En los límites de la memoria

La narrativa de Glantz tiende a la fragmentación y en esa línea logra buenos resultados.
"Yo también me acuerdo". Margo Glantz. Sexto piso. México, 2014.
"Yo también me acuerdo". Margo Glantz. Sexto piso. México, 2014. (Especial)

México

A manera de una autobiografía, Margo Glantz (Ciudad de México, 1930) publica este volumen compuesto por meditaciones breves, algunas de ellas hilvanadas en algo que podría llamarse obsesiones en voz alta.

Es posible detectar tres líneas que surcan esta cartografía literaria y acaso no son las únicas: escenas de la vida cotidiana y familiar (su padre, sus hermanas, sus hijas, cónyuges, y el cabello de las mujeres, la moda, los zapatos, la música, las mariposas, los perros, los colibríes); fragmentos narrativos (crónicas de viaje, museos de Nueva York y de varias partes del mundo, buenas y malas experiencias al conocer tal o cual sitio); y finalmente las notas biográficas de los autores a los que suele recurrir (Paul Celan, Thomas Mann, Georges Perec, William Faulkner, Josepth Conrad, Herman Melville, Jorge Luis Borges, Juan Rulfo, Mary Shelley y  Salvador Elizondo, entre otros).

Es también un homenaje al libro que en 1978 publicó Georges Perec, Je me souviens (Me acuerdo), que a su vez hace un guiño al artista estadunidense Joe Brainard que escribió I Remember. Perec construyó sus peculiares memorias en las que decidió prescindir de la cronología para acumular casi 500 frases que empiezan con las dos palabras del título: “Me acuerdo…”

En 2010, el narrador peruano Iván Thays realizó un ejercicio similar en una revista literaria. Thays concluye el texto con: “Me acuerdo de la obra de Georges Perec, Je me souviens”, mientras que Glantz postula: “Me acuerdo que a lo mejor este libro puede hacer oficio de obituario”.

“Hay algo más tenaz que la memoria”, escribe Salvador Elizondo en Farabeuf. Y precisamente esa memoria es convocada, razonada, asimilada y vertida como flashazos en las redes sociales a manera de twitts, frases cortas, brevedades, reflexiones, ociosidades, relecturas.

“Me acuerdo que oí decir alguna vez o quizá yo lo escribí en un ensayo: el mundo y el lenguaje se articulan uno sobre el
otro y se saturan dentro del mismo espesor voluptuoso”, refiere la autora.

Conviene recordar que la narrativa de Glantz tiende a la fragmentación y en esa línea logra buenos resultados. No obstante, resulta muy cansado para el lector encontrarse siempre con las palabras “Me acuerdo…” Además de que es todo un reto que los twitts no se conviertan en banalidades, frases sueltas que no siempre encuentran su cauce en casi 400 páginas. Llama la atención que una autora como Margo Glantz decida publicar un volumen experimental y no tan afortunado como otros de sus libros.