¿Cómo lograr la libertad sin abandonar la cárcel?

La organización El Arte de Vivir enseña a los reos ejercicios de meditación que han permitido bajar la violencia en prisiones de 30 países.

México

Sentirse como “aves volando en el cielo” y encontrar la libertad a pesar de estar encerrados en una celda es un logro para los internos del Reclusorio Norte (RN), quienes lo han alcanzado mediante cursos de respiración que los llevan a una meditación profunda. De esa forma la organización civil El Arte de Vivir (EAV) ha disminuído la agresión y la violencia entre los presos de cárceles de máxima seguridad no solo de México sino de 30 países.

Ismael Mastrini es un abogado que desde hace ocho años ha brindado ese tipo de opciones a quienes están en prisión: ha impartido cursos de respiración con el programa Prison Stress Management and Rehabilitation Training (SMART), de la Asociación Internacional por los Valores Humanos y EAV, a 20 mil encarcelados en quienes logró reducir la adicción a las drogas.

El objetivo es proveerles herramientas que elevan su salud mental y emocional, que les permitirá romper los ciclos de violencia. “En las cárceles donde trabajaba había un muerto por semana, e incluso Naciones Unidas envío una medida cautelar en ese lugar (en Argentina). Hicimos un pabellón en donde 32 reclusos hacían sus prácticas todos los días, y desde hace ocho años no hay ningún deceso”, relató el también director de Prison SMART en América Latina.

“Lo que les enseñamos es que, si bien el cuerpo puede estar encerrado, la mente no: si puedes manejarla y ser libre en ella no hay cárcel que valga. Si aprenden ellos a ser felices en ese lugar de encierro, tan complejo y difícil, yo les garantizo que afuera no van a tener más problemas y no va a haber nada que los pueda echar para atrás”, destacó.

La labor no ha sido fácil. “Un político una vez me dijo: ‘A mí no me sirve para nada mostrar presos contentos, la gente los quiere encerrados y, si es posible, muertos’. Es más fácil para ellos decir ‘miren, vamos a hacer cárceles nuevas, mayor seguridad y a mejorar las armas’, todas estas cosas que no sirven (…) Después de tantos años la gente ha cambiado, los hospitales, la educación, pero las cárceles no: siguen siendo una caja cerrada para depositar personas”, dijo el abogado.

En México el curso se ha implementado desde 2011; un ejemplo son las Islas Marías, prisión en la cual se impartió la meditación durante un año a casi 7 mil personas con resultados positivos, como una disminución en los conflictos y actos de violencia.

Por esos resultados este año las ONG buscan ampliar los cursos, pero ya no solo en las penitenciarías sino también en los Consejos Tutelares para Menores, en donde el método se enseña tanto a los directivos y guardias como a los jóvenes. La idea es que cuando éstos abandonen esos centros puedan integrarse a la sociedad, ya corregidas sus actitudes dañinas, de violencia y de adicciones, y con ello reducir el crimen y delincuencia en México.

Mastrini dejó claro no solo los reclusos necesitan liberarse, sino todas las personas: “La mente nos lleva a cualquier lado e incluso nos encierra: hay muchos que no están presos en una cárcel, pero sí en su mente. Lo que enseñamos es a manejar ésta, que se den cuenta de que tienen que ser felices”, destacó.

Nueva ilusión

Uno de los ejemplos de cómo los encarcelados han recuperado y mejorado su vida es Bayron Martínez: “Estuve cuatro años en las Islas Marías y seis en el Reclusorio Norte. Fue una experiencia de 10 años, aunque en realidad tuve una cárcel en mi mente desde mucho (…) La mayor parte de mi juventud consumí mariguana y otras drogas fuertes (…) Me deje llevar por una corriente que durmió mis sentidos y mi capacidad de percibir mi vida, como ahora la conozco.

“Entré al curso de respiración (...) Comencé a oxigenar mi cerebro, a pensar claramente, ya que adormecido por las drogas mi cerebro estaba en el limbo”.

Por su experiencia, considera importante llevar el método a los Tutelares: “Si se lleva a los jóvenes disminuirá la criminalidad. Desde pequeño fui muy rebelde, traté de superarme, pero caí en la cárcel. Son tragedias prevenibles”.

Los presos del RN aseguran que se sienten bien con el curso y con la esperanza de salir adelante.

“Asisto porque me ayuda a controlarme, ya que soy impulsivo (…) Vengo por homicidio en riña y esto me ha ayudado mucho (…) Han despertado una nueva ilusión que hace mucho no sentía: sentirme contento conmigo mismo”, dijo Luis Daniel Castañeda.

Su compañero Carlo Magno Durán señaló: “El programa nos sirve para relajarnos. Gracias a la fundación porque nos ayuda a fortalecer el espíritu y sacar las tentaciones; todo eso lo desechamos y nos relajamos para sentirnos como aves volando”.