Marcelino Perelló, un agitador cultural

Murió ayer uno de los líderes del movimiento estudiantil, quien se definió como “un revolucionario, alguien que lucha por la libertad y la justicia”.

México

Polémico hasta el fin, Marcelino Perelló Valls, uno de los líderes del movimiento estudiantil de 1968, murió ayer a los 73 años de edad en el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Dr. Salvador Zubirán, en Tlalpan. Hasta el cierre de esta edición no se conocían las causas de su muerte.

“Soy Marcelino Perelló. Soy matemático. Soy profesor de la UNAM y soy un activista cultural, un agitador cultural”, dijo en un par de entrevistas realizadas por Heidrun Holzfeind en 2005 y 2007 para el libro México 68. Así se comportó en diversos episodios de su vida.

Nacido en 1944, estudió Física en la Facultad de Ciencias de la UNAM. Su militancia política se inició en 1965, al ingresar a la Juventud Comunista de México. Al estallar el movimiento de 1968 fue elegido representante de su escuela ante el Consejo Nacional de Huelga (CNH). El 27 de julio de 1968 fue detenido al ser allanada la sede del Partido Comunista Mexicano y días después liberado.

En 1969 se exilió en Europa como refugiado político. Después de vivir en París, en 1975 realizó una maestría en matemáticas en la Universidad de Bucarest y dos años después se fue a Cataluña, donde fue profesor en la Universitat Autònoma de Barcelona.

Retornó a México en 1985 para dedicarse a la enseñanza en las universidades autónomas de Sinaloa, de Puebla y en la UNAM. Desde 2001 fue conductor del programa de radio Sentido contrario, que se transmitía por Radio UNAM hasta que, por unas declaraciones que le valieron ser acusado de misógino, fue dado de baja.

Grave problema

En la entrevista con Holzfeind, Perelló, quien se definió como “un revolucionario, alguien que lucha por la libertad y la justicia”, dijo que era “un crimen reducir lo que pasó en el mundo durante 15 años a lo que pasó en una noche en una plaza en la Ciudad de México. Tenemos aquí un grave problema: si se le pregunta a un joven mexicano qué significa el 68, probablemente responderá que fue una masacre, un genocidio. Ése ha sido nuestro legado. No hemos sido capaces de transmitir el lado hermoso, brillante, grandioso del legado de los sesenta, particularmente del 68”.

Al inquirirle por qué se le consideraba una figura controversial del movimiento, respondió que, sobre todo, se debía a que no fue arrestado: “Yo era uno de los líderes principales, así que mucha gente preguntó: ‘¿Por qué no te han matado? ¿Por qué no te han arrestado?’ Piensan que eso es digno de sospecha. Y creo que tienen razón de sospechar (...)”.

La segunda razón, agregó, es que “negué la versión de los estudiantes de lo ocurrido el 2 de octubre. No es seguro que el Ejército haya disparado en Tlatelolco. Y dije algo que me pesa hasta el día de hoy: el Ejército disparó salvas al principio; los disparos reales venían de otra parte. Esta versión la oí de muchas personas que estuvieron ahí. La declaración fue muy polémica en el CNH y en la asamblea. La discutimos y aun así seguí siendo representante de la Facultad de Ciencias. El tercer factor es que propuse la huelga”.

Tras afirmar que había que buscar nuevas banderas para luchar por la libertad y la justicia, Perelló aseguró que continuaba siendo comunista: “Sigo siendo marxista, incluso después de vivir en un país socialista durante ocho años (...) No creo en los valores que circulan hoy. Creo que el legado del 68, el de los sesenta, está vivo. Alguien lo va a rescatar, alguien lo va a retomar. Alguien, algún día”.

Perelló siempre expresó un espíritu crítico que defendió hasta el último de sus artículos periodísticos, aparecido el 1 de agosto en Excélsior: “La crítica —ya lo he dicho aquí—, cuanto más negativa, mejor. El saber bien aquello que rechazo no me obliga —solo eso faltaría— a saber qué es lo que quiero en su lugar”.

En abril pasado Radio UNAM decidió cancelar su programa Sentido contrario porque Perelló hizo una serie de comentarios sobre el caso de la joven Daphne, agredida sexualmente por jóvenes conocidos como Los Porkys. Fue acusado de misoginia entre un linchamiento en las redes sociales. Sus comentarios, declaró Radio UNAM, “atentan contra el espíritu de esta emisora y de la UNAM al normalizar la violencia de género y a oponerse al concepto de equidad e igualdad de género”.

