Evocan a González de Alba y su estado de libertad en la FIL

'Tlatelolco, aquella tarde' se volverá una referencia clave sobre el  2 de octubre de 1968, asegura Héctor Aguilar Camín en Guadalajara.
El escritor reflexionó a profundidad sobre el movimiento estudiantil.
El escritor reflexionó a profundidad sobre el movimiento estudiantil. (Octavio Hoyos/Archivo)

Guadalajara

El propósito primordial era presentar un libro en la FIL de Guadalajara—Tlatelolco, aquella tarde (Cal y Arena, 2016)—, pero se convirtió en un homenaje a través de la memoria y de la palabra de quienes fueron sus editores, pero sobre todo sus amigos: Héctor Aguilar Camín, José Woldenberg, Rogelio Villarreal y Rafael Pérez Gay.

"Se trata del último libro que editó con mano propia; esas páginas reúnen los textos que a él le parecían cruciales en su memoria, visión, recuento del 2 de octubre de 1968 y también del movimiento estudiantil. A los textos nuevos los rodean crónicas que había escrito antes, pero que González de Alba corrigió y ordenó con mucho cuidado", dijo Aguilar Camín.

Desde esa perspectiva, enfatizó el colaborador de MILENIO, es un libro completamente nuevo, pero ante todo un testamento sobre lo que González de Alba pensaba del movimiento estudiantil, en especial de la tarde del 2 de octubre de 1968: "No dudo que se convertirá en una referencia clave para quien quiera saber, lejos de la mitología, lo que ocurrió ese día negro", afirmó.

Pérez Gay se refirió a la polémica que despertaba su palabra, en especial al conflicto que sostuvo con Elena Poniatowska, lo que le costó que lo despidieran del diario del que había sido fundador.

El escritor y divulgador de la ciencia se suicidó apenas el 2 de octubre pasado. Por ello, para Héctor Aguilar Camín, la presentación del libro era más como un aniversario luctuoso: González de Alba ya no podía viajar a la Ciudad de México y la FIL se había convertido en el pretexto para el reencuentro con un personaje que fue un hombre libre hasta sus últimas horas.

"Fue un hombre libre hasta el punto de escandalizar, libre al punto de dar miedo. Spinoza escribía que al hombre que no tiene límites en su libertad debe detenerlo el Estado y clausurarlo. Luis era el hombre en estado puro de libertad. Libre en su orientación sexual y en sus preferencias específicas", destacó Aguilar Camín.

José Woldenberg no solo lo evocó como un "maestro a distancia", sino en especial como un "amigo entrañable", que con el libro póstumo, ofrece "una especie de testamento, un expresivo resumen del 2 de octubre de 1968, decantado por el tiempo, de alguien que defiende su verdad".

"Aquella tarde marcó la vida de Luis, la de él y la de sus compañeros, aquellos que participaron en los movimientos estudiantiles. Luis siempre estuvo obsesionado con la verdad, en especial de aquella tarde: se rebeló contras las mentiras, medias verdades y las mitificaciones".

Luego de recordar los desencuentros que a lo largo de su vida tuvo Luis González de Alba con la izquierda, Rogelio Villarreal rememoró las charlas que sostenían de manera frecuente, en las que el escritor, quien "nos divertía mucho, con anécdotas realmente procaces, pero también del 68 y de muchas etapas de su vida, y todo eso lo contaba muy divertido, sin el menor rastro de amargura ni de enojo, era una cosa que ya había pasado y simplemente había detalles que precisar".

En un salón que apenas resultó suficiente para albergar a los amigos y lectores de Luis González de Alba se presentó Tlatelolco, aquella tarde, un volumen que alcanzó a editar con rigor, porque era un hombre que "cuidaba los detalles de sus libros con inteligencia y, muchas veces, con un toque de mal humor", en palabras de Rafael Pérez Gay.