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Jueves , 24.05.2018 / 00:03 Hoy

Mala puntería /I

En 'Más negro que la noche', Carlos Enrique Taboada narra una historia de miedo apoyándose una vez más en el realismo para reforzar la verosimilitud de los acontecimientos.

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Jorge Gallardo de la Peña

Hacer películas es un trabajo en equipo; los integrantes están regidos por una idea motora: narrar una historia. Cuando uno de ellos falla, sea quien sea, lo más probable es que todo se venga abajo, no importa que el guión esté bien estructurado y merezca producirse.

Es normal que un autor se repita en tema y contenido; a veces sucede con fortuna, y en otras se cometen errores que pueden traducirse en mala puntería. En Más negro que la noche, Taboada narra una historia de miedo apoyándose una vez más en el realismo para reforzar la verosimilitud de los acontecimientos.

En la secuencia de créditos, que es estupenda, vemos en varios aspectos cotidianos cómo la tía Susana —solo aparecen sus manos viejas— habla con amor a Bécquer, su gato; pero de repente sucede lo inexorable: el infarto y la muerte.

En su testamento, la tía deja a Ofelia, su sobrina y único pariente, la casa como herencia —recurso que se ha usado hasta el infinito, aunque no significa que esté agotado; pienso que hay que saber revolcar a la chiva para transformar el estereotipo—. Solo que en una de las cláusulas suplica que acepte la custodia de su gato, el ser al que más quiso.

Ofelia vive con tres amigas y les participa lo de la herencia; gustosas se van a vivir a la vieja casa, que es atendida por Sofía, la sirvienta, el personaje más notable de la película, interpretado por Alicia Palacios con adorable intensidad. Ella es la que, porque cree en el más allá, sabe de la existencia del fantasma de la anciana, y que se materializa porque las amigas de Ofelia odian a Bécquer.

En la atmósfera de la casa, con su vetustez aristocrática, sentimos la premonición de la tragedia: la morada está viva, gime, llora y se hace tenebrosa. Es el presagio de la muerte solo para las mujeres que despiertan en la media noche, la escuchan y son capaces de matar a un gato.

La llegada de las nuevas inquilinas hace que Bécquer se esconda, pero en medio de la noche, un rechinido despierta a Pilar, quien se da cuenta de que la mecedora se mueve sola. Ahí descubre al gato y grita; las otras mujeres salen de sus dormitorios para ver qué pasa; Taboada arroja su dardo venenoso con muy mala puntería, pues con el afán de mostrar los atributos "sensuales" de sus actrices, se olvida de que tiene una historia urdida: Ofelia, Marta y Aurora entran con Pilar como si acabaran de salir del salón de belleza. El realismo con el que trata de fundamentar los acontecimientos se esfuma como Nosferatu cuando siente los primeros rayos del sol.

Más negro que la noche (México, 1975), dirigida por Carlos Enrique Taboada, con Claudia Islas y Susana Dosamantes.

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