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Viernes , 25.05.2018 / 03:03 Hoy

Los escritos tóxicos de Céline

Una agria polémica dominó la escena cultura francesa en las últimas semanas desde que Gallimard anunció su propósito de publicar los panfletos antisemitas que el narrador francés escribió entre 1937 y 1941. La editorial ha dado marcha atrás per

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Melina Balcázar Moreno

La reedición de los panfletos antisemitas que Louis-Ferdinand Céline publicó entre 1937 y 1941, anunciada durante el mes de diciembre pasado por la prestigiosa editorial francesa Gallimard, ha provocado una fuerte polémica. Ha alcanzado incluso los círculos del poder, pues desde su anuncio el gobierno actual se sintió obligado a intervenir a través de su delegado por la Lucha contra el racismo y el antisemitismo, que envió una carta incitando al editor Antoine Gallimard a ofrecer "las garantías necesarias" para que una publicación de este tipo fuera posible sin peligro. Es decir, para que se evitara el riesgo de una descontextualización histórica e ideológica, mediante un aparato crítico elaborado por un grupo pluridisciplinario de especialistas. Ante la magnitud de la polémica, el primer ministro, Édouard Philippe, decidió tomar posición declarándose a favor de la reedición: "No tengo miedo de la publicación de esos panfletos, pero habrá que acompañarlos con sumo cuidado. Existen razones de peso para detestar al hombre, pero no se puede ignorar al escritor ni su lugar central en la literatura francesa." Estas declaraciones suscitaron la viva reacción del abogado e historiador Serge Klarsfeld, conocido por su lucha contra el antisemitismo y contra los criminales de guerra nazis, quien desde un inicio se opuso con firmeza al proyecto. En su calidad de presidente de la Asociación de hijos de los deportados judíos de Francia, exigió al presidente Emmanuel Macron que se prohibiera la reedición, ya que, afirmó, "ningún aparato crítico podrá aligerar el contenido de sus intenciones abyectas".

Sin embargo, el primero en oponerse a la reedición de estos panfletos fue el mismo Céline, al final de la guerra. Después de su muerte en 1961, su viuda Lucette Destouches y su abogado François Gibault respetaron su voluntad e impidieron toda nueva edición. Pero de manera sorpresiva y, para algunos inexplicable, ambos dieron finalmente su autorización. Según lo explicó François Gibault, esto se debe a que "la época ha cambiado", como lo demuestra la reedición de 2015 del feroz panfleto antisemita Les Décombres de Lucien Rebatet (1903-1972), que no provocó ningún escándalo entre la opinión pública francesa. Otra de las razones que la justificaría es que los panfletos son fácilmente accesibles en la red, aunque sin ninguna advertencia y sin el aparato crítico, previsto por Gallimard. De hecho, una edición crítica ya ha sido posible en Quebec, en 2012, debido a la diferencia de legislación: Canadá establece la entrada de una obra al dominio público después de cincuenta años de la muerte de su autor, mientras que en Francia se fija a después de setenta años.

Por su parte, el editor aseguró que su intención era "enmarcar y situar en su contexto estos escritos de una gran violencia, marcados por el odio antisemita" y hacer que, por fin, Bagatelles pour un massacre, L'École des cadavres y Les Beaux Draps integren el conjunto de la obra del autor. Como una manera de restituirle su complejidad histórica, que Céline intentó ocultar al ejercer, como escritor, el derecho de retirar a sus editores sus libros. "Estos panfletos pertenecen a la historia del más infame antisemitismo francés, señala Antoine Gallimard. Pero condenarlos a la censura constituye un obstáculo a la plena elucidación de sus raíces y de su peso ideológico, creando además una curiosidad malsana, ahí donde no debería ejercerse sino nuestra facultad de juicio." Tal es también la opinión del reconocido especialista de su obra y biógrafo, Henri Godard, que defiende la reedición: "El haber relegado los panfletos, como un cadáver en el armario, ha creado una situación malsana. Se les evoca con frecuencia pero en realidad casi nunca se han leído realmente los textos en su integralidad. Es justo que los admiradores de las novelas puedan tener conocimiento, si así lo desean, de los otros libros del mismo autor. Si después de hacerlo, la mayoría de entre ellos –como podemos suponerlo– conserva intacto el placer de la lectura de sus novelas, constituirá una prueba, más elocuente que cualquier discurso, del valor que en adelante otorgaremos a la creación artística."

