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Miércoles , 17.10.2018 / 11:40 Hoy

De la ficción a la trepidante realidad del narco en México

Con la presentación de su libro en Torreón, el periodista y escritor, Luciano Campos, aborda la realidad de las consecuencias de la guerra contra el narco.
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Con su séptimo libro en el mercado a partir de mayo pasado, Luciano Campos Garza llegó a Torreón para presentar El paria mexicano que, curiosamente es la primera publicación en formato de novela que ediciones Proceso le publica a uno de sus reporteros. 

En esta obra, Campos Garza expone la vida del soldado Román, pensando así en darle voz a un militar que tras mantenerse en el combate en contra del crimen, regresa a su vida de civil en un estado mental de deterioro que avanza sin piedad y que lo coloca en un abismo, frente a sí mismo.

“Este libro lo escribí en el Centro de Escritores de Nuevo León en el 2011, durante todo un año. Después de la Guerra del narco que desató Felipe Calderón y toda la confusión que hubo a nivel nacional con este tema, se generó la narcoliteratura. Yo lo pensé y lo escribí antes de que surgiera este fenómeno que definitivamente generó muchos libros oportunistas sobre el tema. Me gusta pensar que no forma parte de esa corriente".

“Lo escribí como una curiosidad por saber lo que podría decir un soldado que regresa después de haber estado en combate, considerando que el Ejército es una de las instituciones más herméticas en el país y me preguntaba cuántos soldados no quisieran contar su historia. Por ahí empezó a germinar la concepción de este libro”. 

Con una gran experiencia reporteril tras abordar temas de inseguridad, gobiernos y el desarrollo de políticas públicas encaminadas a reconstruir los escenarios terroríficos que ha dejado tras su paso la presencia del crimen organizado en Nuevo León y Coahuila, Luciano Campos apuntó que el conocimiento ahora lo expresa a través de la literatura y a manera de ficción construye el perfil de un militar que también es un ser humano.

El Dato.
Estructura de el Paria
“Quise encontrarle una arquitectura, el diseño narrativo con estructura de capítulos nones y pares, donde en los primeros habla el soldado en campaña y en los pares se desarrolla el regreso a casa. Esa estructura o forma de narrar, con saltos hacia adelante y hacia atrás, yo creo que fue lo más complicado, no tanto como redactarla”.

Luciano Campos se enfrentó al reto de fracturar el tiempo y el espacio ya que los personajes se sumergen en un estado mental que se acerca al terror, en tanto que deambulan por el bosque y el hogar, lo que permite que el lector se interese más por la suerte que tendrá Román tanto en sus misiones en contra del narcotráfico, y en el entorno familiar y social, como cualquier civil.

“Desde el principio se sabe que algo le ocurrió aunque no se sabe qué. Definitivamente cuando escribes literatura y eres periodista te alimenta mucho la reporteada y el hecho de estar expuesto a notas, a entrevistas, a recibir boletines, logra alimentarte y de alguna forma va moldeando el estilo y los recursos literarios, lingüísticos que utilizas para escribir una historia de este tipo”.

En cuanto a cómo se delimita la forma del texto para que éste no resulte una apología al crimen, el escritor asegura que esto lo decide el lector pues en su caso lo que decidió fue crear el perfil de una persona humana, contradictoria y que pasara por situaciones que fueran verosímiles.

“No sé si hablo bien o hablo mal de los personajes. Algo que me gusta de los libros terminados es que cuando los dejo sueltos ya agarran vida propia y me gusta mucho que el lector interprete; no sé si hago apología o glorifico a los malandros o a los soldados o si los censuro, me gusta pensar que ese ya es trabajo del lector y es él quien lo decide”. 

En ese sentido, Campos dijo que en momentos un redactor puede narrar y por muy terrible que sea el hecho, esto puede incluso ser superado por lo que verdaderamente ocurre, o incluso por las emociones que se pueden transmitir estando frente al hecho.

“Yo creo que en ocasiones la ficción también puede superar a la realidad, te lo digo porque he tenido retroalimentación del libro y me han dicho que hay algunos capítulos que son francamente espeluznantes, y en ocasiones yo también cuando me acuerdo de lo que escribí se me revuelven las tripas. Yo creo que cada parte tiene sus dosis de verosimilitud, de cuestión fehaciente, de realidad y también de brutalidad”.

Comenta entonces que este ejercicio, el de la escritura creativa está asimilado y bien entendido por su familia. 

No así cuando se trata de escribir bajo las reglas del periodismo y exhibir situaciones que manifiestan en su latencia actos de corrupción o delincuenciales. 

Es entonces cuando la familia se mantiene alerta y quizá proteste puesto que saben que la literatura es ficción y el periodismo sí pone al trabajador en riesgo de muerte en este país.

“Los periodistas por lo general escribimos libros de periodismo, casi no se escribe ficción, somos muy pocos los que ficcionamos, entonces esa parte me gusta porque si bien, escribir un libro sobre política y de periodismo, como fue el que escribí de El Bronco, me gusta también ficcionar, inventar y no sólo escribir de periodismo con reportajes grandes”, concluyó.

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