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Domingo , 24.06.2018 / 01:04 Hoy

Hay literatura fantástica más allá de Harry Potter: Chimal

El escritor presentó en la Biblioteca de México la antología 'La tienda de los sueños', que reúne a 20 autores que en más de un siglo exploraron la literatura de imaginación.

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Ángel Soto

Portador de una voz inaudita en la escena literaria nacional, Alberto Chimal ha convertido su vocación por la imaginación fantástica en el oficio de un recolector. Recientemente, Ediciones SM publicó La tienda de los sueños. Un siglo de cuento fantástico mexicano, una antología que reúne cuentos de autores mexicanos, publicados en los últimos 120 años, cuya materia prima es esa posibilidad infinita de la narrativa que llamamos imaginación fantástica.

El libro recoge cuentos plagados de “personajes inusitados, situaciones extrañas” —cuenta Chimal en entrevista con MILENIO—, que tienen “esta intención de imaginarse lo que no puede ser, lo imposible”.

Chimal —que en 2014 obtuvo el Premio Bellas Artes de Narrativa “Colima” por la antología Manda fuego (2013)— ha delineado su obra a través de narraciones que exploran universos posibles y personajes enigmáticos, una característica que, aunque abunda en la escena literaria, ha permanecido, en cierto modo, oculta.

“Es una corriente que existe desde hace un buen rato y además es muy diversa. A veces también se le considera como una especie de conjunto homogéneo, como si todo fueran imitaciones de Harry Potter. Pero hay muchas formas en las que se ha utilizado la imaginación fantástica en la narrativa mexicana”, considera.

Quizá buena parte de ese fenómeno se deba a que la definición de lo fantástico no es tan diáfana como ocurre con otros géneros. Es común oír hablar de literatura fantástica, pero también de literatura de imaginación. Es una terminología que se ha transformado con los años.

“En el siglo pasado nos habría bastado con literatura fantástica; hubo grandes obras y muchos estudios y difusión de esta literatura. Tenemos grandes clásicos de esa época, como Juan José Arreola, Jorge Luis Borges o Julio Cortázar. Lo que pasa es que a principios de este siglo, el término fue capturado por las grandes empresas editoriales que empezaron a utilizarlo para promover sólo un conjunto de obras en las que sí se utiliza la imaginación fantástica pero de un modo muy específico”, asegura.

Si la mercadotecnia es experta en concebir fórmulas para incrementar los ingresos de las empresas, la literatura emplea el ingenio con exactitud forense. “En México nos inventamos el término literatura de imaginación para indicar que [en esta corriente] se utilizan recursos parecidos, pero el resultado y la intención son distintos a los que generan las grandes corrientes de moda, como Harry Potter y sus imitaciones, Crepúsculo y sus imitaciones, etcétera”, agrega Chimal. No se trata de un fenómeno endémico: “en Inglaterra inventaron el término Wierd fiction (ficción extraña o de lo extraño) para evitar confusiones o prejuicios.”

Esto no significa que estas formas de la expresión literaria estén desacreditadas. Chimal considera que “este tipo de literatura puede servir como entretenimiento y tiene todo el derecho de hacerlo, pero también sirve para reflexionar acerca de la realidad de otro modo”.

Ésa, para Chimal, es la gran aportación de la narrativa de imaginación fantástica, pues sirve “no sólo para imaginarse otros mundos sino para preguntarse cómo entendemos éste”.

—¿Por qué la literatura de imaginación no ha adquirido la misma visibilidad que otros géneros?

Yo creo que hay varias razones, varias de ellas tienen que ver con accidentes históricos. En el siglo pasado, por ejemplo, durante la primera mitad del siglo XX, a causa de la revolución mexicana y de las políticas que vinieron después había mucha atención en cierta porción de la narrativa realista que se refería al asunto de la política. Por otra parte, la verdad es que los regímenes políticos autoritarios —de los cuales hemos tenido bastantes en este país— no les gusta, la literatura en general, pero particularmente la imaginación, porque es una manera de figurarse alternativas a la realidad existente, de preguntarse si las cosas pueden ser distintas. Obviamente va a haber una intención clara de imponer un solo modo de ver las cosas, una sola idea del mundo, por parte del poder político. Y es algo que seguimos viendo hasta el día de hoy. También ocurre que en este país, que por desgracia es tan profundamente clasista, racista y elitista, muchas veces se confunde la narrativa de imaginación fantástica con una narrativa sumamente comercial o populachera. Entonces los estamentos culturales le hacen el feo porque creen que es algo indigno.

A Chimal le interesaba explorar enfoques tan diversos como sugestivos de la literatura de imaginación, y se propuso incluir un número similar de autores y autoras —diez y diez—. “Me interesaba reunir un conjunto de posibilidades de escritura que no está limitado por sexo por prestigio dentro del estamento literario en nuestro país. No quería cumplir con cuotas pero sí me interesaba mostrar esa diversidad en tantos modos como fuera posible”.

—¿A qué se debe el título La tienda de los sueños?

En las primeras páginas hay un epígrafe de un autor que desgraciadamente no se pudo incluir (aunque me hubiera encantado), Emiliano González —un gran autor mexicano de lo fantástico—. Él tiene un libro que para mí es emblemático, se llama Los sueños de la bella durmiente. Es muy importante porque es uno de los pocos libros de imaginación fantástica que ha ganado el Premio Xavier Villaurrutia. Este libro comienza con un cuento en donde se habla de la tienda de curiosidades de un ser misterioso que vende toda clase de objetos mágicos y siniestros. En la antología está el fragmento donde se habla de esa tienda y por supuesto esa es la tienda de los sueños. Quería hablar de la diversidad de lo extraño y de la diversidad que se puede encontrar en el libro.

La tienda de los sueños. Un siglo de cuento fantástico mexicano se presentó ayer en el Foro Polivalente Antonieta Rivas Mercado de la Biblioteca de México, donde no cabía un alfiler. Alberto estuvo acompañado por Iliana Vargas y Edgar Omar Avilés, dos de los autores antologados.

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