Breve historia de… las luces de Navidad

Este mes, los hogares de México y muchas partes del mundo se llenan de luces que encienden el espíritu navideño. Entérate de su fascinante historia.
Las luces de Navidad, un elemento indispensable en las celebraciones de fin de año.
Las luces de Navidad, un elemento indispensable en las celebraciones de fin de año. (Especial)

Ciudad de México

En 1882, un empresario neoyorquino tuvo una idea millonaria: conectar una serie de bombillas eléctricas y montarlas en su árbol de Navidad.

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Muchos de nosotros podríamos pensar que la Navidad, tal como la conocemos, es una celebración muy antigua. Pero la verdad es que la mayor parte de los elementos con los que la asociamos tuvieron su origen en el siglo XIX. Basta recordar que el primer poema que describe la apariencia de Santa Claus se publicó en 1823; la Canción de Navidad de Charles Dickens, en 1843; las ilustraciones de Thomas Nast que definieron la apariencia del hombre de rojo vieron la luz en 1862 —si quieres leer la historia completa de Santa, haz clic aquí— , y otra de los componentes esenciales de estas fiestas, el árbol de Navidad, fue introducido en Inglaterra por consorte de la reina Victoria, el príncipe Alberto, que importó de su natal Bavaria el tannembaum o árbol de Navidad.

De Inglaterra, el alegre arbolito navideño pasó a Estados Unidos, y de ahí a todo el mundo. Según los registros históricos, el primer presidente estadunidense que montó un árbol en la Casa Blanca fue Franklin Pierce en 1856, y para 1870 uno podía comprar un árbol recién cortado en el Square Park de Washington. En aquellos entonces, la gente solía adornar sus flamantes árboles con velas encendidas —muy al estilo alemán—, lo cual lucía muy bien pero constituía un riesgo constante de incendios.

Por otro lado, otra serie de novedades e invenciones se desarrollaban en la pujante nación vecina de finales del siglo XIX. En 1871, el ingeniero Edward Hibberd Johnson, un intrépido joven de Filadelfia que dirigía la Automatic Telegraph Company, contrató a un inventor de 24 años cuyo nombre habría de pasar a la historia: Thomas Alva Edison. Cuando el joven Edison dejó la compañía de telégrafos para fundar su propia compañía, Johnson lo siguió y se convirtió en el socio capaz de convertir sus geniales ideas en dinero.

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Para 1880, Edison había patentado la bombilla eléctrica. Pero había un pequeño problema: faltaban algunas décadas para que la energía eléctrica distribuida a través de cableado alcanzara al público en general. Dos años después, durante la época navideña, Johnson tuvo una idea millonaria: tomó 80 bombillas de colores azul, rojo y blanco, las conectó en serie con cable eléctrico, las montó alrededor de su árbol de Navidad y las conectó a un generador. El efecto fue espectacular, tanto que Johnson —que, además de un genio para los negocios, era un excelente publirrelacionista— llamó a un reportero para describir la escena.

El invento de Johnson estaba adelantado a su tiempo. Pero en los años siguientes la energía eléctrica empezó a popularizarse y los precios de producción de las bombillas fue cada vez menor. En 1894, el presidente Grover Cleveland fue el primero en montar un árbol navideño con luces eléctrica; para 1914, el precio de una serie navideña era de dos dólares, y en los años 30, la invención de Johnson se encontraba encendida en millones de hogares de todo el mundo.


FM