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Martes , 19.06.2018 / 14:04 Hoy

Los tics del primer ministro

Hombre de celuloide

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Fernando Zamora

“La juventud se ha ido, esperemos que haya dejado sabiduría”. Con estas palabras, Winston Churchill se despide de su mujer para ir a besar la mano de Jorge VI y volverse primer ministro en Las horas más oscuras. La imagen de la película es bold, recia como el personaje, como sus discursos, como el tiempo que le tocó vivir. Con sus estilizados movimientos de cámara y la poesía de sus escenas (sazonadas con la música de Dario Marianelli), la película recuerda al italiano Paolo Sorrentino, a los franceses Jeunet y Caro, a los estadunidenses Paul Schrader y Terrence Malick, al chino Wong Kar–wai. Su belleza es tan estilizada que resulta irreal, pero el cine, ya se sabe, no es cuestión de realidad sino de belleza; de narrativa sí, pero más de arte visual. Joe Wright se volvió famoso relativamente joven con Orgullo y prejuicio en 2005; dos años después produjo la que era su mejor película, Expiación, pero en 2012, con una patética versión musical de Anna Karenina, estuvo a punto de perder todo el prestigio que había ganado. Como buen artista fílmico, Wright se arriesga y aunque es cierto que quien arriesga gana, también ha estado a punto de perder. En Las horas más oscuras gana, sin duda. Ofrece imagen a los exquisitos; a los amantes del cine narrativo, grandes actuaciones, y a las mayorías, entretenimiento. Vale la pena detenerse en lo que sin duda será lo más comentado en esta película: las actuaciones o, mejor, la actuación. Gary Oldman interpreta a este héroe nacional de Inglaterra y tanto sus compañeros como la crítica de espectáculos lo elogian como el creador de la mejor interpretación del primer ministro hasta la fecha. Si por una parte es cierto que Oldman consigue recrear a Churchill, también lo es que sus guiños resultan a veces un poco exagerados. No es una actuación que permita al espectador olvidarse de todo y entrar en la historia de este hombre que tenía un mes para convencer al Reino Unido de que debía prepararse para la guerra. La de Oldman es una actuación tan llamativa como la de Bruno Ganz en La caída: llena de tics. Tantos que podría decirse que el Hitler de YouTube tiene un rival: este Churchill que grita “fuera todos” y que también hace llorar a su secretaria.


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