“¿Alguna otra pregunta?”

Perelló y Joel Ortega Juárez tuvieron una amistad de más de medio siglo, y los recuerdos vienen al colaborador de MILENIO: “A mediados de septiembre del 68, en una conferencia de prensa con corresponsales extranjeros, le preguntaron: ‘Ustedes dicen que hay muchos heridos y muertos, y el gobierno dice que eso es mentira, ¿qué responde?’ Marcelino guardó silencio unos segundos y, de pronto, sacó una camisa manchada de sangre y dijo: ‘¿Alguna otra pregunta?’

“Marcelino no era un hombre inteligente: era un genio, que es otra cosa. Vivió en mi casa temporadas largas y nunca lo vi agarrar un libro, pero te podía hablar de Baudelaire, de Platón, de Aristóteles, de física, y fue traductor de parte de la obra de Lacan. Fue un hombre inverosímil, universal: a su medida, una suerte de Leonardo del siglo XX, aunque desde luego tenía 10 mil defectos. Para que se entienda con una imagen: Marcelino es el Messi del 68 mexicano”.

Para Gilberto Guevara Niebla, Perelló sobresalió en el 68 por su inteligencia y su desenvoltura al dirigirse al público, además de que “siempre fue un hombre polémico que hablaba con una sinceridad pasmosa que a algunos sorprendía y a otros molestaba. A los espíritus filisteos les parecía cruda o salvaje”.

Añadió: “Todos los líderes de 1968 sufrimos las consecuencias de la represión y la persecución; después del 2 de octubre, Perelló fue obligado a salir del país, un trayecto de su vida que fue, sin duda, doloroso y triste pues lo alejó de su familia y de sus amigos.

“La vida de Marcelino, como la de todos nosotros, no estuvo exenta de errores; pero yo agregaría en su descargo que para todos los líderes de 1968 la vida ha sido sumamente difícil; la persecución, la cárcel y el exilio fracturaron nuestra juventud, y recuperarse de traumas tan dolorosos es, quizá, imposible”.

Casi 15 años Marcelino vivió fuera de México y regresó gracias a los esfuerzos de la Universidad Autónoma de Sinaloa, recordó Jorge Medina Viedas, quien entre 1981 y 1985 fuera rector de la institución. Dijo que con la partida de Perelló “toda una generación pierde a una de sus figuras emblemáticas porque representaba el talento, la imaginación, la sinceridad, la valentía de un movimiento que cambió a México.

“Su pérdida debe hacernos recordar que hubo una generación que quiso que este país fuera distinto, que luchó por la dignidad del pueblo de México, que quiso que hubiera un despertar democrático a partir de la razón, de la inteligencia, del respeto entre todos y Marcelino tuvo algo adicional en esta generación: aportó su alegría, porque él no concebía al movimiento como algo trágico, sino como algo que llevaba la alegría de la juventud mexicana. Él siempre lo vio como una victoria, no como una derrota, como la vieron muchos: se va un pedazo muy grande de esta generación del 68”.

En aquellos años, el sociólogo Ronaldo González fue una de las personas más cercanas a Perelló, sobre todo en charlas vespertinas que se convertían en nocturnas “porque Marcelino era un animal nocturno, asombrándonos con sus ideas, con sus tesis absolutamente heterodoxas, sobre todo para aquellos muchachos de 20 años que éramos nosotros en aquel tiempo, poniendo en crisis varias de las certezas que nosotros recién habíamos adquirido”, dijo Medina Viedas.

Con Salvador Martínez della Rocca, Perelló tuvo una amistad desde los días de la Facultad de Ciencias: “Era muy simpático, muy bueno para contar chistes, un fuera de serie. Era muy bueno para el ajedrez. Compartimos muchas luchas que no se pueden olvidar. La pasamos bien y luego nos veíamos de vez en cuando. A todo mundo le duele que se vaya un amigo con el que tuviste muchos años de cercanía”, dijo el Pino.

El ex miembro de la Liga Comunista 23 de septiembre, Gustavo Hirales dijo sobre el problema que tuvo Perelló por sus declaraciones sobre las mujeres: “Es injusto que se le recuerde solo por eso; tiene que pasar un tiempo para que se valore mejor el papel que una personalidad como la suya desempeñó en la historia del país. Era un hombre lleno de vida, con mucho sentido del humor que a veces lo llevaba a posiciones políticamente no muy aceptables y generaban estas situaciones polémicas”.