"Los cuervos no se peinan"

Esta representación se lleva a efecto dentro del programa del Cedram llamado “Vamos al teatro”, por medio del cual acuden alrededor de 44 comunidades aledañas a la región lacustre de Pátzcuaro.
Bello texto que juega por igual con lo narrativo y lo dramático.
Bello texto que juega por igual con lo narrativo y lo dramático. (Especial)

México

Por razones académicas asistí al Centro Dramático de Michoacán (Cedram, del que hablaré en alguna otra entrega por ser un proyecto excepcional), y de carambola pude ver una función, segunda o tercera luego de su estreno, de Los cuervos no se peinan, de Maribel Carrasco, en el teatro Lázaro Cárdenas, de Pátzcuaro. Esta representación se lleva a efecto dentro del programa del Cedram llamado “Vamos al teatro”, por medio del cual acuden alrededor de 44 comunidades aledañas a la región lacustre de Pátzcuaro. En coordinación con autoridades, escuelas, orfanatos, casas de retiro para ancianos y un largo etcétera, se les proporcionan espectáculos de danza, teatro y cine. En el caso de este programa (existen otros), se cuenta con cómodos camiones que traen a los espectadores al Lázaro Cárdenas. Pero de lo que es el Cedram escribiré en otra ocasión.

Para la función de marras asistió público de Tzurumútaro y Huiramba a una obra que ya ha pisado escenarios chilangos. Este texto de Carrasco, emparentado con la dramaturgia québécoise para niños, posee todas las cualidades emocionales, poéticas e irónicas que caracterizan su escritura. Bello texto que juega por igual con lo narrativo y lo dramático en un hibridaje afortunado que nos abre los mundos de un niño-cuervo o un cuervo-niño, tratado como hijo por una mujer de sombrero rojo que lo adopta para suplir su maternidad no realizada. Ambos, carentes de algo, son perfectamente complementarios pese a su naturaleza diferente. Las inquietudes del pequeño mientras crece, los llamados de su origen y las urgencias de ser un niño de verdad, integrado, aceptado, etcétera, ponen de cabeza su vida y la de la mujer de sombrero rojo.

El director michoacano Diego Montero es el responsable de la puesta en escena que se estrenó en el Cedram, dotada de un enorme sentido del humor e ingenio escénico con recursos que se reducen a una alfombra de 5 por 5 metros y una banca extrañamente convexa, así como un vestuario nada complicado que se transforma continuamente para que el espectador se transporte de situación o de personaje. El diseño sonoro y la iluminación son los otros protagonistas que acompañan a los actores Diana Becerril y Daryl Guadarrama, de grandes dotes y disciplina. Sé que están en proceso de consolidar el trabajo, pero sí urge señalar que tienen una primera mitad hermosa y cautivante, laboriosamente tejida, contra una segunda que se deshilacha y reclama el mismo cuidado que su antecedente.

Muy pronto Los cuervos no se peinan estará en la Ciudad de México. No se la pierda.