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Martes , 25.09.2018 / 06:37 Hoy

Los mil libros

Escolios


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En esa época pueril y desaforada de un alma, en la que se juntan la fantasía y el anhelo de conocimiento, yo veía las obras de referencia como una panacea. Con ingenuidad y avidez hurgaba en enciclopedias, diccionarios, antologías, historias de la poesía, la filosofía o el pensamiento político en busca de panoramas generales, citas indispensables, palabras prestigiosas, letras que cambiaran la vida. La primera obra de referencia que conocí fue Los mil libros de Luis Nueda y Antonio Espina, que alguien me regaló en un temprano cumpleaños. Se trata de resúmenes de un millar de libros de humanidades y literatura que los autores consideran esenciales. Los resúmenes se apegan fundamentalmente a la anécdota o argumentos de la obra comentada y se aderezan con los pareceres morales de los reseñistas. Me costó trabajo cambiar de los diálogos con ilustraciones de las historietas a la austera y cerrada letra de imprenta de Los mil libros; sin embargo, pronto me pareció atractivo el compendio de saber que ofrecía y la posibilidad de conocer, en pocos párrafos, la esencia de la emoción y el saber humanos. Las decenas de resúmenes que leí me volvieron más pedante e impopular en la escuela y orientaron algunas de mis más tempranas y permanentes filiaciones literarias. Por ejemplo, la descripción de Madame Bovary, “una estupenda novela de corte realista, aunque nada recomendable desde el punto de vista moral”, me hizo buscar de inmediato la obra de Flaubert con la falsa expectativa de una sobreabundancia de escenas escabrosas e iniciáticas.

Admirable trabajo de curiosidad y devoción hacia la lectura, esta obra se ha remozado a medida que sus autores se ensombrecen. Encuentro, en las escasas referencias sobre Luis Nueda (1883–1952), que era el dueño de una empresa de pompas fúnebres madrileña, aficionado a las artes y autor de libros arrumbados en los que da testimonio de su melomanía o de su espíritu polémico. Antonio Espina (1874–1972), por su parte, era un poeta que vivió en el exilio hasta 1953, y quien comentó algunos libros más actuales y de autores hispanoamericanos. El proyecto de Los mil libros tiene su origen durante la Guerra Civil española, cuando como señala en uno de sus prólogos, Nueda, abrumado por el conflicto bélico (pese a que presumiblemente impulsaba su negocio de sepelios), decidió aislarse y escribir, en los momentos en que la civilización pasaba por sus horas más bajas, este elogio (¿o elegía?) de esa misma civilización, sintetizando algunos de sus libros más recordables. La primera edición se publicó en 1940 y hubo otras cuatro solo con los resúmenes de Nueda hasta 1969, cuando se decidió incorporar a Espina. Si se lee ahora, su catálogo se ve avejentado, la selección adolece de un sesgo provinciano y su tono revela las virtudes y defectos de la espontaneidad crítica. Con todo, su marchita pretensión de señalar obras que resisten el paso del tiempo provoca una irremediable simpatía y nostalgia.


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