Platicar con tu mamá sí puede hacerte sentir mejor

Investigadores de la Universidad de Missouri aseguran que contar historias mejora la calidad del estado de ánimo.
Sí, hablar con tu mamá efectivamente es bueno
Sí, hablar con tu mamá efectivamente es bueno (shutterstock)

Alguien dijo una vez que los seres humanos estamos hechos de historias. En efecto, las personas utilizamos la narrativa para procesar y comunicar cada aspecto de la vida: contamos las buenas noticias, las malas, los conciertos memorables, las anécdotas vergonzosas. Contamos chistes, películas, libros… Básicamente, elaboramos historias con todo lo que nos ocurre cada día.

Utilizamos la narrativa como una forma de organizar sucesos confusos o complicados y, al mismo tiempo, aspirar a revivir una sensación específica. Pero, sobre todo, lo hacemos para darle sentido y orden lógico a la experiencia.

Contar historias no es un acto exclusivo de la comunicación. Las ciencias de la salud han hecho descubrimientos sobre la función de la narrativa en el desarrollo de la conducta, particularmente cuando nos enfrentamos a una experiencia negativa.

Haley Horstman, investigadora de la Universidad de Missouri, asegura que entre las personas existe una tendencia a transformar las experiencias complicadas o trágicas en historias. Para ello, hacemos uso de todas las herramientas narrativas que conocemos —puesto que somos expertos en ver películas, series y leer libros—: asignamos roles a cada personaje, relatamos acciones e incluso proponemos un momento climático.

La investigadora de Missouri está convencida de que este fenómeno narrativo adquiere una intensidad notable cuando tu madre es la interlocutora.

Horstman explica que, para comprobar su teoría, reunió en el laboratorio de la Universidad a unas 60 mujeres de entre 18 y 33 años y les pidió que escribieran su experiencia más adversa; posteriormente, las mujeres debían responder un cuestionario sobre su estado de ánimo. Un par de días más tarde, las 60 mujeres regresaron al laboratorio acompañadas por sus madres, a quienes se les pidió que interactuaran de manera normal con sus hijas y que conversaran con ellas sobre la misma historia que habían escrito antes. Finalmente, dos días después, el grupo de mujeres volvió a escribir su experiencia y repitió el cuestionario.

Horstman y su equipo compararon las historias escritas antes y después de la intervención de las madres. Con sorpresa, notaron que después de platicar con sus madres, las mujeres relataron su experiencia con un estilo distinto y un tono narrativo mucho más positivo.

Las investigaciones indican que la charla, el oído maternal y la intimidad que se establece con ella actúan positivamente sobre el estado de ánimo. Quizá mamá no tenga siempre la respuesta correcta o el mejor consejo. Sin embargo —como asegura la ciencia— sí puede hacer que cualquier situación mejore.