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Lunes , 18.06.2018 / 10:36 Hoy

“Los delincuentes sí tienen madre”: Sara Sefchovich

La escritora hace una arrojada propuesta para paliar la extensión y crueldad de la violencia criminal: acudir a la vía afectiva y el límite moral que imponen las progenitoras a sus hijos delincuentes.

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Vianey Fernández Muciño

Ante el fracaso de toda política pública de seguridad, social o cultural, la historiadora y catedrática de la UNAM, Sara Sefchovich, asegura que la solución a la violencia que atraviesa el país está en el ámbito familiar, en la madre, para ser exactos.

El planteamiento, plasmado en su libro ¡Atrévete! Propuesta hereje contra la violencia en México (Aguilar), no es tan disparatado, pues asegura que hubo un día en que el capo más poderoso fue vulnerable. Un día en que la madre de Amado Carrillo le rogó al presidente Calderón que le entregaran el cuerpo de su hijo. Un día, recuerda Sefchovich, en que quedó demostrado que frente a la muerte, las madres de los delincuentes lloran igual que las de las víctimas…

En un momento en el que impera la indignación, el reclamo, las críticas, pero pocas propuestas, usted plantea que las madres de los delincuentes sean quiénes los encaren…

Hay pocas propuestas, y las que hay son muy difíciles y a largo plazo. Si alguien propone acabar con la corrupción, por supuesto que todos estaremos de acuerdo, pero ¿cómo y cuándo vamos a ver los primeros resultados? El tema es que el problema ahora está encima de nosotros y hay que proponer algo que pudiera armarse de manera más inmediata.

¿Es más fácil que las propias madres de los criminales los detengan y no las autoridades?

No hablo de que ellas sean quienes los denuncien. De nada serviría porque en México no hay ante quien denunciar. Las policías no son instituciones confiables, ni los jueces, y no lo son por la corrupción. El camino entonces es el círculo inmediato del delincuente para ayudarlo, para que deje de ser lo violento y lo delincuente que es ¿Cómo?, que la mamá sea la que hable con él, puede decirle que ya no quiere ser cómplice, que ya no quiere que venga a la casa a descansar y luego regrese a cometer sus fechorías. Poner una distancia entre su grupo afectivo y él, algo que muy probablemente le duela.

Dice que su libro es una herejía contra la violencia, ¿no es más una utopía?

Claro, todas las propuestas son utópicas mientras no se demuestre que se pueden realizar. Hace unos años cuando las madres y los padres de las víctimas comenzaron a hacer público su dolor y su urgencia de justicia, todo mundo se burló de ellos, desde las madres de la Plaza de Mayo, en Argentina, y ve lo que han conseguido. Las salidas que me ofrece el poder de arriba para abajo no las creo, no funcionan; las propuestas que hace la sociedad civil tampoco, los vecinos siempre acaban peleando, las ONG se dividen por cuestión de recursos o poder, a quién puedo apelar si no es a la base de la sociedad, a las relaciones de afecto que existen entre las personas.

¿Pero como pedirle a la madre de un Caballero templario que tome conciencia cuando también disfruta de los lujos que su hijo puede proporcionarle a través de lo que hace?

Una de las herejías que tiene este libro es no considerar a la mamá como la santa, la construcción social que se ha hecho durante varios años ¡No! la madre es una persona con frustraciones, ambiciones, pero cuando a una de esas madres les matan a un hijo entonces las grandes casas o regalos no les sirven de nada, esa es mi única gran esperanza, la única similitud que tienen con las madres de las víctimas, el temor de que sus vástago terminen mal.

La solución está en lo que llama “construir una nueva madre”…

Decimos coloquialmente que los delincuentes no tienen madre, claro que las tienen. En México hay muchas madres, lo que hace falta es una construcción social, es decir, desde tu mismo lugar como cabeza de la familia, tener una incidencia en la vida pública mexicana sin cambiar tu lugar en esta vida, sin necesidad de volverte política, de entrar a un partido. Simplemente desde tu manera de ser, tu relación inmediata con tus hijos, poder decir “no estoy de acuerdo” y poner tus límites morales.

¿Cómo llegó a la conclusión de que la mujer puede ser el motor de un gran cambio social de este talante?

Porque en la historia de muchas partes del mundo, y en este caso en la de México, la madre tiene una gran importancia para el núcleo familiar. Ella es la que conjuga todas las relaciones afectivas, toda la organización del hogar, es el eje. Entonces es quien puede ayudar a resolver el problema, no a desaparecerlo. No soy ingenua, no nos va a quitar la delincuencia o la violencia, pero la grandeza, la extensión, la profundidad de la violencia, el grado de crueldad inenarrable en el que estamos sí, eso a lo que yo llamo frontera moral.

¿Y serviría apelar a la frontera moral de alguien si está posiblemente diluida, sobre todo si suele torturar, violentar?

Constantemente se dice que la frontera social está diluida, el tejido social está roto… yo creo que no es así, tan hay tejido social que las familias siguen apoyando a sus hijos para que sean o no gentes de bien. La frontera moral no está diluida porque el día que un capo se muere, la madre va y le pide a las autoridades que le entreguen el cuerpo para darle cristiana sepultura, entonces cree en los valores que le enseñó su religión. Lo que está diluido son los límites de lo que es posible hacer o no, porque la impunidad ha permitido que sigan creciendo y la madre es quien puede restaurarlos desde el seno familiar.

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