Literatura versus Historia

No obstante, para que la publicación no sea considerada una incitación al odio racial y, de esta manera, sea legalmente posible en Francia, estos escritos deben aparecer precedidos de un texto que los resitúe en la historia, en particular con respecto al Holocausto. Ante la propuesta gubernamental, de confiar la edición a un equipo de historiadores, Gallimard se negó a retirarla al profesor de literatura y especialista de Céline, Régis Tettamanzi quien estuvo a cargo de la edición canadiense. Varios historiadores se manifestaron también por esta opción en diversas tribunas, así como el sociólogo y politólogo Pierre-André Taguieff, quien publicó a principios de 2017, Céline, la race, le Juif, en colaboración con Annick Duraffour: "El objetivo de un editor responsable debería ser confrontar estos textos tóxicos con la verdad histórica, demostrando las mentiras y tergiversaciones que contienen, a fin de limitar su poder de seducción y de endoctrinamiento. Sólo un equipo pluridisciplinario, compuesto principalmente de historiadores reconocidos especializados en el estudio de los diversos ámbitos que se abordan podría, sin la presión de la urgencia, efectuar tal tarea." El mismo Serge Klarsfeld señaló como algo extremadamente peligroso la fuerza del estilo de Céline, su poder de seducción que hace tan difícil –si no imposible– distinguir "su talento" de "sus delirios".

Según el crítico y escritor Pierre Assouline, miembro notorio de la Academia del premio Goncourt, que iba a firmar el prefacio de la reedición de Gallimard, los historiadores suelen dejar de lado –por desprecio o por incompetencia– el aspecto literario de la obra de Céline. De ahí tal vez la negativa de que fueran ellos los responsables de la edición crítica. Así se expresó acerca del libro de Taguieff y Duraffour al momento de su publicación: "la actitud de estos dos académicos –poco común en la historia literaria– que han consagrado tanto tiempo, esfuerzo y energía para efectuar investigaciones sobre un hombre que les produce repugnancia y sobre una obra que les es indiferente, pertenece a una psicología que se nos escapa por completo". Pero es en especial el hecho de que su ángulo de ataque –más que de estudio– sea moralizador lo que parece preocupar a Assouline que lee en tentativas como la suya una forma de descalificación del conjunto de la obra, al afirmar por ejemplo que Céline no fue sino un arribista que concibió El viaje al fin de la noche (1932) como un mero producto comercial, como una estrategia más para ocultar su antisemitismo: "Aunque el tono y el espíritu de su libro vacile permanentemente entre el análisis riguroso del historiador y los excesos polémicos, han buscado 'desmitologizar' a Céline. Pero ha sido inútil: su obra en su totalidad, panfletos y correspondencia incluidos, seguirá siendo una de las pocas que dominaron el siglo XX literario. Contra esa montaña literaria, este tabique, obra de archivistas, nada puede hacer, pues el juicio a partir del cual pretenden condenar a un escritor reside sólo en la moral, si no en la moralina. De ahí a hacer de todos los lectores de Céline unos rufianes no hay más que un paso. Acusados de complacencia, poco falta para que se les haga pasar incluso por negacionistas." Ya que un análisis que no sepa o se niegue a tomar en cuenta la dimensión literaria de su escritura corre a su vez el riesgo de no aprehender y, así, de no poder explicar su complejidad.

En efecto, nada es sencillo en la obra de Céline, ni siquiera los panfletos, como lo hace notar aún Henri Godard: "Si, a pesar de todo, el lector continúa su lectura será porque espera encontrar aquí y allá algunas páginas del Céline que ha apreciado en sus novelas. Ya que las cosas serían muy simples si los panfletos no ofrecieran más que una logorrea antisemita. En ese desierto existen algunos oasis. Céline nos da lo mejor de su vehemencia satírica cuando evoca, por ejemplo, los resultados concretos de diecinueve años de comunismo; lo mejor de su poder de evocación al decir la poesía de San Petersburgo; nos ofrece su inspiración fantástica más personal en el final de Les Beaux Draps. Aunque de ninguna manera habría que aislar tales páginas de su contexto."

El deber del editor debería consistir más bien en preservar la libertad de los lectores para que decidan por ellos mismos lo que eligen leer o no, proporcionándoles al mismo tiempo las herramientas teóricas que les permitan ampliar la lectura de estos textos que, a pesar de todo, forman parte de la historia, pero ante todo de la literatura. Sin embargo, con la decisión de Antoine Gallimard de "suspender" la publicación de los panfletos, debido a que no se encuentran reunidas "las condiciones metodológicas y memoriales para realizarla con serenidad", como lo informó en su comunicado, se impone una visión del espacio público en la que se excluye toda complejidad. Una victoria más de los que conciben el mundo de las ideas como un mundo sin sombras, en el que sólo puede figurar lo simple. Ya que el problema que plantea la obra de Céline es justamente el de pensarla en su totalidad, el de afrontar e intentar entender las partes que la forman: las grandes novelas que marcaron la escritura del siglo XX y los escritos, ciertamente infames, dominados por el odio antisemita. Habría que leerlo teniendo la posibilidad de admirarlo y de maldecirlo a la vez, sin dejar de lado sus excesos, su locura, que –no hay que olvidarlo– está potencialmente en nosotros mismos.

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