“Estaban las listas negras; nos decían comunistas”

Aurelio Guerra Pérez quien en sus 20 años de trabajo en la acerera vivió el movimiento sindicalizado que los llevó a ser vetados de muchas de las empresas de Monterrey.
Laboró 20 años en la acerera.
Laboró 20 años en la acerera. (Gustavo Mendoza Lemus)

Monterrey

Dice el historiador Jesús Ávila que “nacer sano, trabajador y rebelde” eran características de quien literalmente nacía con la Fundidora en las venas.

Y así lo demuestra Aurelio Guerra Pérez quien en sus 20 años de trabajo en la acerera vivió el movimiento sindicalizado que los llevó a ser vetados de muchas de las empresas de Monterrey.

Nacido de padre zacatecano y madre regiomontana, fue uno de los ocho hijos que trabajaron en la Fundidora. En total la familia se conformaba por 12 hijos.

“Donde te tocara, te podía tocar como ayudante de carpintero, como soldador, o andar en las alturas en montaje”, recuerda.

El movimiento sindical en la década de los 30 fue un proceso importante para la clase obrera de la región. En 1935 se empiezan a formar los sindicatos independientes, también llamados “rojos”, no sólo en Fundidora sino también en Peñoles y en la American Smelting Company.

No fue cosa fácil pues en el primer intento de constituir su sindicato los trabajadores eran despedidos sin razón alguna.

“Vino Lázaro Cárdenas en marzo de 1936 y recibió a una comitiva del departamento de aceración en la estación Unión. Le plantearon el problema de los 36 empleados despedidos e inmediatamente ordenó a su responsable de conflictos laborales arreglar el problema”, menciona Aurelio Guerra.

Trabajar en la Fundidora era motivo de orgullo tanto personal como familiar, pues constituía una tradición generacional que habían iniciado los abuelos cuando abrió sus puertas la acerera en 1900.

“No sólo era el trabajador, ningún familiar de segundo, tercero y cuarto grado conseguían trabajo. Estaban las listas negras y te investigaban para ver cómo era tu familia, ¡nos decían comunistas!”, recuerda.