12 libros que debiste leer en 2016

En esta lista hay lecturas que detonaron mi entusiasmo por cuestiones técnicas, la historia o su trascendencia en ese mundo que calificamos como literario.
Los amantes de la literatura también tendrán beneficios para alimentar su obsesión por la palabra escrita.
Desde Los muchachos de zinc de Svetlana Alexiévich hasta Pecado de Laura Restrepo, estos son los libros que cobraron mayor relevancia este año. (Especial)

1. Evangelia. David Toscana (Alfaguara).

¿Qué habría pasado si en lugar de tener un hijo varón, María y José hubieran sido padres de una niña, su primogénita? A partir de esta no tan ligera variación de los hechos narrados en el Nuevo Testamento, Toscana reescribe los Evangelios.


2. La guitarra azul. John Banville (Alfaguara).

Las novelas no solo son trama. Al contrario, pese a lo que aparentan muchos novelistas de hoy en día, siguen siendo, sobre todo, lenguaje. Y hay pocos escritores que le rindan tributo mejor que Banville. La guitarra azul no defrauda pese a ser el más digerible de todos sus libros.


3. Cervantes y Compañía. Ignacio Padilla (Tusquets).

Es una compilación de ensayos de diferentes épocas en torno a Cervantes y a Shakespeare. No solo eso. También es un apasionante compendio de anécdotas y un elogio a la palabra.


4. La zona de interés. Martin Amis (Anagrama).

Szmul es un judío encargado de dar la bienvenida a un campo de concentración; de despojar a los cadáveres de sus pertenencias; de examinar sus cavidades. Alguien incapaz de dejarse morir a sabiendas de que ya está vaciado por completo.


5. La noche de los alfileres. Santiago Roncagliolo (Alfaguara).

Si algo le celebro a Roncagliolo es su capacidad de reinventarse. El manejo de cuatro voces narrativas que van dando cuenta de lo ocurrido 30 años atrás consigue no solo atrapar al lector, sino volverlo cómplice de una atrocidad que todos buscan olvidar. Bueno, quizá no todos.


6. Serie Verhoeven. Pierre Lemaitre (Alfaguara).

Para los amantes del género policiaco, esta tetralogía del autor francés. Las capacidades de Camille, su investigador, son lo que menos importa. El grado de sufrimiento que es capaz de soportar lleva a la serie a lugares incómodos.


7. Los muchachos de zinc. Svetlana Alexiévich (Debate).

Comenzar a leer la obra de Alexiévich fue consecuencia del Premio Nobel 2015. Su periodismo narrativo narra un terror que se exacerba cuando se es consciente de que los hechos no provienen de su imaginación sino de una realidad que solo puede repeler.


8. Tan poca vida. Hanya Yanagihara (Lumen).

Son mil páginas, es cierto. Hay demasiado dolor, también. Por momentos podría parecer un melodrama extremo. Sin embargo, la autora consigue que el lector se compenetre con facetas de lo humano que van de la amistad a la autodestrucción.


9. La séptima función del lenguaje. Laurent Binet (Seix Barral).

A este autor le gusta mezclar los planos de la realidad y de la ficción. El pretexto es la muerte de Roland Barthes. Pocas veces se puede mezclar lo detectivesco con lo lingüístico. Hacerlo solo habla del nivel del autor y anticipa un goce muy peculiar.


10. El bar de las grandes esperanzas. J. R. Moehringer (Nefelibata).

Una novela de iniciación como hace tiempo no aparecía. Puede ser leído como un libro ligero o como un artilugio más sofisticado. Eso abona a su calidad.


11. El desapego es una manera de querernos. Selva Almada (Random House).

Si los libros de cuentos suelen ser irregulares, las antologías logran subsanar ese defecto. Tal es el caso de este libro. Selva Almada consigue adentrarnos en un aparente costumbrismo donde la más leve de las crispaciones será la que detone un nuevo mundo.


12. Pecado. Laura Restrepo (Alfaguara).

Un libro inclasificable, bien podría ser una novela o un libro de relatos con vasos comunicantes. La tensión se centra en los límites que los personajes están dispuestos a cruzar.