto de crear se une de alguna manera al acto de procreación.

¿Cuál fue su momento más difícil como director con Sage Femme?

Indudablemente los partos. Aun cuando todos fueron mágicos, había algo de misterioso. Conocí a embarazadas de tres o seis meses durante la filmación, pero yo no sabía si sus partos iban a coincidir, si en los tres días de filmación con el equipo ligero que tenia asignado, yo iba a tener la oportunidad de filmar un parto. ¡Y pude filmar seis! Pero si fue abrumador, también fue difícil porque había que respetar a la madre y al bebé. Además, estaba Catherine Frot que había tomado por supuesto un curso como partera, pero que estaba muerta de miedo, sobre todo al principio. Y la comprendo.

¿Qué sigue en su carrera? ¿Puede hablarme de su próxima película?

Tengo escritos dos guiones, pero todavía no sé cuál filmaré primero. Está Bascoulard, la historia real de un pintor indigente genial, y Naoshima, una road movie con dos mujeres francesas que transcurre totalmente en Japón. Pero por ahora, descanso. El gran filme a hacer se impondrá él mismo. Para mí, hacer una película, como decía antes, es un tanto como hacer bebés.


FM