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Miércoles , 20.06.2018 / 16:39 Hoy

Manuel Arango, el hombre que mira por los demás

Durante 40 años ha promovido la filantropía y la responsabilidad social en México, difundiendo las mejores prácticas internacionales y construyendo instituciones ejemplares como el Cemefi.

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Dino Rozenberg

Grandes hombres y mujeres hay muchos en México, personas que crean, construyen, educan, dirigen y hacen girar la rueda del mundo. Manuel Arango es un caso especial: a lo mucho que ha creado, le agrega su pasión por alcanzar una sociedad más sana, justa y democrática.

Hoy, a los 80 años de edad, se mantiene activo, íntegro y preocupado por la sustentabilidad de su legado. Por eso es reconocido como uno de los pioneros mexicanos en el campo de la filantropía y la responsabilidad social empresarial.

Con sus hermanos Jerónimo y Plácido, Manuel Arango Arias fundó la cadena de supermercados Aurrerá, que con Suburbia y los restaurantes Vips y El Portón constituyeron Grupo Cifra, uno de los corporativos más exitosos de su tiempo y que serían, a través de los años, vendidos al mayor retail del planeta: Walmart. Su buen ojo para los negocios no fue producto de la casualidad: los Arango viajaron desde jóvenes a Estados Unidos, de donde trajeron la fórmula de los autoservicios y la adaptaron al negocio familiar en su natal Tampico.

Según cuenta su esposa, Marie Thérèse, Manuel fue un joven bastante indisciplinado, lo que indujo a sus padres a enviarlo a la academia militar Culver, en Indiana, donde también estudiaron Alberto Baillères, Bernardo Quintana y Emilio Azcárraga Milmo. Es una escuela estricta, pero donde Arango adquirió la afición por el deporte y la vida al aire libre. Luego siguió sus estudios en el Lawrence College de Appleton, Wisconsin, donde se graduó en 1960, y desde entonces no ha abandonado México.

Preocupación por los demás

Después de vender los supermercados en el 2000, siguió por el camino de los negocios inmobiliarios, donde desarrolló torres de oficinas y centros turísticos. Marie Thérèse, su compañera desde hace 41 años, relata que lo más destacado de su perfil es que no ha hecho negocios solo para su beneficio, sino que ha dedicado buena parte de su patrimonio, su tiempo y su imaginación a difundir un valor poco reconocido: la generosidad.

Jorge Villalobos, director general del Centro Mexicano para la Filantropía (Cemefi), afirma que Arango es el filántropo más dedicado que ha conocido México, y que a sus 80 años sigue siendo un generador de ideas y proyectos de beneficio social. Hay otros empresarios que aportan dinero para patrocinar museos o apoyar instituciones asistenciales, pero Arango ha ido más allá: construye instituciones que aglutinan, difunden y gestionan el mundo de la filantropía y el desarrollo humano.

Lo confirma Martha Herrera, directora de Responsabilidad Social Corporativa de CEMEX, en Monterrey, cuando dice que Arango ha tenido gran influencia no solo en nuestro país sino también en Latinoamérica. “No porque sea un gran filántropo o un gran empresario, sino porque es un gran ser humano. Ha sido muy importante porque ha logrado emocionar y motivar a otros, y ha logrado instalar procesos, normas, políticas e indicadores para hacer más eficiente y profesional el trabajo de las organizaciones de la sociedad civil”.

Arango creó la Fundación Compartir, encargada de administrar las donaciones familiares; el Premio Caracol de Plata, que celebra los mensajes de interés social publicados en medios de comunicación; la Fundación Xochitla, que administra un parque y centro de estudios ambientales en Tepotzotlán, y, sobre todo, el Cemefi, una iniciativa que surgió tomando el modelo del Centro Canadiense para la Filantropía.

Desde su fundación en 1988, se ha dedicado a investigar y difundir el fenómeno de la responsabilidad social, y a reconocer, apoyar y capacitar a organizaciones no lucrativas, que de otra manera, estarían aisladas y serían menos útiles y sostenibles.

Fue él quien trajo a México la idea de no solo donar dinero sino también tiempo y talento, y la propuesta de que las empresas dedicaran un porcentaje de sus ventas a retribuir a la sociedad. Fue también el inspirador de la campaña “Mira por los demás”. Mientras que el Cemefi otorga a las empresas con altos estándares el emblema “Empresa Socialmente Responsable”.

Sin reflectores

Marie Thérèse Hermand y Manuel Arango se casaron en la iglesia de Tepotzotlán, Estado de México, en 1975 y tuvieron dos hijas -y hasta ahora cuatro nietas-. Ella es tanto su aliada como su admiradora, y guarda incontables aventuras desde la época juvenil cuando, en un modesto sedán, paseaban por Acapulco o recorrían la carretera Transpeninsular, La Paz y Los Cabos, Baja California, que han sido sus sitios preferidos.

Para entonces él ya se había entusiasmado con los temas ambientales, que siguen siendo una de sus preocupaciones. Ella es la fundadora del Museo de Arte Popular, en el centro histórico de Ciudad de México, una obra a la que Arango no solo aportó recursos sino también ideas e inspiración.

La señora Hermand describe a Manolo con cariño y ternura: “Siempre fue un gran hombre, digno, honesto, respetable y con carisma, que curiosamente es serio en casa, pero divertido en los ambientes sociales y profesionales. De joven fue un galán, pero con los años fue cambiando aun sin perder su sentido del humor. Siempre ha sido el alma de las fiestas. Sus amigos lo quieren mucho porque es un hombre en el que se puede confiar: cuando decide algo persevera hasta conseguirlo”.

Ella recuerda una anécdota que, afirma, lo pinta entero: llevaban pocos meses de casados y un mediodía, cuando paseaban en su “vocho”, los paró una patrulla con un pretexto inexistente y la amenaza de ir al corralón. Lo que esperaban era una propina, pero Arango se negó al arreglo y pasó la tarde en la delegación. Apareció al anochecer, cuando Marie Thérèse estaba en ascuas, pero no consintió la mordida.

Causas asistenciales, pero también políticas y sociales

Su rectitud y su interés por los temas sociales lo han llevado más allá de las causas y temas tradicionales. Villalobos destaca que en sus inicios, no era bien visto que las organizaciones filantrópicas se involucraran en temas políticos y sociales, y agrega que las propuestas de Arango han valorizado la defensa de los derechos humanos, la lucha contra la discriminación y la participación ciudadana en el proceso democrático.

Ejemplos de su compromiso activo fueron su voto por Andrés Manuel López Obrador para el gobierno de la Ciudad de México, respaldo que luego le retiró, y también su apoyo a las campañas de Felipe Calderón y Josefina Vázquez Mota. Arango fijó claramente su postura: “Mi voto es por las personas y no por los partidos, a los que considero muy distantes de la ciudadanía y sus demandas”.

Miembro de una familia saludable -su hermano Jerónimo tiene 91 años y Plácido cumplió 86-, Manuel Arango no se llama a reposo. Se ha desvinculado de los negocios para dedicarse a disfrutar de sus hijas y nietas; sigue delgado y atlético como en su madurez.

Tiene por consigna no aceptar premios ni reconocimientos, y cuando aparece en los medios es para respaldar alguna de sus causas favoritas, como el Caracol de Plata.

“Vivir con Manolo ha sido una gran experiencia”, resume Marie Thérèse, “por la diversidad de sus inquietudes y su generosidad para compartir el tiempo y las ideas”. Ella espera que ahora, a su edad, se dedique a la familia, al arte y a sus amigos, pero Arango no ha prometido nada.

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