La magia del amor se busca con brujería

En cuestiones de rupturas, el mexicano acude primero con un santero o brujo antes que con un psicólogo;  la demanda se dispara en la fiesta de San Valentín.
Jóvenes, maduras, ancianas buscan "amarres".
Jóvenes, maduras, ancianas buscan "amarres". (Luis Miguel Morales.)

México

Para los enamorados lo nuevo en la reconciliación es una manzana roja a la que se le unta miel, un clavel rojo y velitas; o bien, para alejar a un tercero o tercera: los cráneos de parafina, chiles, azufre, sal negra, veladoras… Todo en el suelo para la velación: flamas y tonos rojos. El ambiente para la magia del amor.

La especialista en amarres (o desamarres) lee el tarot: “Pon tus manos arriba y dices tu nombre…”.

Deshilvana, “estas pasando por una traición, un engaño te tiene inquieta y desesperada… un hombre malo está hiriendo tu persona…  una mujer joven con la que él tiene una aventura…”. La mujer escucha, gime, parpadea y acepta.

Estar deprimido o triste por un amor que se fue tiene su solución mágica a un costo de 800 pesos, cantidad que incluye todo: velas, prendas, listones, esencias y los órganos genitales de la pareja en parafina. Se juntan, se acomodan y a esperar siete días. Él o ella regresarán, amorosos y dóciles.

Para la especialista en terapia familiar de la Facultad de Estudios Superiores Zaragoza de la UNAM, Marlene del Rocío Ruiz Cortés, la existencia de un santero o brujo “es parte de nuestra cultura; México está ligado a ideas mágicas”.

Y si se consulta con una especialista en amarres en la zona conurbada de la Ciudad de México, la respuesta es casi similar. Afirma que una persona con algún mal “del alma”, por ejemplo en materia de amores “llega primero conmigo que con un psicólogo”.

Sin dar números, refiere que las consultas que ella atiende en su consultorio, ubicado en Chalco, Estado de México, crecen en todas las edades, desde niñas de secundaría hasta personas de la tercera edad.

Es de creerse por las bancas que ahí se encuentran para ser ocupadas conforme llegan los clientes. Las clientas, principalmente.

El lugar huele a esencias, se ven imágenes de la Santa Muerte y de San Charbel. En el mostrador se amontonan los elementos solicitados en estos días del amor y
la amistad: jabones, perfumes y, por supuesto, un miembro y una vagina en color rojo, los más solicitados hoy en día.

La especialista en amarres (y desamarres), también de nombre Marlene, acepta que las personas que se le acercan llegan deprimidas.

“Pero también llegan chavas contentas que quieren que en el día del amor todo funcione bien y se les recomienda un bonito baño de flores con esencias y un perfume; se prenden unas velitas y se le recomienda una ropa roja, una blusita, una tanga con su corazoncito”.

Para las deprimidas y tristes, por la ausencia del amor, el manejo es otro.

“Llega el hombre y dice: ‘Mi esposa me dejo; quiero un amarre. Bueno, unas velitas y viene la reconciliación. Cuando es un caso de infidelidad viene la mujer y pide un amarre para que su hombre no funcione en otro lado y tenerlo dominado”.

Lleva una prenda interior de él, alfileres, listón rojo y los órganos genitales en parafina en donde en uno y otro se escriben los nombres de ambos, la petición del deseo y la foto de ambos; se usan perfumes y polvos. Hay velación. Pasan de cinco a siete días para que todo vuelva a su cauce.  El amor que se fue, regresa.

Para la especialista, las consultas de este tipo crecen día con día: “Aquí llegan chamaquitas de secundaria tristes porque el novio las dejó. Recién llegó una señora de la tercera edad porque tenía problemas con su pareja que ya no la tocaba, ni abrazaba; se sentía triste y deprimida. Se le recomendó una velita, tener fe y después reportó que estaba contenta”.

La fe es importante, dice: “La consulta siempre es por amor y después viene lo otro: el sexo”.

Se le preguntó si en materia de amores hay charlatanes y dijo que sí, que ella no lo es, pues solo tiene “un don, desde que nací” y, además, su materia prima son la lectura de cartas, “conchitas de mar, cartas de las hadas, puro y copa de agua”.

 La “depre” pega fuerte

Para la especialista en terapia familiar, Marlene del Rocío Ruiz Cortés, la cura de la depresión, ante la ausencia de un amor, “es tener confianza por nosotros mismos”.

Acepta que la depresión en días como el del amor y la amistad o Navidad pega más fuerte “y le pega más a una mujer por cuestiones culturales: el hombre tiene más recursos para enfrentar un día como estos”.

Dijo que las respuestas más fáciles y prontas para los que sufren de amor están con los santeros o libros de superación personal. Aunque defiende que lo mejor es asistir con un psicólogo.

 Diente por diente

Claudia es una mujer que pasa de los 40 años. Hace ocho días su esposo la dejó por segunda ocasión, esta vez por una joven de 23 años.

Con ese “problema sentimental” asistió con Marlene, la de los amarres,  con la que tiene mayor confianza que con un psicólogo. Describe su “depresión” por la que pasa “no querer salir, no quiere ver a nadie, no hablar con nadie, solo está encerrada”. Dice que trata de ser fuerte para que sus hijas no la vean sufrir. Así que llegó solicitando un amarre para que el esposo de 50 años regrese, pero no por amor.

“Dicen que ojo por ojo y diente por diente (…) Es por orgullo de mujer: voy a encontrar a alguien mejor que él. Le voy a hacer lo mismo y sé que le va a doler mucho”. Para eso quiere su regreso.