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Miércoles , 15.08.2018 / 03:16 Hoy

Llevan ‘El laberinto de la soledad’ a la danza

Con ‘La Chingatta’, Silvia Unzueta reflexiona sobre la figura mítica de la mujer mexicana.

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Hace 68 años Octavio Paz escribió: “¿Quién es la Chingada? Ante todo, es la Madre. No una de carne y hueso, sino una figura mítica. La Chingada es una de las representaciones mexicanas de la Maternidad, como la Llorona la ‘sufrida madre mexicana’ que festejamos el diez de mayo. La Chingada es la madre que ha sufrido, metafórica o realmente, la acción corrosiva e infamante implícita en el verbo que le da nombre”.

Paz inspiró a la coreógrafa y bailarina Silvia Unzueta para crear una pieza que le permitiera analizar y reflexionar en torno a la vigencia de El laberinto de la soledad. Con el título La Chingatta, su obra dancística es parte de las conmemoraciones por los 50 años del movimiento estudiantil de 1968. Se presenta hoy en la sala Miguel Covarrubias del Centro Cultural Universitario a las 18:00.

“Un amigo y colega muy querido, Luis Zermeño, me mostró un texto de Paz que no viene en el libro, y me dieron ganas de incluirlo en alguna pieza porque esa ha sido mi manera de trabajar. Después lo relacioné con el ensayo”.

Según Unzueta, el texto de Paz sigue vigente porque “está muy arraigado en el inconsciente colectivo. Creo que es parte de nuestra historia, y ésta no se puede borrar. Para México, la Conquista fue muy trágica, traumática; algunos la consideran una de las peores tragedias de la historia, y que todavía no acaba de desaparecer. A pesar del tiempo, de la tecnología, de los avances, aún existe esa situación en el carácter del mexicano que, dice Paz, nos identifica como ambigüedad y contradicción”.

La coreografía contiene música mexicana de diversos géneros y épocas: desde cantos tradicionales de la Mixteca Baja hasta temas de El Tri, entre otros.

Unzueta explica que decidió enfocar su pieza en el tema de los hijos de la Malinche, “que es la figura mítica de la mujer mexicana con este nombre tan conocido que usamos los mexicanos para muchas cosas, tanto como buenas como malas: la chingada. Depende de la inflexión de la voz para hacerla terrible o maravillosa”.

La bailarina dice que tiene como hilo conductor el texto de Paz, especie de prosa poética con personajes como un punk, un conquistador como Hernán Cortés y la Malinche. Retoma un fragmento del poeta: “Jadeo, viscoso aleteo. Buceo, voceo, clamoreo por el descampado. Vaya malachanza. Esta vez te vacío la panza, te tuerzo, te retuerzo, te volteo y voltibocabajeo, te rompo el pico, te refriego el hocico, te arranco el pito, te hundo el esternón. Broncabroncabrón. Doña campamocha se come en escamocho el miembro... Jadeo, viscoso aleteo, buceo voceo clamoreo por el descampado, vaya mala chanza, esta vez te vacío la panza”.

Las funciones están a cargo de un grupo de siete bailarines: Grisell Betancourt, Yadira Arroyo, Elisa Rodríguez, Miguel Ángel Díaz, César Pantoja, Rodolfo Aguilera y Eduardo Méndez.

Según la coreógrafa, el ensayo, la obra y el movimiento estudiantil de 1968 se unen en que todos se refieren a nuestra sociedad.

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