Las lombrices mentales

El escritor israelí Etgar Keret describe el pequeño infierno personal en el que se encuentran él, su mujer y su hijo, por el mero hecho de atreverse a expresar empatía con cuatro niños ...
Etgar Keret.
Etgar Keret. (EFE)

Ciudad de México

Acabo de recibir un correo electrónico del escritor israelí Etgar Keret donde describe el pequeño infierno personal en el que se encuentran él, su mujer y su hijo, por el mero hecho de atreverse a expresar empatía con cuatro niños palestinos muertos. Todo comenzó cuando su esposa, la directora de cine Shira Geffen, pidió un minuto de silencio por los niños palestinos durante la proyección de una de sus películas. De inmediato se crearon páginas de Facebook tituladas “Odio a Shira Geffen”, empezó a ser acusada de desear la muerte de soldados israelíes, y la gente expresaba fantasías de que su hijo fuera arrojado vivo sobre la Franja de Gaza, y que ella fuera enviada a una cámara de gas cuando terminara la guerra.

Posteriormente, Keret escribió un artículo titulado “La otra guerra de Israel”, que acaba de aparecer en The New Yorker (la versión de internet se puede consultar en la siguiente liga: http://www.newyorker.com/books/page-turner/israels-other-war), en donde expone con lucidez y valentía la muy violenta campaña de odio que suscita el más mínimo cuestionamiento de la invasión a Gaza pues, según la visión de los infectados por el nacionalismo fascistoide, todo aquel que exprese la menor duda o pesar por las muertes palestinas es un saboteador que desea la derrota del Estado de Israel. Como respuesta al artículo, se difundió en internet una falsa versión de que Keret y su familia habían huido a Francia, desde donde expresaban su beneplácito por la próxima derrota de ejército israelí y la merecida muerte de todo su pueblo. En las redes sociales la gente anuncia que va de camino a su casa a violar por el ano a Shira Geffen, y le escriben a Keret para decirle que odian sus libros y que si por favor les da su dirección en Francia para enviárselos de regreso.

Estos corolarios personales de la guerra están más íntimamente relacionados con las causas de la misma de lo que pudiera parecer en primera instancia. Así como The Guardian reportó sobre los jóvenes israelíes que pasan la tarde con cervezas y botanas viendo cómo caen las bombas en Gaza y festejando cada vez que la destrucción es visible, todos los políticos, periodistas y ciudadanos cuyas mentes se hallan infestadas por las lombrices del desprecio a la otredad son la verdadera causa de que sea impensable encontrar una solución para el añejo conflicto árabe-israelí pues, en última instancia, sin el sentido que confiere a su existencia el estado mental de guerra perpetua, quizá terminarían por darse cuenta de que fuera de eso no son prácticamente nada más.