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Jueves , 16.08.2018 / 06:20 Hoy

Mala puntería y /II

La película maneja la premisa de que los fantasmas existen porque son testigos del mal comportamiento de los humanos y se hacen presentes para castigarlos.

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Taboada juega con los lugares comunes, tales como la casa vieja, las escaleras, los relojes, la criada siniestra, pero en el sótano es donde mejor logra la sensualidad, el misterio y el suspenso: las mujeres encuentran vestuarios de época que se prueban hasta que descubren un baúl. Cuando van a abrirlo aparece el gato como si se tratara de impedirlo; Marta intenta golpearlo pero Ofelia la detiene mientras el gato huye; las mujeres encuentran ahí el vestido de novia que fue de la tía Susana, y como Ofelia está a punto de casarse, decide hacerle algunos cambios para usarlo. Todo sucede bajo la mirada escondida de Sofía, que tiene la misma función de Diego en Hasta el viento tiene miedo: es el puente entre dos mundos, el de la vida y la muerte.

La película maneja la premisa de que los fantasmas existen porque son testigos del mal comportamiento de los humanos y se hacen presentes para castigarlos. Cabe mencionar que la tía Susana, el fantasma, es interpretado por Tamara Garina, quien merece un aplauso hasta la eternidad.

Una noche, la puerta de la habitación de Ofelia se abre y el fantasma entra: sólo vemos sus manos, con las que toma el vestido de novia y se lo lleva. Pero al cerrar la puerta Ofelia despierta, cree que fue el gato y sale a buscarlo; entonces descubre la chimenea encendida con el vestido consumiéndose en el fuego.

La elipsis que sigue está bien planeada, hace avanzar la narración y el suspenso; ya es de día, y Marta y Pilar están frente a la chimenea humeante. La primera le dice a Ofelia que fue Sofía quien lo hizo; cuando Ofelia pregunta, Sofía sabe quién fue, pero no se atreve a decirlo porque no le creerían y entonces acepta que fue ella —esto es saber revolcar a la chiva para darle a la historia otra perspectiva—. Merece aplauso.

Los aciertos están apocados por la mala puntería con la que se decidió el reparto femenino. El fantasma ha matado de miedo a Aurora y a Pilar, y Ofelia —es decir, Claudia Islas— jamás da un céntimo de consternación sino solo es frívola en su "esbeltez". Lo mismo sucede con Marta —Lucía Méndez— cuando sabe lo que va a pasarle —un manjar para una actriz profesional— finge estar aterrada porque se preocupa más por su permanente y que luzcan sus piernas en minifalda. Por supuesto que es un problema de dirección, pero cuando se tiene enfrente a dos palos
de escoba es imposible sacarles un gramo de actuación.

A pesar de ello, la película, por su narrativa, es una joya que se sustenta en el realismo, lo que le da verosimilitud al terror. Aquí pueden aprenderse los lineamientos de un cine que provoca miedo.

Más negro que la noche (México, 1975), dirigida por Carlos Enrique Taboada, con Claudia Islas y Susana Dosamantes.

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